Rigoleto. Verdi. Sevilla

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Teatro Maestranza de Sevilla. 25Junio 2013.

Termina la temporada de ópera de Sevilla con un título de los más populares del repertorio y con un doble aliciente. Se ha programado un doble reparto, contándose con la presencia de Leo Nucci en uno de ellos, mientras que el reparto alternativo ofrece el atractivo de presentar tres cantantes andaluces en los principales protagonistas de la ópera y que es el reparto de la representación que nos ocupa.. A juzgar por la venta de entradas, parece que mayor éxito de taquilla ha venido de la mano de los artistas locales. No deja de ser curioso.

La producción no es otra que la muy conocida de Stefano Vizioli procedente del Teatro Regio de Parma, donde tuve ocasión de verla en el año 2008. Entonces se anunciaba como nueva producción. En realidad se trata de una adaptación de un espectáculo muy anterior. Muchos de mis lectores la conocen, ya que habrán tenido la oportunidad de verla en Video o DVD. Si no me equivoco, el mismo Alfredo Kraus cantó Il Duca di Mantova en esta misma producción.

Lo que caracteriza a este espectáculo escénico es sin duda la escenografía y vestuario del desaparecido Pierluigi Samaritani. Producción de grandes y bellos decorados, digna de poderse poner en el Metropolitan de Nueva York. Dentro de su grandiosidad, estamos ante una producción a la que se le notan los años y que rezuma tradicionalismo por todas partes. Vamos, una producción que sería impensable en Alemania. Un primer acto en el que se remarca la corte licenciosa del Duca, con presencia de jóvenes entretenidas y ligeras de ropa, entre las que se encuentra la hija de Monterone. La casa de Rigoletto ofrece una habitación sin mayores pretensiones, volviendo en el acto III al palacio del Duque, en el que destacan unos muros neoclásicos, para terminar con un último acto en dos niveles, que recuerda muchísimo a lo que ofrecía Otto Schenk en la muy conocida producción del Metropolitan. En resumen, una producción en la más pura tradición, que se ve con gusto, y en la que destaca la mano de Samaritani. Vizioli hace una dirección de escena adecuada.

La dirección musical estuvo encomendada al titular del teatro, Pedro Halffter, cuyas incursiones verdianas son más bien escasas. Apenas le recuerdo otra dirección de una ópera de Verdi aparte del Don Carlo de hace un par de años. Su lectura no ha sido excepcional, sino que se ha movido en caminos de corrección. Su dirección me ha parecido en muchos momentos más delicada que dramática, lo que hacía que en algunos momentos resultara un tanto plana, con tendencia a ralentizar los tiempos en más de una ocasión. Ha cuidado bien a los cantantes y el resultado global es positivo. Lo que parece más censurable en su lectura ha sido el hecho de cortar las repeticiones de las cabalettas, además de tirar por caminos trillados en la versión del dúo del Duca y Gilda. Buena la prestación de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, así como la del Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza.

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Rigoletto era el barítono onubense Juan Jesús Rodríguez, que repitió su buena actuación de hace unos meses en Valencia, ofreciendo lo mejor vocalmente de la velada. Rodríguez es, sin duda, el barítono verdiano más importante de España – incluyendo hoy a Carlos Álvarez y Plácido Domingo – y volvió a demostrar su perfecta adecuación vocal al personaje del jorobado verdiano. Lo que aporta en términos vocales no se corresponde con la emoción que transmite, ya que su interpretación es bastante monocorde y superficial, primando los decibelios por encima de los matices.

En cualquier caso, siempre se agradece escuchar una voz como la de él en este personaje.

Mariola Cantarero nos ofreció una delicada interpretación de Gilda. Esta soprano tiene una voz que no gusta por igual a todo el mundo, pero hay que reconocerle una capacidad técnica más que notable. En esta ocasión su interpretación vocal ha sido mejor de lo que podía esperarse tras las últimas actuaciones recientes que le recuerdo. Lleva el personaje al terreno donde ella está más cómoda, ofreciendo atractivas medias voces y preciosos piani, que es donde ella se mueve con mayor facilidad. No es una Gilda de carne y hueso, sino un tanto artificial, pero creo que es lo más inteligente por su parte. Cuando ella se lanza a efectos dramáticos, como en la Vendetta o la segunda parte del dúo con Il Duca, el descontrol de sus agudos es evidente.

La actuación de Ismael Jordi me resultó un tanto decepcionante como Duca di Mantova. Su voz es excesivamente ligera para el personaje, quedando vocalmente corto de brillo en los momentos más esperados de su actuación. Canta con un gusto indudable, siendo lo mejor el aria Parmi veder le lagrime. mientras que tanto en la cabaletta como en la Donna é Mobile queda corto de brillo y de lo que podríamos llamar insolencia, tan consustancial al personaje. Me temo que en el Euskalduna las cosas no van a ser mejores. Prácticamente en su tierra, no pasó de unos tibios aplausos en el momento más esperado de su actuación.

Perfectamente adecuado a la parte de Sparafucile el bajo ruso Dmitry Ulyanov, voz sonora, oscura y amenazante, unida a una destacable dicción. María José Montiel estuvo bien en el personaje de Maddalena.

Los personajes secundarios fueron cubiertos de manera irrgular. Correcta, Ana Otxoa en la parte de Giovanna, un tanto apretado Miguel Ángel Arias como Monterone, mientras que Manuel de Diego fue un buen Borsa. Cumplidores tanto Fernando Latorre en Marullo como Damián del Castillo en Conde Ceprano.

El teatro estaba prácticamente lleno. El público se mostró muy cálido con los artistas. A escena abierta las mayores ovaciones fueron para Caro Nome y Cortigiani. En los saludos finales el triunfo fue para Juan Jesús Rodríguez y Mariola Cantarero.

La representación comenzó con 6 minutos de retraso y tuvo una duración total de 2 horas y 50 minutos, incluyendo 2 intermedios. La duración musical fue 2 horas y 2 minutos. Los aplausos finales duraron 7 minutos.

El precio de la localidad más cara era 105 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 65 y 90 euros. La localidad más barata costaba 43 euros.

José M. Irurzun