Requiem de Verdi en San Sebastián: un buen concierto con un prometedor director

Requiem de Verdi en San Sebastián. Foto: I. Ibáñez
Requiem de Verdi en San Sebastián. Foto: I. Ibáñez

Termina prácticamente la programación de la Quincena Musical Donostiarra este año con este Requiem de Giuseppe Verdi, que se ha saldado con un buen éxito. A mi parecer este concierto ha tenido que lidiar con el hándicap de su comparación con el reciente paso de la misma composición por el escenario del Kursaal. No han pasado sino 3 años de aquella última vez y entonces se contó con un excepcional director en la persona de Yannick Nezet-Seguin, el actual director musical del Metropolitan de Nueva York.

No son pocos los que consideran esta composición como la ópera 29 de las compuestas por Giusepe Verdi y no les falta razón. De lo que no cabe duda es que estamos ante el Requiem más operístico jamás compuesto. Pocas óperas han podido ofrecer una obertura más emocionante que el requiem propiamente dicho de esta misa. Tampoco es fácil encontrar una explosión de las fuerzas de la naturaleza semejante a la que Verdi nos ofrece su Dies Irae. Pocas arias de ópera son comparables al Ingemisco. Bueno será recordar que el maravilloso terceto del Lacrymosa se puede escuchar en el Don Carlo, en la muerte de Posa. Finalmente, pocas arias hay en la ópera tan emocionantes y recogidas como el Libera me, Domine que canta la soprano. Algunos dirán que la Fuga final no es operística y no les falta razón, pero bueno será recordar que también Falstaff termina con una Fuga.

Tenía el valenciano Gustavo Gimeno la difícil tarea de dirigir este Requiem tras la brillante ejecución que nos ofreciera en la Quincena de 2014 el canadiense Yannick Nézet-Seguin. A mi parecer su dirección ha sido convincente, aunque haya tenido algunos altibajos. Me parecíó una dirección brillante en los momento más dramáticos, en lo que ofreció una gran energía y control de todas las fuerzas a su cargo, mientras que eché en falta algo más de recogimiento y emoción en los pasajes más líricos. Es la segunda vez que he tenido ocasión de verle dirigir y me ha parecido un director muy prometedor con quien se puede contar para el futuro. A sus órdenes estuvo la Orchestre Philharmonique du Luxembourg, de la que Gustavo Gimeno es director titular, y que ofreció una buena prestación. Completaba las fuerzas musicales el Orfeón Donostiarra, siempre brillante en todas sus actuaciones.

El cuarteto solista ofreció más calidad en las mujeres que en los hombres, cumpliendo bien en su conjunto.

La parte de soprano fue cubierta por la uruguaya María José Siri, que ofreció una vez más su voz atractiva y muy adecuada para las partituras verdianas. Su actuación fue convincente, aunque eché en falta que no apianara más en el Liberame domine.

Requiem de Verdi en San Sebastián. Foto: I. Ibáñez
Requiem de Verdi en San Sebastián. Foto: I. Ibáñez

Buena también la prestación de la mezzo-soprano Daniela Barcellona, con voz amplia y adecuada, cantando con gusto y emoción. Se encuentra en un buen momento y, aunque haya pasado casi desapercibido el hecho, fue ella quien acompañó a Anna Netrebko en las últimas representaciones de Aida en Salzburgo hace uno días y bajo la dirección de Riccardo Muti.

El tenor italiano Antonio Poli me resultó poco convincente. Para mi gusto la partitura requiere un tenor lírico pleno y él no pasa de ser un tenor ligero, que cuenta con un centro atractivo con el inconveniente de que en los agudos su voz se estrecha de manera notable, quedando claramente corto por abajo.

Más bien modesta me pareció la aportación del bajo italiano Riccardo Zanellato.

El Kursaal había agotado sus localidades. El público dedicó una muy cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para el Orfeón Donostiarra, que jugaba en casa. No hubo saludos individuales.

El concierto comenzó con nada menos que 10 minutos de retraso y tuvo una duración total de 1 hora y 19 minutos, es decir una versión 6 minutos más rápida que la ya mencionada de Nezet-Seguin en 2014. Nueve minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 72 euros, costando la más barata con visibilidad 37 euros.

José M. Irurzun