Salomé. Strauss. Mérida

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ENSAYO GENERAL ÓPERA  

Cómo hacer desaparecer un teatro de dos mil años

El sexagésimo Festival de Teatro Clásico de Mérida (España), que dirige José Luis Cimarro, incluye en su programación cuatro funciones de Salomé (2,4, 5  6 de julio), ópera en un acto basada en la obra teatral homónima de Oscar Wilde, con música de Richard Strauss, al que el festival celebra en su 150º Aniversario.

La propuesta pone sobre el escenario del imponente teatro romano de Mérida un elenco internacional de cantantes, acompañados por 82 músicos de la Orquesta de Extremadura bajo la batuta de Álvaro Albiach.

La dirección escénica corre a cargo de Paco Azorín. En conjunto, se trata de una versión que, curiosamente, huye de una visión historicista, pese a representarse en un teatro construido en el s.I a.C. Tres coches de época flanquean el escenario, inamovibles durante toda la obra, como recordándonos que debemos olvidarnos de la Salomé desértica y oriental que quiso Strauss. Además, Azorín propone como recurso dramático una enorme luna llena que pende de una grúa, cuya pluma sobresale por encima de los milenarios capiteles romanos; una pantalla que estorba y empalaga. Resulta afectada y agresiva en este entorno, más aun cuando al espectador le basta con alzar la mirada para observar la verdadera luna sobre Mérida. El escenógrafo se empeña, pues, en que nos olvidemos de dónde estamos, pero es imposible. Es desalentador comprobar la cantidad de recursos empleados sin sentido con el fin de parecer singular o moderno. Piensen lo que pagarían muchos directores de escena por tener el frente de escenario del teatro Romano, pues bien, Azorín tan sólo emplea, y de la manera descrita, el cuerpo central, obviando los laterales en un error incomprensible.

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En cuanto a los personajes de la obra, en general, estuvieron convenientemente servidos, aunque se apreció gran diferencia entre los dos repartos. Si el encabezado por Ángeles Blancas (Salomé) ponía más el acento en la dramaturgia, el que lideró Gun-Brit Barkmin fue más vocal y sobrio en las formas. La soprano alemana cantó una Salomé muy creíble por su entrega y la exuberancia de su arsenal de agudos y la expresividad de sus recitativos. Barkmin primó la calidad vocal sobre la interpretación, hasta el punto de parecer ajena a todo lo que acontecía. De esta manera, cobró sentido el hecho de que no fuera ella la que bailara la sensual danza de los Siete Velos, sino la bailarina Arantxa Sagardoy, que interpretó la coreografía de Víctor Ullate. El que no pisó el escenario fue el barítono José Antonio López (Juan el Bautista), que interpretó al profeta desde el foso. Lo hizo con especial cuidado en la dicción y dejando momentos de gran belleza, aunque acusó ciertos problemas para mantener la pureza de la emisión en los agudos. Sobre las tablas, el actor-bailarín Carlos Martos ofreció un gran espectáculo de saltos y piruetas, en una intervención que más tenía que ver con Tarzán de los monos que con un prisionero hebreo. Parece que Azorín no entiende que, en la ópera, la voz forma parte importante de la escena, de manera que el cantante no sólo es sonido, sino también sujeto escénico y centro de la acción dramática. Por ello, resultó más creíble López en el foso (¿cisterna?) que Martos en el escenario porque, entre voltereta y voltereta, apenas tenía tiempo para ofrecer al mundo la noticia del advenimiento del Salvador. Ningunear así a un personaje clave de la obra es, sin duda, otro de los fallos de esta versión. Se acertó, no obstante, en el tratamiento de los judíos, que pusieron una deliciosa nota cómica en el espectáculo, que no molestaba en absoluto.

Destacó asimismo el tenor austriaco Thomas Moser en el papel del rey Herodes. Tan convincente resultó, que hasta se escuchó entre el público el llanto de un niño tan pronto como entró en escena. Le tiene tomada la medida al papel, que ya ha interpretado en el Covent Garden, la Ópera de París y la Staatsoper de Viena. Strauss pide una expresividad máxima al personaje, que debe ser extremadamente humano, sobretodo en el peor sentido, como contraparte a los dipolos Salomé y Juan el Bautista. Su trabajo no fue suficientemente premiado por el público de Mérida, pero fue clave en la coherencia musical del conjunto. A ello contribuyó también la mezzo Ana Ibarra, una Herodías irreprochable, que sabe sugerir como pocas gracias a un timbre complejo que se adapta a la perfección a la depravada reina hebrea.

En cuanto a los comprimarios cabe destacar la presencia de Mireia Pinto, mezzo de bella voz y digna de roles más importantes. José Manuel Montero con buena proyección. El resto actuó y canto adecuadamente.

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Lo más sorprendente de esta Salomé emeritense fue el gran trabajo de la Orquesta de Extremadura que, a cargo de Álvaro Albiach, se ha enfrentado a la monumental obra de Strauss con el recurso incontestable del trabajo riguroso. El resultado, una versión que destaca por su equilibrio y su expresividad. Los matices, tan importantes en esta partitura, aparecen con nitidez, y enriquecen una interpretación que pudo satisfacer a los oídos más exigentes.

Cuando Herodes pedía temblando que la luna y las estrellas se ocultaran, al final de la obra, las nubes comenzaban a cubrir el cielo de Mérida sobre el Teatro Romano. Parecía como si la naturaleza y la historia quisieran suplir con sus fuerzas secretas y eternas, la falta de experiencia del director de escena.

Carlos Javier López Sánchez

@CarlosJavierLS

Teatro Romano de Mérida, Orquesta de Extremadura dirigida por Álvaro Albiach. Escena de Paco Azorín, coreografía de Víctor Ullate, vestuario a cargo de Juan Sebastián Domínguez.

Gun-Brit Barkmin (Salomé)

José Antonio López (Juan el Bautista)

Thomas Moser (Herodes)

Ana Ibarra (Herodías)

José Manuel Montero (Narraboth)

Mireia Pintó (Paje)

Arantxa Sagardoy (bailarina)

Carlos Martos (actor-bailarín)

Jorge Rodríguez Norton (primer judío)

 José Canales (segundo judío)

 Lars Jorge Wiesener (tercer judío)

Ángel Rodríguez (cuarto judío)

 Mikel Zabala (quinto judío)

Elías Benito-Arranz (primer nazareno)

Alejandro González del Cerro (segundo nazareno)

Xavier Mendoza (primer soldado)

David Lagares (segundo soldado)

Ángel Jiménez (capadocio)

Eva Alén (esclavo)