Stefan Vinke es el héroe del Siegfried en Berlín

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Stefan Vinke es el héroe del Siegfried en Berlín. Foto: B. Stöss
Stefan Vinke es el héroe del Siegfried en Berlín. Foto: B. Stöss

Esta representación de Siegfried puede considerarse como satisfactoria, nuevamente con una producción escénica brillante, una dirección musical que ha ido in crescendo y un buen reparto vocal, el más equilibrado de los ofrecidos hasta ahora.

La producción de Götz Friedrich vuelve a ofrecernos el túnel, aunque en su totalidad no lo vemos hasta la escena final. En el primer acto, como ocurriera en Walküre, la cabaña de Mime se nos presenta en el frente del escenario, con el túnel cortado por una gruesa cortina, por cierto con motivos alegres. A la derecha se coloca la fragua, que resulta muy bien conseguida, mientras que a la izquierda hay unas sillas y una mesa, donde se desarrollan los acertijos del Wanderer y Mime. En el segundo acto el túnel se corta por un gran aparato mecánico, que representa al dragón de Fafner, dejando un espacio abierto por delante, con vegetación representando el bosque. El encuentro de Erda y Wotan en el tercer acto se desarrolla elevando el escenario, dejado ver por abajo el mundo de Erda, volviendo nuevamente a la parte superior para el enfrentamiento de Wotan y Siegfried. Finalmente, volvemos al gran túnel, donde Wotan depositó a Brünnhlde y ahí se desarrolla el dúo de amor de tía y sobrino. Nuevamente, la citada escenografía y el intemporal vestuario son obra de Peter Sykora y todo se ve con gusto. Esta vez hemos vuelto a una notable labor de iluminación.

La trama está bien narrada, haciendo uso Götz Friedrich de la figura del Wanderer como testigo mudo en momento claves, como son la forja de la espada o la muerte de Fafner. Ha sido una pena que la agonía de éste no haya tenido lugar en escena, ya que las voces amplificadas nunca funcionan igual. Hay una buena labor de escena con el Pájaro del Bosque y, finalmente, podemos decir que la producción funciona francamente bien.

De nuevo al mando de la dirección musical estaba Donald Runnicles y nuevamente su lectura ha sido convincente, o diría que ha ido subiendo en intensidad, como tantas veces ocurre en esta ópera. Los dos primeros actos no fueron particularmente entusiasmantes en términos musicales, mientras que el encuentro de Wotan y Erda y toda la escena final fue mucho más convincente, especialmente el despertar de Brünnhilde y todo el dúo de amor. De nuevo la Orquesta de la Deutsche Oper Berlín tuvo una destacada actuación.

Siegfried es un héroe excepcional, como tantas veces lo manifiesta Wagner a lo largo de la Tetralogía, y la verdad es que su intérprete ha de ser un auténtico héroe en términos vocales. Se tata sin duda de la partitura más endemoniada escrita para tenor, que prácticamente no deja de cantar durante toda la ópera. Que haya un Siegfrried en escena que supere las dificultades de la partitura es ya casi un milagro en sí mismo. Si además queremos pedir matices, elegancia y lo que se nos ocurra, es tanto como vivir en un mundo irreal.

Valga esta introducción para decir que el Siegfried de Stefan Vinke consigue superar todas las dificultades del personaje y es capaz de terminar la representación sin escaparse de sus enormes dificultades. El numero de Siegfrieds siempre ha sido muy limitado y más en los tiempos que corren. Los dedos de una mano sobran para contar el número de actuales intérpretes válidos. Para mí son tres: Stephen Gould, Andreas Schager y Stefan Vinke. Este último no tiene una voz de gran belleza y puede resultar bastote en más de un momento, pero hay que rendirse ante la exhibición de facultades que hace a lo largo de la representación.

Stefan Vinke es el héroe del Siegfried en Berlín. Foto: B. Stöss
Stefan Vinke es el héroe del Siegfried en Berlín. Foto: B. Stöss

Brünnhilde fue en esta ocasión Ricarda Merbeth y esta soprano siempre es garantía de buen hacer en todo lo que interpreta. Salvo el detalle de parecer un tanto madura para el personaje, todo lo hizo de manera satisfactoria y hasta brillante.

Tuvimos el tercer intérprete de Wotan de esta Tetralogía. En esta ocasión el intérprete del Wanderer fue Samuel Youn, que lo hizo razonablemente bien. Sin duda, mejor que Iain Paterson el día anterior. Este barítono surcoreano tiene una voz con amplitud suficiente en el centro y en las notas bajas, mientras que toda la parte de arriba resulta demasiado baritonal, echándose en falta en más de un momento una voz más oscura y autoritaria. En cualquier caso, fue una buena interpretación.

Hace un par de días escribía sobre Burckhard Ulrich que no tiene voz para cantar Loge, sino más bien para Mime. La verdad es que, tras escucharle en el papel del nibelungo, tengo que decir que hasta para Mime su voz me parece escasa. Eso sí, se trata de un consumado actor, que sabe usar su instrumento y consigue brillar en este extraño personaje.

Ronnita Miller me resultó más convincente en Erda aquí que en Rheingold. La voz corre muy bien y sus graves fueron siempre sonoros y bien colocados.

Werner Van Mechelen lo hizo bien en Alberich, que es sabido en esta ópera es un personaje más bien secundario. También fue correcta la actuación del bajo Andrew Harris como Fafner, siempre cantando en interno.

Finalmente, el Pájaro del Bosque fue interpretado adecuadamente por la soprano Elbenita Kajtazi.

El teatro esta nuevamente lleno, aunque resultaba sorprendente la desaparición de los “Suche Karte”, sustituidos por abundante oferta de localidades a la entrada de teatro. Llegué a pensar que había alguna sustitución importante de última hora. El público se mostró entusiasmado con el resultado de la representación, siendo las mayores ovaciones para Stefan Vinke.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 5 horas y 34 minutos, incluyendo dos largos intermedios. Duración musical de 4 horas y 6 minutos, una de las más lentas que recuerdo. Nada menos que 20 minutos más larga que la de Kirill Petrenko en Munich. Ocho minutos de aplausos.

La localidad más cara costaba 198 euros, siendo el precio de la más barata 60 euros.

José M. Irurzun