Rossini y Brahms por la Orquesta y Coro de RTVE, cuestión de balances

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Rossini y Brahms por la Orquesta y Coro de RTVE, cuestión de balances
Rossini y Brahms por la Orquesta y Coro de RTVE, cuestión de balances

La Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE dirigidos por su titular Miguel Ángel Gómez Martínez recalaron en la 56ª Semana de Música Religiosa de Cuenca el Jueves y Viernes Santo con dos conciertos en el Teatro Auditorio en los que ofrecieron dos obras religiosas sinfónico-corales del siglo XIX que ya habían interpretado recientemente en su temporada del Teatro Monumental de Madrid, de un lado el Stabat Mater de Rossini y de otro el Réquiem alemán de Brahms. Antes de comenzar la interpretación de este último, el alcalde de Cuenca, Ángel Mariscal, entregó a la Orquesta y Coro de RTVE el premio honorífico de la SMR por su difusión de la música sacra, al director de Comunicación y Relaciones Institucionales de RTVE, Manuel Ventero, y a la directora gerente de ambas agrupaciones, Micaela Vergara.

Se asistió a dos propuestas antagónicas de dos obras disímiles en carácter, expresión musical y medios empleados, y de las cuales mostró Gómez Martínez su perfecto conocimiento al dirigir una vez más sin partitura. En el Réquiem alemán de Brahms, obra estrictamente de exigencia y preponderancia coral, se impuso en gran medida sobre la orquesta la compacta cobertura del Coro de RTVE, en comunión natural con las voces del Coro de la Comunidad de Madrid, con las secciones de sopranos y tenores atacando con poderosa proyección y potencia vocal los ascensos más comprometidos de toda la exigente partitura. La lectura, de trazo largo, fue serena, contenida y no exenta de tensión y pulso dramático (sobre todo en los números 3 y 6, los de barítono y coro), dotada en general de tempos amplios y ampulosos, y revestida suficientemente de la requerida densidad orquestal, aunque en ocasiones muy escasamente equilibrada entre la abrumadora presencia de la masa coral y la discreción orquestal. Para mensurar balances, se optó acertadamente por que el coro cantase sentado el número 5 junto a la soprano Ruth Iniesta (que sustituyó a la inicialmente prevista Isabel Monar), cuya voz se reveló al principio destemplada y no especialmente cómoda con la bellísima parte, mientras que el barítono José Antonio López acusó en sus dos números tendencia a abrir los sonidos y a forzar excesivamente la voz.

Por su parte, en el Stabat Mater rossiniano el maestro granadino demandó de la orquesta un protagonismo muy por encima del estricto acompañamiento. Por su misma tendencia a resaltar el componente dramático y hasta trágico de la cantata, se anuló en cierta medida el componente más camerístico de ciertos pasajes, llegando a exceder en algunos casos el volumen de la masa orquestal sobre el canto, como en el apocalíptico “Inflammatus et accensus”. Si a ello se añade la ligereza en la elección de tempos, que dificultaban la cómoda dosificación de la línea melódica en números como el dúo de soprano y mezzo “Qui est homo” o el cuarteto “Sancta Mater istud agas”, la impresión general causada era de cierto apresuramiento que reducía el carácter contemplativo del drama de la Dolorosa.

Dejando aparte el magnífico trabajo alcanzado por el Coro de RTVE, liderado por Javier Corcuera, que se materializa en musicalidad, adecuación al estilo y cuidada dicción vocal, los solistas en Rossini se definieron por irregulares aportaciones. La mezzosoprano Clara Mouriz, con un convincente registro grave; el bajo Simone Alberghini (sustituyendo al anunciado Andrea Concetti), correcto aunque ayuno en graves y expresión; la gran facilidad para el registro superior y la amplia proyección por encima del caudal orquestal en el “Inflammatus”, aunque con una exagerada tendencia al grito de corte verista, de la soprano Marjukka Tepponen; y el grato timbre lírico del tenor Mario Zeffiri, que exhibió un sólido agudo en el final del célebre aria “Cujus animan gementem”.

Germán García Tomás