Segundo reparto de Il Trovatore en el Covent Garden

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Segundo reparto de Il Trovatore en el Covent Garden
Segundo reparto de Il Trovatore en el Covent Garden. Foto: C. Barda

Como comentaba el otro día, había dos repartos programados de esta ópera de Verdi, que no podían ser considerados como primero y segundo más que en orden cronológico. Todo ha quedado mucho más claro tras ver la representación, que ha mejorado a la del día anterior, especialmente en lo que se refiere a la dirección musical y a la actuación de los nuevos protagonistas de Manrico y Leonora, aunque también hay que señalar que ha habido un lunar de consideración en lo referente al Conde Luna.

Nada nuevo hay que señalar sobre la producción de David Bösch, que me sigue resultando la peor de todas las producciones que he visto de este regista. Ni siquiera se salva en la pura dirección escénica.

Comentaba que la dirección musical de Gianandrea Noseda había quedado por debajo de mis muy altas expectativas. Sin embargo, en este nuevo reparto las cosas han mejorado de manera clara, con una dirección más viva y vibrante que el día anterior. Hoy sí puedo decir que la dirección de Noseda casi cumple con lo que yo esperaba de él. No me corresponde analizar las causas, sino simplemente dar cuenta de los resultados. Me limitaré a señalar que tanto Kunde como Pirozzi han actuado en bastantes ocasiones en Turín dirigidos por Gianandrea Noseda.

El nuevo Manrico era Gregory Kunde, quien volvía al Covent Garden tras más de 10 años de ausencia. He tenido ocasión de verle en varias ocasiones en el personaje desde que lo debutara hace dos años en Venecia y siempre me ha parecido que no está Manrico entre sus mejores creaciones, aunque me quedo claramente con su interpretación vocal, superior a la de Francesco Meli el día anterior. Como me ocurriera en La Fenice hace dos años, me ha resultado su interpretación del aria Ah, si ben mio un tanto corta de brillantez y emoción, mientras que la Pira (cantada a tono) la ha resuelto con mayor brillantez, aunque el agudo final se haya quedado un tanto corto. Para mi gusto lo mejor de su actuación tuvo lugar en el cuarto acto, donde ofreció lo mejor de su canto. La voz sigue ofreciendo frescura, aunque hay algunos signos de fatiga en la zona alta.

La italiana Anna Pirozzi encarnó a Leonora y su actuación me resultó más convincente en términos vocales que la de Lianna Haroutounian el día anterior. La voz tiene calidad y volumen notables y maneja bien su instrumento. En esta ocasión ha habido piani, que se echaron en falta el día anterior. Los graves también tienen entidad para estos personajes. En suma es una soprano muy interesante, cuyo mayor problema reside en que sus notas más altas bordean, cuando no superan, el grito. Es una pena, ya que en más de una ocasión son sobreagudos optativos. Es como si ella no se diera cuenta de su problema. Por todo lo demás, una brillante Leonora.

La mezzo soprano rusa Marina Prudenskaja fue la nueva Azucena y lo hizo bien, aunque vocalmente no puede compararse a su compatriota Ekaterina Semenchuk. La voz no tiene la misma calidad, pero es una intérprete muy notable y termina siendo una sólida gitana, destacando su tercio agudo, quedando algo corta por abajo.

El Conde Luna era el barítono británico Christopher Maltman y su actuación fue lo peor de la representación y uno no puede entender que un teatro como el Covent Garden la haya permitido. Christopher Maltman es un excelente cantante, que ha tenido siempre sus mayores éxitos en las óperas de Mozart y en otros personajes de corte más ligero, como pueden ser el propio Fígaro de Rossini o Eugene Oneguin. Hace muy poco tuvimos ocasión de disfrutar en el Teatro Real de su interpretación en el Friedrich de Das Liebesverbot. Con esto antecedentes, se me hacía extraño verle anunciado como Conde Luna, aunque ya había cantado otros roles verdianos este mismo año, como fue el caso de Simón Boccanegra, que lo debutó en Frankfurt.

Segundo reparto de Il Trovatore en el Covent Garden
Segundo reparto de Il Trovatore en el Covent Garden. Foto: C. Barda

Ya en su escena del primer acto se pudo comprobar que su voz no parecía muy natural, como si estuviera cargándola artificialmente para dar más el papel de malvado. En el Il balen y la cabaletta subsiguiente nos ofreció una actuación lamentable, con sonidos muy deficientes, una falta de fiato sorprendente, y una imperiosa necesidad de cortar las notas altas nada más tocarlas. Si hubiera sido un desconocido, habría pensado que simplemente era un tremendo error de reparto, pero no en el caso de un cantante reconocido como es Christopher Maltman. La única explicación es que tenía que encontrarse enfermo, aunque no había habido ningún aviso de indisposición. Efectivamente, el mencionado aviso llegó al inicio del tercer acto por parte de un representante del Covent Garden, anunciando que continuaría “en atención al público”.

Uno está cada vez más curado de espanto ante estas cosas, pero me sigue pareciendo un abuso por parte de los teatros y de los cantantes que sigan ocurriendo. Es evidente que Christopher Maltman sabía antes de salir al escenario que no se encontraba bien, ya que no hacía falta sino que emitiera un sonido para darse cuenta. Si él lo sabía y decidió no comunicarlo al teatro, me parece lamentable la falta de profesionalidad que esto implica. Si lo comunicó, es claro que el teatro le pidió que cantara y no hubo aviso previo, porque eso significa tanto como poner en evidencia que un teatro como el Covent Garden no puede resolver satisfactoriamente situaciones de emergencia. En lo que a mi respecta estamos ante un claro abuso, en el que los ganadores han sido el teatro y el cantante y el perdedor, el público, que ha tenido que pagar un precio considerable para obtener su entrada. Claro, que esto seguirá ocurriendo, mientras al anuncio de indisposición se conteste por el público con aplausos. Pocas veces habría estado más justificado un sonoro abucheo.

Repetía Maurizio Muraro como un solvente Ferrando. En los personajes secundarios David Junghhon Kim repitió su brillante Ruiz, mientras que Lauren Fagan estuvo bien en Inés.

El Covent Garden ofrecía una entrada de alrededor del 90 % de su aforo. El público se mostró más entusiasta que el día anterior, siendo las mayores ovaciones para Anna Pirozzi y Gianandrea Noseda. Me pareció fuera de lugar que Christopher Maltman saliera a saludar.

La representación comenzó con 6 minutos de retraso, cuya causa no descarto que fuera la mencionada indisposición de Christopher Maltman, con una duración total de 2 horas y 47 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 8 minutos, dos minutos menos que el día anterior. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 190 libras, habiendo butacas de platea desde 170 libras. La localidad más barata con visibilidad plena era de 30 libras.

José M. Irurzun