Reposición triunfal de Semiramide en Munich

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Semiramide en Munich. Foto: W. Hösl
Semiramide en Munich. Foto: W. Hösl

Comienza lo que podemos llamar la recta final del Festival de Munich con esta Semirámide de Rossini, que cuenta con la presencia de Joyce DiDonato en el rol protagonista. El menú completo de la semana no puede ser más espectacular, ya que a Semirámide le seguirá la Lady Macbeth de Mtsenk con Petrenko en el podio y Anja Kampe en el escenario. A continuación La Forza del Destino con Kaufmann y Harteros, que repetirán unos días más tarde en Andrea Chenier. Todavía quedará el retorno de Oberón, ópera poco conocida de Weber, La Favorite con Garanca, Kwiecien y Polenzani, y unos Cuentos de Hoffmann con Damrau y Spyres. No se extrañarán mis amigos si les vuelvo a repetir que hoy por hoy Munich ocupa el cetro de la ópera en el mundo.

Esta producción de Semirámide se estrenó durante el pasado mes de Febrero y tuve ocasión de verla y disfrutar con ella entonces. Ahora repite producción, dirección musical y reparto y nuevamente el triunfo ha acompañado a la representación, que en algunos casos ha resultado incluso más brillante que hace unos meses.

Así pues, se trata de la primera reposición de la producción del americano David Alden, que trae la acción a tiempos modernos en un medio musulmán. La producción sirve bien a la trama y no molesta, lo que no es poco en una producción moderna. La escenografía de Paul Steinberg se basa en una serie de módulos en forma de paredes móviles, cuyos simples movimientos hacen cambiar la ubicación de las escenas con gran facilidad. Con pocos movimientos pasamos del templo al palacio de Semirámide o a las habitaciones de la Reina y, finalmente, a la tumba del asesinado Rey Nino. Las paredes se completan con fotos de la familia de Nino y Semiramide. El vestuario de Buki Shiff resulta atractivo en el caso de Semiramide y del Coro de musulmanes. Hay un buen complemento de proyecciones de videos, cuyo autor es Robert Pflanz. La correcta iluminación corre a cargo de Michael Bauer, como casi siempre en Munich. En conjunto, me parece un buen trabajo de David Alden, aunque creo que podría haber sacado más partido al movimiento de masas. La dirección de actores es siempre adecuada.

Volvía ea estar al frente de la dirección musical el italiano Michele Mariotti, el actual director de la Ópera de Bolonia. Por sus antecedentes no hay duda de que la música de Rossini ha sido una constante en la vida de este todavía joven director y eso siempre se nota. Su dirección ha sido siempre segura y vibrante, llena de vida y resultando incluso más convincente que en el pasado mes de Febrero. Semirámide es una ópera que requiere un director de altos vuelos y Michele Mariotti ha cumplido perfectamente con su cometido, sacando un notable rendimiento de la Bayersiche Staatsorchester. Muy buena también la prestación del Coro de la Bayerische Staatsoper.

La reina Semíramis o Semirámide fue interpretada nuevamente por la mezzo-soprano americana Joyce DiDonato. Ella no es la soprano dramática de agilidad, que requiere el personaje, sino más bien una soprano corta, pero cuenta con una técnica impecable y grandes dosis de expresividad. Lo que no tiene son los agudos – escritos o de tradición – del personaje. Joyce DiDonato cantó con gran gusto, con una voz de calidad, impecable en coloratura y cantando siempre con expresividad, especialmente en la escena del segundo acto que precede a su muerte. Puestos a hacer comparaciones, me atrevo a decir que su prestación me ha resultado incluso más convincente que en Febrero.

Semiramide en Munich. Foto: W. Hösl
Semiramide en Munich. Foto: W. Hösl

Daniela Barcellona volvía a encarnar la parte de Arsace, como lo ha hecho tantas veces en el pasado. Mantiene a la perfección el canto de agilidad, así como su musicalidad, destacando en los preciosos dúos con Semirámide, en los que rayó en la perfección. La he encontrado mejor que el mes pasado en el Tancredi de Valencia y también mejor que en el Arsace de Febrero. Si su voz fuera más bella, estaríamos ante la gran mezzo rossiniana de los últimos 20 años.

Alex Esposito dio vida al malvado Assur y lo hizo de manera notable, aunque menos brillante y más impersonal que un Samuel Ramey hace 20 años o un Ildar Abdrazakov en la actualidad.

 El tenor americano Lawrence Brownlee tuvo su momento de gloria en el aria y cabaletta del segundo acto, que cantó con gusto y sin problemas en las comprometidas notas altas. La voz tiene calidad y se mueve bien en agilidades, si bien su volumen vocal resulta un tanto corto. Por razones que no consigo comprender, volvió a cortarse su aria del primer acto, Ah dov’è il cimento?

Simone Alberghini lo hizo bien en la parte de Oroe, mientras que la soprano alemana Nikola Hillebrand (la única novedad de todo el reparto) cumplió bien en la parte de Azema Galeano Salas mostró su atractiva voz en Mitrane, mientras que el bajo Igor Tsarkov fue la Sombra de Nino, cantando en interno y amplificado.

El teatro volvió a colgar una vez más el cartel de No Hay billetes, aunque había oferta de entradas en el exterior del teatro. Hubo indudables muestras de entusiasmo para los 4 principales protagonistas, especialmente para las dos féminas. Michele Mariotti también fue braveado justamente

La representación comenzó puntualmente esta vez, lo que no deja de ser novedad en Munich, y tuvo una duración de 3 horas y 54 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 3 horas y 20 minutos, unos dos minutos más rápida que en Febrero. Once minutos de aplausos.

La localidad más cara costaba 163 euros, habiendo butacas de platea desde 91 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 39 euros.

Fotos: W. Hösl

José M. Irurzun