Recital del pianista Alejandro Algarra: mucho más que plumas

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Recital del pianista Alejandro Algarra: mucho más que plumas
Recital del pianista Alejandro Algarra

Tras anteriores presencias exitosas en la capital hispalense, el granadino Alejandro Algarra volvía el pasado lunes a la Maestranza sevillana convertido en toda una realidad del panorama pianístico nacional. Para la ocasión, presentó un monográfico dedicado a Chopin en el que contrapuso dos de las vertientes más comprometidas de la obra del compositor polaco, como son sus preludios y polonesas.

El ciclo de los 24 preludios Op 28 representa una de esas pruebas de fuego a las que cualquiera que profundice en el pianismo romántico debe enfrentarse a lo largo de su carrera. Cierto es que resulta muy posible que no fuesen compuestos pensando en su interpretación como ciclo, y Robert Schumann los consideró equivocadamente como poco más que “ruinas y plumas de águila”. Fuese como fuese, lo cierto es que sintetizan con el mayor de los aciertos todo el arte de Chopin, presentando una rutilante variedad de estados anímicos e ideas musicales, que se traducen en una marea de figuraciones pianísticas del todo desbordante. Ello representa un escollo nada desdeñable para la técnica y la concentración del pianista, una hazaña que ha puesto a prueba a los más grandes.

Alejandro Algarra es ya un pianista que se dirige hacia una equilibrada madurez. Pisa el escenario con la seguridad del que se sabe poseedor de dones innatos excepcionales, pero renuncia al exhibicionismo intrascendente para poner su técnica, poderosísima, al servicio de una musicalidad que no anda a la zaga de esos ingentes recursos mecánicos. Su lectura de los preludios consiguió, como es deseable, armonizar y dotar de unidad a toda esta riada de ideas tan opuestas que se alternan en cuestión de minutos. Y es que, si los preludios cambian de carácter con rapidez para llevarnos súbitamente de la más delicada miniatura a la más estruendosa de las tormentas que pudiesen desatarse en el alma de Chopin, también es Algarra capaz de alternar el ataque más potente y la mayor agilidad al teclado con un fraseo de la máxima belleza y una sublime diferenciación de planos sonoros. Algo esto último que resulta verdaderamente importante en música con fórmulas de acompañamiento tan variadas como las de estas breves piezas, estas “ruinas” a las que el tiempo ha puesto en su lugar.

Recital del pianista Alejandro Algarra: mucho más que plumas
Alejandro Algarra

Es fácil, cuando se aborda música que ha sido transitada por tantos grandes artistas, caer en la imitación de alguno de los superhéroes del piano, o dejarse seducir por la cursilada. Esto es especialmente peligroso en preludios como el célebre Nº 15 “Gota de agua”, pero en todos estos abundantes momentos de peligro consiguió Algarra que emanase de sus dedos el sonido de quien ya es capaz de mostrar su personalidad, que no es la de quien cae fácilmente en lo amanerado, cursi o facilón. Este aliento propio lo consiguió con gran ímpetu en los momentos de mayor dificultad técnica, en los que mostró con creces ser poseedor de todos los recursos y ataques, y dominar el toque cantabile. Mención aparte merece la culminación del ciclo con una vigorosa interpretación de ese monumento al piano romántico que es el último preludio, en el que un ostinato muy chopiniano se contrapone a unas velocísimas escalas en las que Alejandro Algarra se sintió como en casa.

El segundo bloque del programa lo compusieron tres de las polonesas más populares del maestro polaco. Ciertamente se trata de música mucho más digerible por el gran público, aunque no por ello pueden desdeñarse los recursos pianísticos que Chopin dispone sobre el teclado en estas obras numeradas con los Op 26 y 40. Y mucho menos, el desafío que supone ese monumento de la historia del piano que es la célebre polonesa “Heróica” op 53, obra ésta que parece pensada para el lucimiento personal de este pianista capaz de ejecutar unas octavas impresionantes, con una mano izquierda que consigue transmutarse en esa caballería polaca que Liszt pedía a sus alumnos al interpretar su sección central. El aliento de un pianista casi olvidado como es György Cziffra, uno de los mayores intérpretes de esta obra, parece guiar una ejecución intachable, que arrancó una cerrada ovación del respetable, correspondida con una última exhibición en forma del célebre Estudio “Revolucionario” Op 10 nº 12, otra de las páginas chopinianas de referencia.

Con Alejandro Algarra estamos ante un pianista que, por sus condiciones y desarrollo actual, podría emprender sin problemas una carrera concertística internacional. Sea así o no, su arte es el de un músico que domina el piano al nivel de los grandes, y consigue imponerse sobre un instrumento que bien podría cornear a su ejecutante. Si en actuaciones anteriores era una gran promesa, es lícito ahora considerarlo un concertista formado llamado a metas muy altas. El éxito del recital, con una sala abarrotada y un público entregado, así lo atestigua, por lo que Juventudes Musicales de Sevilla puede estar orgullosa de haberlo incluido en su programación. Esperamos verle con asiduidad por los escenarios.

Redacción Opera World