Rusalka en el Teatro Colón de Buenos Aires

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Rusalka en el Teatro Colón de Buenos Aires
Rusalka en el Teatro Colón de Buenos Aires

La obra maestra de Dvorak llegó al Colón a 116 años de su estreno mundial.

Desde hace unos años a esta parte, alrededor del mundo, se ha vuelto la mirada hacia esta bella obra, con visos cuento fantástico, de leyenda, con sus náyades, su bruja y su infaltable príncipe.

Pareciera que lo naif de un argumento, que fue durante mucho tiempo razón para mantenerla en el archivo, es hoy – en el duro mundo que nos toca vivir – razón suficiente como para redescubrirla y disfrutar de su simpleza cargada, sin embargo, de símbolos y resonancias que cada cual irá asignando conforme se desarrollen los actos.

Buena decisión la del Teatro Colón de Buenos Aires, que la programó para esta temporada y más aún, que dedicó una función extraordinaria a un elenco local que se midió con el desafío de enfrentar una obra poco frecuente, en checo, y pudo salir airoso de la inevitable comparación con otro elenco, demostrando a qué altura llegan nuestros artistas cuando se confía en ellos.

La puesta de Enrique Singer resultó una adaptación de la realizada para el Palacio de las Bellas Artes azteca, un teatro cuyo escenario es mucho más pequeño que el del Colón, por lo que la escena quedó en medio de un marco negro. Lo que para un escenario pequeño puede resultar un hallazgo puede verse como escaso o limitante en un espacio como el disponible en el teatro porteño. Por otra parte la escena se presentó alejada más de tres metros del proscenio y elevada del nivel natural del piso de escenario, con el consiguiente esfuerzo demandado a los cantantes ante tal alejamiento de la orquesta.

La puesta respetó el carácter de cuento fantástico del argumento y, si bien en líneas generales resultó grata, pueden hacérsele algunos reparos a saber: la sobre utilización de los mismos recursos escénicos a lo largo de una obra larga suele restarle efectividad al perder el efecto novedoso causado la primera vez que se los ve; la escasa profundización en el carácter de los personajes, que aparecieron demasiado unidimensionales y un tanto estáticos, apelando a ciertos clichés para determinadas expresiones; la confusión entre ninfas del bosque (terrestres) y ninfa del agua (Rusalka) dejó fuera de sentido algunos pasajes del texto y perdió variedad en la acción; La escasa diferenciación de la actitud de Rusalka en su aspecto y desempeño acuático y su humanización durante el II° Acto, le quitó profundidad al personaje. Los diseños de vestuario no siempre fueron los más felices para los intérpretes.

Rusalka en el Teatro Colón de Buenos Aires
Rusalka en el Teatro Colón de Buenos Aires

Pero hablemos de ellos, de los intérpretes:

Daniela Tabernig, que había estrenado este rol para la Argentina hace algunos años atrás en la temporada de Buenos Aires Lírica, volvió a mostrar su dominio del personaje al que sirvió con una voz exquisita, de bellísimo timbre, buen caudal, sutiles pianísimos y expresivo fraseo. Fue una Rusalka para no olvidar que con una marcación más precisa en lo escénico logrará volverse de antología. Su versión de la célebre Canción a la Luna, aún resuena en nuestro corazón ¡BRAVA!

El Príncipe no halló en Fernando Chalabe su intérprete ideal que, aunque lo sirvió con convicción y una voz de considerable volumen, un persistente vibrato afea en su línea y timbre.

Mariano Gladic tiene una bella voz, pero de un timbre y un color más claros que los que esperamos en el rol de Vodník. Trabajó con entrega el rol pero desearíamos poder aplaudirlo en papeles más acordes a sus méritos que son muchos.

El rol de Jezibaba encontró en María Luján Mirabelli una intérprete de campanillas. Rica en lo vocal, cantó con entrega, lució bellos armónicos y un registro amplio que llega con soltura a los extremos. Convenció en lo escénico transmitiendo lo cínico de su papel. ¡Buen trabajo!

Muy destacable resultó la actuación de Franco Cadelago como el acompañante de Jezibaba, quién desarrolló unos interesantes movimientos coreográficos en cada presentación de la bruja.

Sabrina Cirera fue una muy buena Princesa Extranjera, sirviendo al rol con buena voz, de aristas aceradas para marcar lo duro y cruel de su papel; que corre con soltura y no le teme a los desafíos. Lamentamos que su vestuario no fuera el diseño más feliz y esperamos seguir aplaudiéndola ya que se perfila como una intérprete de esas que no decepcionan.

Muy buena la prestación de Laura Pisani, María Belén Rivarola y María Luisa Merino Ronda, como las Ninfas del Bosque (en esta versión, también acuáticas). Dúctiles, graciosas, de bella estampa, buena voz, precisas en los ensambles (que son muchos para estas Ninfas) y muy gratas en los pasajes solos.

Muy bien, también, Norberto Marcos y Rocío Arbizu como el Guardabosque (mayordomo en esta versión) y el niño de la cocina. Cantaron con soltura, buen caudal y grata línea. En escena se movieron con convicción y gracia.

Otro tanto puede decirse de Fermín Prieto que interpretó muy bien la canción del Cazador.

El Mtro. Julián Kuerti dirigió estupendamente a la Orquesta Estable que respondió en una de sus mejores prestaciones de la temporada. Detalle, matices, estilo, todo conjugado en una batuta que esperamos volver a disfrutar.

En síntesis, una noche para recordar, por la belleza de la música de Dvorak, y por el talento de nuestros artistas que vuelan alto cuando se apuesta por ellos.

Prof. Christian Lauria