Sinfonias 4ª de Mendelssohn y 4ª de Tchaikovsky. Madrid

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XIV Ciclo de Jóvenes Músicos. Manuel López-Gómez. Orquesta Sinfónica de RTVE

El viernes 8 de noviembre se subió al podio el joven director de orquesta venezolano Manuel López-Gómez. A cargo de la Orquesta Sinfónica de la RTVE ofreció las sinfonías número 4 de Mendelssohn (Italiana) y la homónima de Tchaikovsky. Un programa muy atractivo para el gran público que  sin embargo no consiguió llenar el Teatro Monumental.

La experiencia comenzó ciertamente irregular, con los músicos demasiado dubitativos. En el primer movimiento, en el que la clave expresiva reside en las variaciones de intensidad, deben entreverse esas pequeñas sutilezas que jalonan la partitura, y que poco a poco van dibujando el paisaje italiano que conociera Mendelssohn en sus viajes. El compositor alemán fue el romántico alegre, y se sintió profundamente inspirado por lo que conoció en Italia: la impresión que le produjeron las ruinas romanas, las procesiones de Semana Santa y los cantos sureños de aquellos napolitanos alegres y apasionados Por ello, el carácter mediterráneo de sus gentes debe plasmarse en todo momento en la sinfonía como tema inspirador. Todo ello está en la sinfonía, servido con la exquisitez contrapuntística propia del compositor de Hamburgo.

Lamentablemente, muchas de aquellas sutilezas que hacen de la sinfonía número 4 un lujo de expresividad y colorido románticos se echaron en falta, y Manuel López-Gómez pasó apuros para acoplarse a la RTVE. El resultado fue una interpretación irregular, poco elegante y demasiado montaraz para mi gusto. El público de Madrid fue indulgente.

Tras el descanso, el conjunto instrumental se reforzó para Tchaikovsky. Pese a no ser una de las mejores obras del ruso, es de las más interpretadas. En esta ocasión, y por sorpresa, el público encontró en el escenario una orquesta que parecía distinta. Esta sonaba fiel y cierta, con intención, con el alma en el filo de las cuerdas y en el corazón en el viento metal. El silencio en el público era prueba de la expectación que se estaba generando, de que lo que sonaba era especial. Cuando las cosas salen bien, se nota mucho. Pudimos ver a un Manuel López-Gómez, por fin, crecido y sonriente.

Tchaikovsky escribía con una inspiración melódica tal, que su música llega siempre a emocionar. Como quiera que se tocó con respeto y precisión, la interpretación tuvo hondura e interés. En el tercer movimiento, con el pizzicato ostinato, la obra tiene un carácter navideño e invernal, de gran calidez pese a ser una obra bastante fría (siempre dentro del estilo de composición de Tchaikovsky).  En el cuarto movimiento el público estaba ya totalmente entregado. Esta vez, sí correspondieron con justicia a la calidad de la interpretación con una ovación de más de cinco minutos. López-Gómez consiguió que la RTVE se encontrara a sí misma y cuajara una sinfonía espléndida.

Fue muy interesante contemplar la pasión y el calor mediterráneos vistos desde el cristal refinado de Mendelssohn; también, y como contrapartida, la personalidad latina del joven director siguiendo con acierto su intuición musical  y siendo fiel servidor de las melodías de Tchaikovsky. Aunque la orquesta preocupa por lo irregular de la actuación, el concierto consiguió levantar el vuelo, y despertó nuestras ganas de escuchar aquellas obras que durante estos meses suenan con una emoción especial.

Carlos Javier López Sánchez

@CarlosJavierLS