Tosca en Berlín: Grandes expectativas no satisfechas plenamente

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Tosca en Berlín. Foto: B. Stöss
Tosca en Berlín. Foto: B. Stöss

Llega a su fin este viaje a Berlín, que se coronaba con esta Tosca con la presencia de Anja Harteros. La verdad es que la representación me ha defraudado, al menos en parte. Comprendo que tiene que ser muy difícil mantener siempre un nivel excepcional, como el que nos ofreció la Harteros en la Tosca de Munich en el pasado mes de Julio. Es verdad que entonces el resto del reparto y el director eran auténticamente excepcionales y eso siempre ayuda a dar lo mejor de uno mismo a cualquier cantante. No ha sido así en este caso, habiendo asistido a una buena Tosca, pero no a una Tosca excepcional, que es lo que yo siempre espero de tan gran cantante.

La Deutsche Oper ha vuelto a poner en escena la producción del ya desaparecido Boleslaw Barlog, que llega con ésta nada menos que a 381 representaciones. Ha cumplido la cifra espectacular de 47 años y bueno será recordar que en su estreno Tosca fue la siempre recordada Pilar Lorengar. Un auténtico prodigio de longevidad. Estamos ante una producción de las que hoy no se llevan, es decir escenarios realistas, vestuario de la época en la que se desarrolla el drama y ni la más mínima provocación. En la escenografía de Filippo Sanjust no falta nada: la Madonna en una columna (como dice el libreto), la pila y la capilla en el primer acto. Por supuesto, el crucifijo y los candelabros en el segundo, y, finalmente, la terraza, el ángel y la vista a lo lejos de San Pedro del Vaticano en el tercero. El vestuario lleva la firma del mismo Filippo Sanjust y es el visto tantas veces, destacando el de Floria Tosca, que fue estrenado hace casi 4 años para el debut de Anja Harteros en el personaje. Una producción del mayor de los clasicismos, especialmente recomendada para nostálgicos, aunque no tiene el brillo de las de Franco Zeffirelli.

La dirección musical corrió a cargo del croata Ivan Repusic, muy habitual en el foso de la Deutsche Oper. El mayor problema de su dirección ha consistido en tener que luchar con el recuerdo que guardo de la Tosca de Munich el pasado mes de Julio. Evidentemente, es una pelea perdida de antemano, ya que ¡cómo olvidar la dirección de Kirill Petrenko! La diferencia entre lo bueno y lo excepcional es mucho mayor de lo que parece. La lectura de Ivan Repusic ha sido correcta y adecuada, aunque haya habido algún exceso de volumen en el foso. Nada que objetar a la prestación de la Orquesta de la Deutsche Oper. Tanto el Coro como el Kinderchor de la Deutsche Oper lo hicieron bien.

Tosca fue nuevamente Anja Harteros, que debutó aquí mismo el personaje hace casi 4 años. Tuve la fortuna de asistir a aquellas representaciones y quedé deslumbrado con su actuación en todos los sentidos. Más todavía quedé impactado por su Toca en Munich hace unos meses. Para mí Anja Harteros no ha estado a la altura excepcional de las dos ocasiones señaladas. Solo se puede hablar de decepción, si partimos de la base de que uno siempre espera de ella la más pura excelencia. Siendo una notable interpretación vocal y escénica, no ha alcanzado la excelencia de las otras ocasiones. Faltó más química con su Cavaradossi, mayor transmisión al público e incluso vocalmente no tuvo la facilidad y brillantez insultante de las otras ocasiones. Sigue siendo una gran Tosca, pero tiene que luchar con ella misma y el recuerdo que nos ha dejado en las otras ocasiones. Aunque mis comentarios tienen una carga subjetiva indudable, les puedo decir que los aplausos del público tras su Vissi d’arte fueron exactamente la mitad de los que cosechó en 2013.

Tosca en Berlín
Tosca en Berlín. Foto: B. Stöss

El tenor canario Jorge de León fue Cavaradossi y nada descubro diciendo que su voz no puede ser más adecuada al personaje. Voz plena, atractiva y brillante como pocas. Sin embargo, en su interpretación faltan matices y se refugia mucho en sonidos abiertos. Me llamó la atención el pronunciado vibrato que exhibió al inicio de la ópera, especialmente en Recondita armonia, que luego se corrigió parcialmente. No me convenció su interpretación de È lucevan le stelle, poco interiorizado. Quizá lo mejor de su actuación fue el Vittoria, vittoria del segundo acto.

El barítono italiano Lucio Gallo sustituyó a última hora a Falk Struckmann, cuya presencia, por cierto, no me hacía muy feliz de antemano. Lucio Gallo fue un Scarpia excesivamente vociferante, en las antípodas de lo que nos ofreció Bryn Terfel en Munich el pasado verano. Evidentemente, tiene voz adecuada al personaje, pero el malvado Scarpia necesita más elegancia y matices.

El Sacristán volvió a ser interpretado por Seth Carico, que me sigue resultando poco adecuado, con una voz ligera para el personaje. También repetía Ben Wager como Angelotti y, como hace cuatro años, tampoco me gustó esta vez, con la voz totalmente atrás. Spoletta fue interpretado por James Kryshak, adecuado vocalmente, pero sumamente exagerado en escena. Correcto, el Sciarrone de Alexei Botnarciuk. Sonoro el Carcelero de Dong-Hwan Lee. Sin pena ni gloria el Pastorcillo, interpretado por Wiebke Friedrich

La Deutsche Oper ofrecía una entrada algo superior al 90% de su aforo, gracias a la venta de entradas de última hora y a precios reducidos. Las colas de jóvenes en taquilla eran espectaculares. El público se mostró muy calido con los artistas, dedicando sonoros bravos a los tres protagonistas, especialmente a Anja Harteros.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 3 horas y 2 minutos, incluyendo dos largos intermedios. Duración musical de 1 hora y 54 minutos. Seis minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 97 euros, habiendo butacas de platea desde 55 euros. La localidad más barata costaba 31 euros.

José M. Irurzun