Recital de Sondra Radvanovsky en el Carnegie Hall

Sondra Radvanovsky en el Carnegie Hall. Por Carlos Javier López Sánchez

 Entre la pérdida y el amor, siempre está la esperanza.

La soprano americana Sondra Radvanosky ofrece su recital más personal en el Carnegie Hall de Nueva York, acompañada al piano por el refinado Anthony Manoli.

Sondra Radvanovsky en el Carnegie Hall. Foto: Steve J. Sherman
Sondra Radvanovsky en el Carnegie Hall. Foto: Steve J. Sherman

Sondra Radvanovsky apareció bellísima sobre las legendarias tablas del Carnegie Hall, vestida de un elegante negro en la primera parte del recital. Tras su nocturna y algo forzada versión del aria ¨When I am laid in earth¨ de Dido y Eneas de Purcell, Radvanovsky explicó que a ella le gusta hacer de sus recitales una experiencia personal. Confesó su tristeza tras la muerte de su madre y su reciente divorcio, y cómo el pasado año ha sido un tránsito doloroso de la pérdida al amor, con la esperanza como hilo conductor. Y la soprano ha querido que este recital fuera el negativo musical de ese periplo personal.

El público agradeció el candor y la cercanía de la artista, que no parecía en absoluto amilanada por un escenario que ya ha hecho suyo, y que parece pensado para artistas de su relevancia. Es curioso comprobar, y así pasa con muchos cantantes, cómo a la hora de hablar al público de sus emociones, apenas pueden contener las lágrimas, mientras que, a la hora de cantar esas mismas emociones, el sustento de lo musical los hace inmunes al llanto.

El recital prosiguió con ¨Piangeró la sorte mia¨ de Giulio Cesare in Egitto de Händel. Radvanosky estuvo aquí cuidadosa, demostrando su sensibilidad y su altura artística, a pesar de que la voz estaba muy forzada en las agilidades, tirando demasiado de musculatura, de modo que la voz sonaba fibrosa y antinatural. La artista trina cuando lo manda la partitura, aunque para conseguir el efecto tenga que incrementar la velocidad del trino de a poco, un recurso no muy ortodoxo. De todas maneras, la Radvanovsky consiguió sonar comunicativa y elegíaca. Recital de Sondra Radvanovsky en el Carnegie Hall

El programa continuaba con tres piezas en francés, en las que la soprano se sintió mucho más cómoda. La voz se desplegó con más aire y naturalidad, dejando que el texto fluyera sobre el piano de un Manoli especialmente colorista. Radvanovsky se lució aquí con ataques luminosos y una «smorzatura» de ensueño en la canción ¨Extase¨. Sondra brilló especialmente en ¨Au pays oú se fait la guerre¨, donde su poder interpretativo permitió al público vivir cada verso de la canción junto a la cantante. Para ello, Radvanosky se empleó con tino en el canto ligado, con soberbias bajadas a la zona grave.

El recital avanzó con otra triada, esta vez de Sergei Rachmaninov. Aquí, la soprano regaló pasajes líricos a plena voz, con sombrías medias voces y notas agudas filadas en falsete con mucha habilidad. Les siguió una página que la cantante debutaba esa noche, los Tres Sonetos de Petrarca de Franz Liszt, una página normalmente interpretada por cantantes masculinos que, por otra parte, no fue lo mejor del recital. El lujo de la poesía de Petrarca, aunque potenciado por el poder sugestivo de la voz de Radvanosky, no terminó encontrar acomodo en el onírico vuelo del piano de Manoli, pues ambos navegaban la partitura por separado, como en dos mundos paralelos e inconexos. Dio la sensación de que Liszt puso más cariño en la música para el piano que para la voz.

El repertorio alemán también tuvo cabida en el recital, y fue el elegido por la soprano para pivotar hacia terrenos más alegres y esperanzadores. Las obras elegidas fueron cuatro lieder de Richard Strauss: Allerseelen, Befreit, Morgen!, y Heimliche Aufforderung. Aunque cantadas con intención, a las cuatro les faltó quietud, prosodia y claridad expositiva. Baste como ejemplo Morgen!, donde Manoli comenzó dejando brillantes perlas musicales por el camino, que Rodvanosky tan solo tenia que ir recogiendo a su paso. Sin embargo, la artista falló con agudos más bien raspados y ataques algo dubitativos.

