Recital algo anodino de Bryan Hymel en Peralada

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Bryan Hymel
Bryan Hymel. Foto: J. Castro

El Festival de Peralada llega a su edición número 30 y sigue con su formato habitual y siempre exitoso, ofreciendo algunos recitales, una ópera con figuras internacionales y conciertos de música moderna. Todo ello hace que el público acuda en muy buen número a los jardines del Castillo, que se ha convertido en una cita obligada del verano. La programación echó a andar hace unos días con una Gala llena de figuras, seguida de unos conciertos en la Iglesia del Carmen, el último de los cuales presentó a la conocida mezzo soprano Anita Rachvelishvili.

El recital que ahora nos ocupa no ha sido particularmente exitoso, llamando poderosamente la atención el hecho de que dicho recital estuvo siempre anunciado como del tenor Bryan Hymel hasta que, al llegar a la Iglesia, descubrimos a través del programa que el protagonismo estaría compartido por el mencionado tenor y la soprano griega Irini Kyriakidou, que parece ser es la pareja sentimental del tenor americano. Esto de que los divos/as incluyan en sus programas a sus parejas se ha convertido en algo excesivamente repetido. Bastará recordar los casos de Anna Netrebko y su marido Yusif Eyviazov, o el de Diana Damrau y su marido Nicolas Testé. Evidentemente, uno entiende el interés de los artistas, pero no siempre el de los organizadores que lo aceptan, ya que, generalmente, no suponen ningún atractivo especial para el aficionado. Esta ocasión no ha sido una excepción.

El concierto ha constado de dos partes, habiendo sido la primera de ellas poco afortunada en su elección por parte de los cantantes, además de excesivamente breve.

Bryan Hymel cantó los 4 Hymns for tenor de Ralph Vaughan Williams, que resultaron un tanto anodinos, especialmente por el hecho de cantarlos con partitura, lo que siempre quita buena parte de expresividad al cantante.

Irini Kyriakidou interpretó tres poemas de Les Nuits d’eté de Hector Berlioz en un francés incomprensible, resultando su canto excesivamente monótono.

La segunda parte estaba dedicada a la ópera y consiguió calentar más al auditorio que la primera, aunque no hubiera excesivo entusiasmo.

Bryan Hymel cantó el aria Ah, leve-toi, soleil! de Romeo y Juliette de Gounod y el Addio alla Mamma de la Cavallería Rusticana de Mascagni. En ambas arias mostró su voz atractiva y su canto un tanto monótono. Terminó su intervención solista con el Aria de la Flor de la Carmen de Bizet, bien resuelta.

La soprano cantó de manera poco interesante la Canción a la Luna de la Rusalka de Dvorak, en la que siguió haciendo gala de su monotonía cantando.

Finalmente los dos interpretaron el dúo de Don José y Micaela del primer acto de Carmen, donde no brillaron de manera particular.

Como propinas, Bryan Hymel cantó el aria de Jean de la Herodiade de Massenet, donde mostró algunos sonidos sucios en los graves, terminando el aria manteniendo la nota final durante una eternidad. Finalizó su intervención con el Nessum Dorma de la Turandot, donde no brilló en exceso. En cuanto a Irini Kyriakidou, ofreció como propina O, mio babbino caro, cantado de manera bastante monótona e impersonal

Fueron muy bien acompañados al piano por Julius Drake.

El concierto comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 1 hora y 13 minutos, incluyendo un intermedio. La duración puramente musical fue de 51 minuto, a los que habría que añadir los 11 minuto de la propinas. Es decir, un total de 1 hora y 2 minutos.

La Iglesia del Carmen estaba casi llena y el público se mostró un tanto frío, salvo para conseguir propinas al final del concierto.

José M. Irurzun