Tiene remedio el Teatro Real?

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 Teatro-Real2.Madrid

 

Desde su recuperación como teatro de ópera, el Teatro Real ha sido una fuente permanente de conflictos por los nombramientos de sus directores artísticos. Lisnner, Cambreleng, Sagi, Moral y Mortier, aparte de otros asuntos.

Creo que sería interesante analizar un poco las posibles causas de estos conflictos.

Es cierto que cuando los políticos interviene en la cultura, lo estropean todo, los hechos lo ponen de manifiesto. Sin embargo hay un punto conflictivo mas cercano de lo que ocurre y no debiera ocurrir en este teatro: el Patronato que lo dirige.

Desde su inicio, el patronato ha estado formado por personas relevantes, no siempre de la cultura, también se incluyen empresarios por aquello de los mecenas, que habitualmente han sido convidados de piedra salvo excepciones.

El último capítulo, que se inicia con el nombramiento del belga Gerard Mortier, ha colmado todos los escándalos posibles –de momento-. Se sabía perfectamente cual era la línea de Gerard Motier. En todos los sitios donde ha estado ha dejado importantes deudas y déficit, abandono de público, negativa de grandes artistas a trabajar con él. Derroche de todo tipo, además de ofensivas declaraciones y provocaciones. Nadie se puede llamar a engaño.

El amiguismo, las influencias de empresas como Prisa o el nombramiento de presidente del Patronato en la persona de Gregorio Marañón y sus acciones han provocado el rechazo constante de los aficionados, la caída de abonos, bajada de ventas en taquilla, y el rechazo general.

No vamos a referirnos al anterior despido del Director Artístico Antonio Moral; ya es agua pasada. Pero lo ocurrido con el despido de Mortier y nombramiento de Matabosch es de vodevil.

Por supuesto que al Patronato le corresponde el nombramiento de este cargo, pero los tejemanejes de unos y otros han dejado una imagen lamentable en el mundo de la ópera, de la que se han hecho eco también en otros países.

Las formas lo han estropeado todo. No se puede despedir a una persona y que esta se entere por los periodistas, y no por el Presidente del Patronato como es su obligación.

Los problemas con Mortier viene desde su misma presentación hace 4 años, cuando afirmó que los cantantes españoles no sabían lo que cantaban., y el Presidente del Patronato, Marañón, presente, no desmintió ni corrigió nada. El que calla otorga. A partir de entonces se han ido sucediendo distintas declaraciones de Mortier siempre en tono agresivo e insultante.

Posiblemente el punto de inflexión de toda esta lamentable historia se remonte al estreno de la producción de la ópera de Mozart Don Giovanni en la pasada temporada. Las protestas fueron unánimes e incluso el propio Marañón hizo una crítica muy dura de esta producción.

Después viene el descubrimiento del cáncer de Mortier aunque públicamente no se conoce hasta este septiembre a partir de unas declaraciones-montaje que el diario El País en las que el Director Artístico en su tono habitual agresivo lanza un órdago al Gobierno, y por lo mismo al Patronato, afirmando que si se le destituye sin que el intervenga en el nombramiento de su sucesor para que siga su programa–da varios nombres- que se va ya. Además de otras lindezas como que en España no hay directores artísticos que merezcan la pena.

La publicación de estas declaraciones colma el vaso y se empieza a tomar cartas en el asunto para sustituirle.

Entonces comienza el guirigai. El ministro Wert interviene pretendiendo imponer a su candidato Pedro Halfter, y si no puede ser como Director Artístico, sí como director musical.

Las conversaciones con Matabosch se paralizan por iniciativa de este que no está dispuesto a que el ministro le imponga un nombramiento.

Dentro del propio Ministerio de Cultura se manifiesta la profunda división de criterio entre el ministro Wert y el Director del INAEM Recio y el Dir. General de Cultura Lasalle –es de suponer que este hecho tenga consecuencias-.

Finalmente Wert da marcha atrás y a esta fecha Matabosch está confirmado como sucesor de Mortier desde este momento.

A partir de aquí se suceden las declaraciones de los interesados y de personas afines. Al final queda el escándalo, y el Teatro Real en entredicho.

Mientras tanto Gregorio Marañón permanece en silencio, sin dar la cara. Y es él el origen del problema. Su nombramiento ya fue un gol en las porterías del Ayuntamiento y Comunidad de Madrid, tan alejados del mundo de la cultura como es manifiesto. Los nombramientos de nuevos patronos trajo vida al patronato, parándole los pies en mas de una ocasión a su presidente por sus formas nada democráticas.

Realmente el Teatro Real de Madrid necesita de otras personas responsables de su marcha diaria. Mucho más implicadas en el género lírico, atentas al posible derroche –como hasta ahora en la época Mortier –veremos que sale de las auditorias oficiales de 2012 y 13-, pendiente de las reacciones globales de los aficionados –no se puede dirigir un teatro de ópera nacional con presupuestos del erario público o privado de empresas, que al final también es público- como si fuera privado; a capricho de unos pocos y según gustos muy personales. Nunca deberá ser la ópera un medio de adoctrinamiento social o político. La ópera es el arte total y por lo mismo debe estar enfocado a la mayoría sin olvidar las minorías. La música, las voces, la orquesta son lo primero, lo que justifica este espectáculo. El resto es envoltorio, que puede llegar a ser muy bueno, y es de desear, pero después de la música. Mucho menos debe servir para traicionar libretos y partituras con burdas manipulaciones.

Quien no este convencido de esto no tiene sentido que esté al frente de un teatro de ópera.

 

Francisco García-Rosado