Suntuoso trípode vocal en el Otello de Verdi de la ACO

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Suntuoso trípode vocal en el Otello de Verdi
Escena de Otello en Las Palmas de Gran Canaria. Foto: créditos Nacho González, ACO 2015

Un festival de vocalidad es lo que mejor describe la producción del Otello de Verdi con que inicia Amigos Canarios de la Opera su temporada numero 48, de nuevo rescatada de abismos y vendavales. Importantes voces isleñas en primeros y segundos papeles participan del festival, alzado sobre un trípode tan diverso en escuela y estilo como la internacional soprano grancanaria Yolanda Auyanet, el admirable barítono español Juan Jesús Rodríguez y el apabullante tenor coreano Rudy Park.

La etapa post-Pontiggia arranca con una feísima escenografía de Miguel Masip alquilada al Teatre Principal de Palma, mal adaptada al Pérez Galdós y deficientemente iluminada. El director Alfonso Romero “colmata” la escena con el tema fijo de un enorme armazón de barco -excesivamente corpóreo y nada metafórico- que estorba de continuo: en las paginas corales por bloquear el movimiento y en el resto por saturar la mirada con una tosca tracería que la insuficiencia luminotécnica no estiliza ni sabe subordinar a la intensidad humana de una tragedia inmortal. El “konzept”, muy tópico, culmina con el armatoste circundado por telarañas gigantes y osamentas colgadas que parecen de comic gótico. Mal comienzo de esta nueva etapa en sus parámetros visuales, a distancia sideral de lo que fueron las temporadas precedentes. Como nadie se acordó de agradecer los servicios de Mario Pontiggia, quede aquí, al menos, mi testimonio.

Suntuoso trípode vocal en el Otello de Verdi
Escena de Otello en Las Palmas de Gran Canaria. Foto: créditos Nacho González, ACO 2015

El refinado color, la calidad del timbre, la sedosa emisión en todo el registro y la experiencia de Yolanda Auyanet la han convertido en una grandísima soprano lírica. Su Desdémona es modélica en medios y matices vocales, así como en la composición sonora y visual del personaje. Los dúos con el tenor, tan contrastados en expresión y carácter, tocaron el nivel idóneo, aún superado en las dos páginas del cuarto acto: la canción del sauce y el ave maría, verdaderas lecciones de musicalidad. El barítono Juan Jesús Rodriguez recrea un Yago comparable al de los intérpretes míticos del rol. Soberbia prestación por el cuerpo vocal lleno, rico en sombras y celajes, modélicamente expresivo. El “Credo” es antológico por el poder y la modulación psicológica, pero también por calidad actoral. El desarrollo de su intriga en dúos y conjuntos define sin duda al más grande de los cantantes españoles en el “deus ex machina” de la venganza shakespeariana. Un auténtico “crac”. La materia vocal de Rudy Park es la de un tenor dramático de caudal generosísimo, seguridad en toda la extensión tesitural y gran fiato. Se entrega apasionadamente, sin una sola economìa, y no es fácil reconocer en su actualidad al penosamente gritado Turiddu con que debutò aquí hace pocos años. Es lástima que, por momentos, haya que disfrutar de esa vocalidad espectacular cerrando los ojos a su desmadrada y a veces caricaturesca expresión corporal. Otro fallo del director escénico, que debería controlar tanto exceso.

Un estupendo Casio muy lírico y bien ponderado en la voz de Francisco “Pancho” Corujo, un impecable Roderigo del debutante Manuel Gómez Ruiz (preparado por voz y presencia para roles más densos); y la seria discreción de Jeroboam Tejera, José Antonio García y Vicente Domínguez, completan la muy solvente nómina canaria de la producción. Junto a ellos, la excelente mezzo catalana Mireia Pintó compone una Emilia de gran categorìa.

El maestro Miquel Ortega sostiene con acierto los tiempos y saca al primer plano la riqueza sinfónica de Verdi sonorizada por la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria en una de sus grandes noches de foso. El Coro de la Opera y su directora Olga Santana se lucen mucho en la gran escena de entrada, imbuidos del aliento de la obra maestra.

G.García-Alcalde

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