Teresa Berganza. Entrevista.

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El Teatro Real de Madrid rinde homenaje a la mezzosoprano Teresa Berganza el próximo viernes 21 de junio con una gala dirigida por Alejo Pérez, que contará con un repertorio sorpresa, para celebrar los 80 años de la artista madrileña.

Días antes de esta velada, la mezzosoprano ha mantenido un encuentro con varios periodistas, en el que se ha desvelado algunos secretos de su vida, ha confesado cuáles son sus grandes pasiones y ha sido rotunda a la hora de afirmar que no se arrepiente de nada.

Berganza ha señalado que uno de sus rasgos, la inseguridad, ha sido precisamente el motor que la ha llevado a «ser mejor cada día». «La perfección no existe, pero la buscamos. No sentirme segura de mí me ha hecho buscar más colores en mi voz», ha dicho.

A pesar de dudar de sus cualidades, señala que cuando ahora escucha sus discos se siente «más contenta» que entonces. «He sido muy exigente, pero no me importa, porque ya no tiene arreglo», bromea.

Habitualmente va a la psicóloga dos días por semana, pero admite que luego se aburre y piensa: «Sigue como eres, hasta el último momento, para qué vamos a cambiar».

«LA DECISIÓN DE CANTAR NO LA TOMÉ YO»

¿Su mejor papel? No lo duda: «Mis hijos». En el plano profesional, dejar de hacer Werther, porque se quedaba «sin voz». «Alfredo Krauss me decía: ‘Teresita, no te emociones tanto que este Werther es tremendo. Es un papel con el que hay que tener mucho cuidado’. Tenía razón Alfredo», apunta.

Berganza no puede dejar de hablar orgullosa de su mayor proeza: sus hijos. Tenerlos ha sido lo que más le ha marcado en su vida. «Los momentos más hermosos que he vivido han sido las tres veces que he parido. Nunca, ni cantando, he tenido una emoción tan grande como cuando han salido mis hijos del vientre y los he cogido», ha manifestado.

Pero la mejor decisión, aparte de tener a sus hijos, ha sido cantar, aunque realmente no lo decidió ella. «Estudié piano y decían que era muy buena pianista, pero no. La decisión de cantar no la tomé yo, llegué a cantar porque la vida me puso ahí. De repente estaba cantando en el mundo», ha señalado.

Aunque afirma que ha sido «muy loca», tanto que su nieta de pequeña decía que su abuela era «la más guapa, joven y loca», señala que su cabeza está «en su sitio». «Nunca he hecho lo que mi voz no podía hacer, nunca he forzado a cantar roles que no podía», indica.

En el plano musical se siente satisfecha y afirma: «Es más difícil vivir que cantar». Según cuenta, se ha pasado la vida del avión al hotel, del hotel al teatro, ensayando horas y meses, para luego volver del avión a casa. «Mis niños han pasado días y horas en habitación de hotel, pero al menos tenían a su madre», indica.

«¿Vida sacrificada? A mí no me gustan las fiestas. No bebo porque me mareo y comer pesado me sienta mal. Soy hogareña», concluye la mezzosoprano.