Thais en el Teatro Real con Plácido Domingo: el atractivo de lo imperfecto

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Thais en el Teatro Real
Thais en el Teatro Real

Último título de la temporada, otra cita con Domingo y su anual traje a medida en el Real. Partitura envuelta en un magnético exotismo y dotada de rasgos melancólicos, destaca por una delicada orquestación, de variado signo, y por una notable riqueza temática. La célebre Meditación, con muy bello solo de violín, cobra una inusitada importancia dramática y se convierte en leitmotiv de la segunda parte de la ópera.

La ópera requiere en el papel de la cortesana arrepentida una soprano lírica plena, teniendo como gran referencia contemporánea a Renne Fleming. Nada más lejos a priori de las características vocales de Ermonela, una voz clara, corta en volumen y velada en la emisión. Sin embargo suple estas carencias con un canto magistral, técnica impecable, reguladores e intención musical. Hace suya la Thais, la siente e interpreta y acaba enamorando al público por su delicadeza y sensualidad.

Tres cuartos de lo mismo sucede con Domingo, que con sonido de tenor adaptado al registro de barítono hace su particular versión del monje cenobita Athanael. Hubo dudas, desajustes, lectura íntegra de la partitura y cierta angustia por parte del público que le adoramos. Pero finalmente se impuso el monstruoso artista, sus notas aún bellísimas, la entrega y generosidad de un músico irrepetible y eterno. Cuando el maestro pisa él escenario, sube la temperatura y el corazón late a toda velocidad.

La orquesta y coros funcionaron con solvencia a pesar de la evidente falta de ensayos y de ser la primera vez que interpretaban esta parte. Pero otra vez más y en este caso el director Patrick Fourniller se hizo con las riendas de la caravana e impuso su magnífica lectura con precisión, pulso y conocimiento total. Interesante maestro que hizo de la Meditación el momento más emotivo de la representación.

Emiliano Suarez