In solitaria stanza de Verdi vino después. Aquí ambos artistas sonaron, por fin, en plena comunión. Radvanosky supo recoger el canto y apianar de forma dramática para enfatizar un texto que llegó lleno de sentido al público. En O del Mio amato ben, de Stefano Donaudy, estuvo muy emotiva, cantando con verdad. En Stornello de Verdi, la soprano cosechó un gran aplauso tras cerrar el aria con notas coquetas y juguetonas que encandilaron al público. Sondra Radvanovsky en el Carnegie Hall.

Sondra Radvanovsky, Soprano / Anthony Manoli, Piano. Foto: Steve J. Sherman
Sondra Radvanovsky, Soprano / Anthony Manoli, Piano. Foto: Steve J. Sherman

A esas alturas era patente que el recital estaba siendo todo un éxito para Sondra Radvanosky. Totalmente entregada, la soprano celebró la presencia en la sala de los médicos que trataron a su madre antes de morir, y cantó una canción compuesta por ella misma, con música de Jake Heggie ¨If I had Known¨, cuyo texto reproducimos aquí parcialmente como testimonio de la enorme emoción que cundió entre todos los presentes en el Carnegie Hall.

If I had known

That day would be the last I´d really see you

The last you´d really see me

If I had known

Your final words would be: ¨I miss you, my daughter, ¨

I would have grown wings to fly to you, I would have never let you go or said goodbye

I would have stopped time

If I had known Sondra Radvanovsky en el Carnegie Hall

Imposible contener las lágrimas. Quedaba pendiente aún, como cierre oficioso del ciclo, el aria ¨La mamma morta¨, de Andrea Chénnier de Umberto Giordano. La pieza fue quizá lo más meritorio del concierto por su densidad musical y la calidad del canto. Radvanovsky dejó a un lado los complejos del canto moderno, y coloreó la línea con voces medias y notas naturales de pecho. La anchura de su voz consiguió llenar cada rincón del Carnegie Hall, y su ponderado legato, tan poderoso como musical, consiguió emocionar de nuevo a los presentes, quizá ya algo exhaustos de tanto esfuerzo sentimental, pero que sin embargo irrumpieron en una ovación estruendosa.

Los bises fueron tres en total, de desigual calidad e interés. Del ¨Io son l´umile ancella¨ de Cilea, demasiado atildada, con sonidos poco claros y cargados en la máscara, pasamos a una fantástica versión de ¨Vissi d´arte¨, mucho más interesante por el excelente uso de la mesa di voce, unos cambios dinámicos inspirados y fulgurantes ataques a plena voz. La noche terminó con una prescindible ¨Somewhere Over The Rainbow¨ de Harold Arlen.

A juzgar por la apasionada reacción del público de Nueva York, podemos decir que el recital de Sondra Radvanovsky en el Carnegie Hall fue un éxito rotundo. Para la artista, la guinda a su aparición triunfal en el Met con la Medea de Cherubini, que la ha encumbrado como la gran diva contemporánea, algo así como una Callas campechana y posmoderna. Y esa evolución de las estrellas de la ópera da una idea también de la evolución del canto. Aunque hay ciertos parecidos estilísticos entre nuestra diva de hoy y las de antaño, la Radvanosky, como sus coetáneas, canta colocando siempre el sonido en la cabeza, con coberturas cromáticas en la sien, los pómulos o la gola. El sonido no corre libre, tratando siempre de no sonar abierto, y eso hace que las notas suenen veladas y débiles; cuando no feas, sobre oscurecidas o engoladas. El timbre de Sondra tiene una calidez singular y el estilo se engarza en la música, obrando el misterio de los grandes artesanos líricos. No obstante, queda en el aire la incógnita de qué pasaría si ese ropaje armónico, esa vibración emocionante en el agudo sonaran más libres, no comprimidos ni entubados por la colocación del canto.

Aunque los más agoreros piensan que este fue el último gran recital en Nueva York de una Sondra Radvanosky en plena forma, parece claro que la artista le ha demostrado al público, y a la vida, que entre la pérdida y el amor, siempre está la esperanza.

OW 


Carnegie Hall, a 16 de noviembre de 2022. Sondra Radvanovsky, soprano. Anthony Manoli, piano. Recital de Sondra Radvanovsky en el Carnegie Hall

Obras de Henry Purcell, George Frideric Handel, Henri Duparc, Sergei Rachmaninoff, Franz Liszt, Richard Strauss, Guiseppe Verdi, Stephano Donaudy, Jake Heggie, Umberto Giordano, Francesco Cilea, Giacomo Puccini, Harold Arlen.