Salomé en una boutique de alto standing

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Salomé en Berlín. Foto: M. Rittershaus
Salomé en Berlín. Foto: M. Rittershaus

Termina mi breve estancia en Berlín y paso de una producción sin sentido a otra del mismo cariz, aunque ésta ya tiene un par de años y no me ha sorprendido, porque ya la conocía.

La producción escénica se debe a Claus Guth y fue estrenada en Enero de 2016, habiendo sido recibida por un auténtico concierto de abucheos por los espectadores. Cuando se trata de un trabajo de Claus Guth, uno ya sabe que va a ver algo original y rompedor, pero en esta Salomé se le ha ido la mano. De hecho, bueno será decir que ahora se anuncia diciendo en la misma entrada que se trata de una versión escénica adaptada.

La acción se trae a tiempos modernos, donde Herodes y Herodías son los dueños de una tienda de ropas de hombre de alto standing, mientras que Salomé trabaja en la tienda de su madre y su padrastro. Ya comprenderán que a partir de esto, cualquiera puede preguntarse qué hace ahí el Bautista, los soldados, el jefe de la guardia y todos los demás personajes. Evidentemente, no hay manera de meterlos ni con calzador, por lo que, como pasa tantas veces, hay que recurrir a la socorrida idea de que se trata de un sueño de la protagonista, rememorando experiencias de abusos por parte de su padrastro y obsesiones personales. Ya se sabe que los sueños no responden a ningún concepto lógico y así hay que aceptarlo en este caso. Para complicar más las cosas Jochanaan, tras su aparición ante Salomé en la primera parte de la ópera, reaparece posteriormente por la tienda y también él asiste a la supuesta danza de los 7 velos, que no es tal, sino en todo caso la danza de las 7 Salomés, ya que hay una presencia casi continua de unas cuantas niñas y adolescentes, que no son sino Salomés pasadas. Los personajes secundarios (Narraboth, el Paje y los Soldados,) son maniquíes de la tienda, con movimientos de autómatas. La cabeza de Jochanaan no es sino la de un maniquí y así se desarrolla la escena final, que no acaba con la muerte de Salomé, que ciertamente poco sentido tendría en este caso.

Si la producción chirría por todos los lados, hay que decir que resulta atractiva a la vista, con una escenografía de Muriel Gerstner, que también se encarga del vestuario. La tienda de ropas no puede ser más atractiva, ofrecida en dos niveles unidos por una escalera. Cuenta también con una brillante iluminación por parte de Olaf Freese. Lo que destaca por encima de todo es el impresionante trabajo de dirección de escena por parte de Claus Guth. Por absurda que pueda parecer la concepción escénica, la dirección de actores es espectacular.

Salomé en Berlín. Foto: M. Rittershaus
Salomé en Berlín. Foto: M. Rittershaus

La dirección musical ha estado encomendada al americano Evan Rogister, cuya presencia suele ser bastante habitual en este teatro. Su dirección ha sido buena, con buenas dosis de energía (a veces demasiada) y ha llevado la obra con buen ritmo, sacando un excelente partido a la Orquesta de la Deutsche Oper, que ha brillado más que la noche anterior en Carmen.

Salomé fue interpretada por la soprano americana Catherine Naglestad, que es una consumada intérprete del personaje, que lleva cantando desde hace más de una década. Sigue siendo una intérprete convincente, sin problemas vocales, aunque no sé si ahora haría ella misma la danza de los 7 velos, como recuerdo habérsela visto hace más de 10 años en París. Aquí la verdad es que no hace ninguna falta. Sigue siendo una destacada Salomé.

El barítono Samuel Youn dio vida a Jochanaan y lo hizo bien, con una voz de calidad, aunque no muy amplia. Queda claramente por debajo de Michael Volle, que fue quien cantó el personaje cuando se estrenó la producción hace dos años.

Herodes fue interpretado por el tenor Burkhard Ulrich, que lo hizo bien en escena, aunque vocalmente no tenga mucha calidad.

Herodías era la veterana Gabriele Schnaut, a la que se le nota el paso de tiempo en su voz, aunque cumple como intérprete escénica.

Lo hizo bien el tenor Attilio Glasser como Narraboth, aunque en esta producción uno no se entera de que se suicida. De hecho, se supone que los maniquíes no se pueden quitar la vida.

Correcta Annika Schlicht como Paje de Herodías.

Los dos Soldados eran Andrew Harris y el poderoso Tobias Kehrer, un lujo.

Los Judíos fueron interpretados correctamente por James Kryshak, Gideon Poppe, Jörg Schörner, Clemens Bieber y Stephen Bronk. Finalmente, los Nazarenos eran Derek Welton y Philipp Jekal, ambos correctos.

La Deutsche Oper ofrecía una entrada muy pobre, que apenas llegaría al 50 % de su aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo los mayores aplausos para Catherine Naglestad y Evan Rogister.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 1 hora y 40 minutos. Seis minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 97 euros, habiendo butacas de platea desde 55 euros. La localidad más barata costaba 31 euros.

José M. Irurzun