Recordando al género ínfimo: Enseñanza Libre y La Gatita Blanca en La Zarzuela

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Enseñanza Libre y La Gatita Blanca en La Zarzuela
Enseñanza Libre y La Gatita Blanca en La Zarzuela

El Teatro de la Zarzuela ha rescatado dos títulos que tuvieron considerable éxito en la época de su estreno, allá por los comienzos del siglo XX, cuando las circunstancias políticas y sociales en España eran francamente difíciles y el público estaba ávido de espectáculos poco complicados, más o menos picantones, teniendo como objetivo la evasión de la realidad. De las cuatro funciones de Apolo, cada vez menos exigentes en cuanto a calidad, se viene rodando por una pendiente hacia abajo y se llega a la consagración del que muchos han llamado- y casi adopta por fin este nombre- género ínfimo.

En un espacio de cinco años se estrenan las dos zarzuelas que tienen como nexo de unión la participación de Gerónimo Giménez. En el 1901, mes de diciembre, el Eslava es escenario adecuado para el estreno de Enseñanza Libre y es en el año de 1905, también en diciembre, cuando en el escenario del Teatro Cómico de Madrid, tiene lugar el estreno de La Gatita Blanca, con música del propio Giménez junto con el maestro Amadeo Vives. Los libretistas Perrín y Palacios, son los responsables del texto de Enseñanza Libre, mientras que Jackson Veyán y Jacinto Capellafirman el libreto de La Gatita Blanca.

Pero, claro, cuando los actuales responsables del teatro de la calle deJovellanos deciden reponer estas obritas, se encuentran con textos desfasados, con chistes y situaciones más o menos cómicas que podían dar muy buenos resultados a comienzos del siglo XX pero que actualmente no conseguirían arrancar ni una sonrisa indulgente. Las situaciones subidas de color, basadas en un muy dudoso gusto, no eran extrapolables a nuestro tiempo. Algunos conceptos muy machistas y retrógrados entrarían de lleno en el terreno de lo políticamente incorrecto. Por todo ello se hacía imprescindible una revisión, que mantuviera la gracia y el garbo de la música original, incluyendo las letras de los cantábiles, pero cambiando a fondo el contenido de los libretos. Para ello se ha contado con el buen hacer de Enrique Viana, feliz adaptador de textos y estupendo director de escena. Ha conseguido sacar agua de un pozo que estaba prácticamente seco y esto es algo muy meritorio. Con inteligencia y sensibilidad, sin renunciar a muchos de los aspectos que concurrían en los libretos originales, ha sabido fundir en una función las dos iniciales, conservando ese aire de cabaret de comienzos del siglo XX, con su picardía, con su cierta dosis de concesión al erotismo, pero huyendo de la vulgaridad, de la chabacanería y del mal gusto, tan habitual en muchas funciones de aquella época. Viana ha tenido que escribir íntegramente el libreto de Enseñanza Libre, consiguiendo hacerlo actual y entendible para el momento en que vivimos. De La Gatita ha conservado los números musicales, como con Enseñanza Libre, y ha respetado algunas escenas y ha suprimido momentos superfluos, y con ello ha conseguido agilizar las dos obras que se han fundido en una sola y con habilidad, con inteligencia y buen gusto, nos ha retrotraído a una época que fue importante en nuestra historia, y en la que el sufrido pueblo madrileño buscaba la evasión, el olvido aunque fuera momentáneo, de tantos problemas como le asediaban. Ha recreado con habilidad una época, nos ha hecho vivir momentos que ya estaban en la historia. Ha buscado y conseguido el lado más chispeante de las situaciones y para ello ha contado con un buen elenco de artistas que han sabido estar a la altura, que han comprendido el guiño de complicidad que había que tener con el público y gracias a todo ello se ha revivido un estilo y una época, despojándolo de todo alarde de mal gusto.

La música de ambas obritas no figura entre los grandes acontecimientos artísticos de la historia de la zarzuela. Son obras menores, muy menores, muy por debajo del Gíménez de La Tempranica, o del gran Vives de tantos momentos estelares de nuestro más genuino género. Pero la música de ambas obritas es alegre, chispeante, simpática y muy del agrado del público de entonces. Polkas, valses, galop, habaneras. Música que era degustada por el público de entonces y que el de ahora también escucha con no poca complacencia. Música garbosa, alegre, desenfadada, sin grandes pretensiones, pero sin renunciar a una cierta calidad, dentro de un contexto donde predomina lo frívolo que no tiene que ser necesariamente chabacano. 

Enseñanza Libre y La Gatita Blanca en La Zarzuela
Enseñanza Libre y La Gatita Blanca en La Zarzuela

Con estos mimbres se ha montado un espectáculo con una gran dignidad y con no pocos aciertos. Se ha recreado el ambiente de un music hall, de una antigua sala de fiestas, de un cabaret. Y en La Gatita Blanca se ha llegado a la entronización de ese estilo. Excelente dirección escénica, solventando cualquier escollo que pudiera conducir a lo soez. Se ha revestido todo de una pátina de gracia, de simpatía, de mirada hacia un pasado que está ahí y que no podemos ni debemos olvidar. No hay un gran compromiso musical, por supuesto. Pero hay gracia, hay garbo y hay un movimiento escénico muy acertado, muy logrado, contándose además con unos intérpretes que han estado especialmente afortunados. Por ejemplo, Roko que ha estado espléndida, graciosa, simpática, sugerente y sugestiva, uniendo belleza y buen gusto sin caer nunca en ridículos equívocos, haciendo su papel con una gran dignidad, con gracia y con un derroche de simpatía. Lo ha hecho muy bien, con mucho estilo, con elegancia, con una enorme soltura. Y con ella todos los componentes del elenco. De Cristina Faus a la que hemos visto y admirado en obras mucho más importantes y trascendentes, bordando su papel. Y el resto de un amplísimo reparto, apoyados por una orquesta que estuvo bien, en su papel de transmitirnos una música sin grandes complicaciones, sabrosa, plena de garbo… y poco más. Buen montaje escénico, utillizando como escenario el patio de butacas y contando con una puesta en escena francamente original, con guiño muy explícito a unos tiempos y unos gustos que ya pasaron pero que permanecen en la memoria artística y que no está de más volver a escucharlos y verlos de vez en cuando. Buena labor de Manuel Coves, al frente de la orquesta, buenos los efectos de iluminación y graciosa y efectiva la coreografía. María José Suárez, Gurutze Beitia, Ángel Ruiz, José Luis Martínez, Axier Sánchez, Iñaki Maruri, Mitxel Santamarina, todos muy acertados y un amplio elenco, coros, cuerpo de baile, con un buen nivel. El talento, el buen gusto y el sentido de humor actualizado, sobrepasaron la endeblez de unas obras que forman parte de la historia de nuestro teatro lírico.

José Antonio Lacárcel