Strauss y Ligeti: el espacio sensorial de la intelectualidad

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Strauss y Ligeti: el espacio sensorial de la intelectualidad
Fotograma de 2001. Un odisea en el espacio (S. Kubrick) con música de Strauss y Ligeti

Resulta verdaderamente singular que en la segunda parte de este concierto se dieran cita dos obras que en plena carrera espacial de la década de los 60 fueron puestas al servicio de la ciencia ficción ideada por Stanley Kubrick en su mítica película 2001: Una odisea en el espacio. Y es que quizá no ha existido nunca en la historia del séptimo arte una pieza tan impactante de música contemporánea en aquel 1968 comparable a la que da inicio al film, utilizada magistralmente por el director británico durante más de tres minutos sin necesidad de que aparezca nada en la oscura pantalla, concediendo único protagonismo al inquietante ambiente sonoro producido por esas rugosas texturas e interminables clústers de las Atmósferas de Gyorgy Ligeti, que nos remontan visual y oníricamente a la protohistoria de nuestro proceso evolutivo como seres humanos.

Y así como Kubrick interrumpe la propia evolución discursiva de la extrasensorial obra de Ligeti para ceder paso inmediatamente a la imponente introducción del poema sinfónico Así habló Zaratustra de Richard Strauss para mostrar el título de crédito inicial de la película, de esa misma forma pretendió sabiamente el maestro uruguayo Carlos Kalmar ofrecer ambas obras, sin solución de continuidad entre ellas, yuxtaponiéndolas, como si contemplásemos dos obras pictóricas de distintas épocas, alimentando en la mente y los sentidos del espectador la honda impresión (y hasta conmoción, diríamos) que ambas generan.

Siempre resulta una verdadera experiencia auditiva acercarse a una nueva escucha de Atmosphères, por esa misma singularidad compositiva que la breve pieza encierra, carente de melodía y ritmo, y donde el componente armónico (en mayor medida que el tímbrico) condiciona casi toda la estructura musical. La sonoridad de los contrabajos aportó quizá el tinte más siniestro en la lectura del uruguayo, el cual extrajo de su orquesta esa exigida levedad y la sensación de paralización temporal, que contrastaron de pleno con la majestuosidad que a nivel de metales y percusión exhibió la de RTVE en la popularísima introducción de Así habló Zaratustra.

Strauss y Ligeti: el espacio sensorial de la intelectualidad
Carlos Kalmar

Haciendo justicia a la por otro lado compleja semántica orquestal de Strauss, se asistió a un acercamiento impregnado de una notable carga intelectual, clara muestra del detenido estudio que los profesores de la orquesta han realizado de una de las piezas programáticas más filosóficas del autor bávaro, conducida con sapiencia y sin un ápice de concesión a la monotonía por un enérgico Kalmar en materia de regulación de dinámicas, destacando en especial belleza el perfecto empaste de las cuerdas en el lírico “De los trasmundanos”, el cuidado crescendo contrapuntístico en “De la ciencia” o el staccato rítmico de “El canto de la danza”, con estilizados solos de violín a cargo del concertino Miguel Borrego. Muy lograda por otro lado la apaciguada y reflexiva digresión que, tras el último decrescendo de las campanas (“El canto del viajero nocturno”), conduce al enigmático final, con flautas y violines tocando en tonalidades superpuestas.

Precisamente otro profesor de la orquesta de RTVE brindó en esta semana su participación solista en la partitura concertante de la primera parte, el cuarto de los conciertos para trompa de Mozart. Vicent Puertos hizo gala de una asombrosa habilidad en el manejo de su instrumento para solventar los recurrentes problemas de afinación y la virtuosística línea melódica que exige la armoniosa obra del genio de Salzburgo. Apoyado por sus compañeros en un acompañamiento muy cantabile en la cuerda, Puertos imprimió limpieza en el discurso y un gran arrojo a la hora de emitir las notas más agudas y más graves del registro de la trompa. Su brillante interpretación fue muy merecidamente ovacionada por el público del Monumental.

Y yendo hacia atrás, la obra de Britten que venía a abrir este concierto era interpretada por primera vez en esta sala: un contrastado viaje por distintos temas populares de la Gran Bretaña. Si en “Hankin Booby” maderas y metales con sordina dialogan entre sí en un ritmo rústico de marcha, en “Lord Melbourne”, el último y más extenso de los cinco breves movimientos que integran la amable Suite sobre temas folclóricos ingleses (A time there was) del compositor británico, el solista de corno inglés posee una amplia cantinela al estilo del Cisne de Tuonela de Sibelius, cuya aterciopelada sonoridad confirió un profundo poder evocador, mientras que en el cuarto, “Hunt the squirrel”, violines y violas en sus registros más agudos se superponen de manera fugada en un tema popular de claro sabor irlandés.

Germán García Tomás

@GermanGTomas