Recital de Marcela Roggeri y François Chaplin en Buenos Aires

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Recital de Marcela Roggeri y François Chaplin en Buenos Aires
Recital de Marcela Roggeri y François Chaplin en Buenos Aires. Foto: Enrico Fantoni

El arte de la interpretación a 2 pianos es realmente un arte complejo. Ni hablar de la del piano a 4 manos, en un mismo piano. La presencia de dos pianistas que trabajan sobre el mismo instrumento refleja más claramente las distintas ópticas y técnicas de cada uno, y eso es un arma de doble filo: por un lado puede aportar una gran riqueza en la variedad pero, por otro, hace resaltar más las diferencias de energía, de toque, de criterio, en suma, la comparación queda más expuesta y sin atenuantes.

Marcela Roggeri y François Chaplin encararon este bello programa dedicado a la Francia de la “Belle Époque” con un gran carisma y una simpatía y soltura destacables.

El recital comenzó con la célebre Danza macabra de Camille Saint-Saëns en una versión a 2 pianos que realizó el propio autor. La interpretación de Roggeri y Chaplin no hizo hincapié en el virtuosismo de la pieza sino más en los efectos, los timbres y la expresividad, más notable en Marcela Roggeri.

A continuación pudimos adentrarnos en el particular mundo sonoro de Francis Poulenc con tres piezas: Elegía, El embarque hacia Citerea y Capriccio. Tres pinturas sonoras, tres cuadros de climas realizados con sutileza, con una gran imaginación, con pura vibración cuando fue necesario y con la nostalgia propia de este gran compositor del siglo XX, que es casi un sello en su lenguaje sonoro. Pudimos disfrutar de muy buenas versiones en las manos de Marcela y François; versiones cálidas y atentas a respetar ese clima sonoro del que hablábamos antes.

La obra que siguió, El buey sobre el tejado, de Darius Milhaud, marcó uno de los puntos más altos, a juicio de esta cronista, del recital. No sólo porque es una de las obras centrales del programa que de hecho hasta le dio el título al concierto, sino porque fue aquí donde ambos – en especial Roggeri – se soltaron definitivamente. La obra de Milhaud, que lleva el título de uno de los más de 30 temas populares brasileños con los que el autor francés desplegó su admiración y apasionamiento hacia la música del Brasil que estaba descubriendo a raíz de su viaje diplomático, nos mostró a ambos pianistas conectados con el ritmo, con el disfrute. Indispensable en esta difícil obra que, caso contrario, se convierte en un vacuo despliegue  de sonido y técnica pero sin el calor de su país inspirador.

Una delicada interpretación del magistral Preludio a la siesta de un fauno de Claude Debussy, cerró esta variada primera parte.

Volvimos a la sala con el maestro Debussy y su encantadora Petite suite para piano a 4 manos, conjunto de 4 números de una sutileza armónica, de un colorido que presentan realmente un desafío enorme para los dos pianistas que deben trabajar en el mismo instrumento. Para destacar especialmente lo logrado en el Minuet, por los artistas de esa noche.

Maurice Ravel y su Pavana para una infanta difunta fue la obra con la que continuó este amplio recital y que fue llevada a cabo con detallismo y elegancia.

Dos canciones, Je te veux de Satie y Les chemins de l’amour de Poulenc, con su carga de belleza y extrema nostalgia fueron cálidamente interpretadas. Y finalmente una de las grandes obras para dúo de pianos: La Valse, de Maurice Ravel. Este bello homenaje al vals, danza emblemática del Romanticismo que no sólo puede verse como elemento musical y bailable sino como un verdadero fenómeno social, fue un estupendo cierre para este notable recital “francés” que, con un afecto palpable hacia las obras, sus autores y su época, nos brindaron Marcela Roggeri y François Chaplin para el ciclo Nuova Harmonia en el Teatro Coliseo.

María Laura Del Pozzo