Un segundo reparto de La Flauta Mágica en el Liceu donde lo mejor es la puesta en escena

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Segundo reparto de La Flauta Mágica en el Liceu. Foto: A. Bofill
Segundo reparto de La Flauta Mágica en el Liceu. Foto: A. Bofill

Estas notas corresponden al que podríamos considerar segundo reparto en orden cronológico, aunque tanto uno como otro siguen basados en artistas de la Komisch Oper de Berlín. El resultado ha sido muy similar al de la noche anterior.

La producción de Suzanne Andrade y Barrie Kosky sigue siendo del agrado del público y basta escuchar sus reacciones durante la ópera para darse cuenta de ello.

Repetía también en la dirección musical Henrik Nanasi, cuya lectura ha vuelto a ser muy correcta.

El nuevo Tamino era el tenor australiano Adrian Strooper, que lleva varios años formando parte de la Komisch Oper. Su voz es más ligera y menos consistente que la de su colega en el primer reparto y no pasa de cumplir con su cometido.

La soprano rumana Adela Zaharia fue Pamina, que ha cantado ya en otras ocasiones en Berlín. Su voz es más importante que la de Maureen McKay y su canto es un tanto irregular. Hay momentos en que canta con gusto y otros en que resulta un tanto estridente en las notas altas. Tengo la impresión de que es un problema de relativa inmadurez, ya que no le pasa siempre.

Segundo reparto de La Flauta Mágica en el Liceu. Foto: A. Bofill
Segundo reparto de La Flauta Mágica en el Liceu. Foto: A. Bofill

El barítono noruego Tom Eric Lie es otro de los integrantes de la Komisch Oper y su Papageno ha resultado más conseguido en escena que el de su compañero el día anterior, aunque la voz tampoco tiene mucha importancia.

Lo mejor de la representación ha sido la actuación de la soprano griega Christina Poulitsi en la Reina de la Noche. La voz tiene algo más de cuerpo que la de Olga Pudova, resulta notable en coloratura y llega bien a las notas altas. Sin duda, una de las intérpretes más adecuadas hoy en día en el personaje.

Thorsten Grümbel fue un no más que correcto Sarastro. A la voz le falta pastosidad y tampoco es un intérprete destacable.

El tenor Ivan Tursic fue un Monostatos notablemente mejor que el del día anterior, Julia Giebel pasó nuevamente desapercibida como Papagena. Los Sacerdotes y Hombres Armados quedaron por debajo de los del día anterior. Eran el tenor Christoph Späth y el bajo Carsten Sabrowski. Las Damas de la Reina de la Noche lo hicieron de manera satisfactoria. Eran Mirka Wagner, Maria Fiselier y Helena Köhne. Por último los 3 Genios eran miembros del Tölzer Knabenchor y eran claramente inferiores a los del día anterior.

El Liceu ofrecía una ocupación de alrededor del 85 % de su aforo. El público se mostró satisfecho con el resultado de la representación. En los saludos finales las mayores ovaciones fueron par Christina Poulitsi.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 45 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 14 minutos. Seis minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 286 euros. La butaca más cara de platea costaba 187 euros, habiendo también butacas desde 152 euros. La entrada más barata con visibilidad era de 52 euros. Si alguno de mis lectores ha llegado hasta aquí y quiere ver los precios del día anterior, podrá comprobar que los de esta representación eran algo más caros, aunque no era el considerado reparto titular. Cosas extrañas. Como dice Mimí: Il perché non so.

José M. Irurzun