Tosca. Puccini. Munich

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Nationaltheater de Munich. 18 Julio 2014.

Esta representación de Tosca no iba a ser una más, como suele ocurrir en 9 de cada 10 veces. Contaba con un reparto muy interesante, en el que destacaba la presencia de Anja Harteros y de Marcelo Álvarez. Al llegar al teatro, me encontré con mucha gente vendiendo entradas, lo que me hizo temer lo peor y casi se confirman mis temores. Al menos, la cancelación no era la de Anja Harteros, sino la de Marcelo Ávarez, que fue sustituido a última hora por el prácticamente desconocido tenor italiano Stefano La Colla. No era un inicio prometedor.

Anja Harteros es una de las mejores sopranos de la actualidad y para quien estas notas escribe no hay ninguna otra que supere a la alemana. La podrán superar en glamour o en trascendencia mediática, pero no en importancia artística. Vaya por delante que soy muy consciente que este tipo de valoraciones son muy personales, pero llevo bastantes años disfrutando con el arte de esta soprano como con muy pocos cantantes lo he hecho en mi vida. Seguramente, entenderán que yo mismo me habría puesto a intentar vender mi entrada, si la cancelación hubiera sido la de Anja Harteros.

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Si no me equivoco, era ésta la primera ocasión en que la soprano alemana cantaba el personaje de Tosca en Munich, aunque no era su debut en el rol. Pocas pegas se le pueden poner a su actuación. Su Tosca fue muy buena en todos los sentidos. Poderosa, apasionada y siempre dueña de su magnífica voz. Algo, sin embargo, faltó para que llegara a la altura que yo esperaba de ella. A mi parecer lo que faltó fue un Cavaradossi que tuviera un mínimo de química con ella. Tiene que ser muy difícil mostrarse apasionada en escena, cuando tu supuesto amante es un auténtico muermo inexpresivo. Tengo el pleno convencimiento de con Marcelo Álvarez, aunque éste no esté en su mejor momento, las cosas habrían sido distintas. De hecho, lo mejor de Anja Harteros fue el segundo acto, en el que el Barón Scarpia era al menos creíble.

Supongo que la cancelación de Marcelo Álvarez pilló de sorpresa a la Bayerische Staatsoper y tuvieron que remover la tierra para encontrar un Cavaradossi en 24 horas. De hecho, hasta el mediodía aparecía anunciado el argentino en la página web del teatro. No es sino la repetición de lo ocurrido hace dos meses en Berlín y también en Cavaradossi. El elegido (si es que se pudo elegir), como´en el caso de Berlín, fue el italiano Stefano La Colla, a quien yo no tengo reparo de incluir en la categoría de “jotero”. La voz tiene cierta amplitud y algún atractivo; problemático en el paso, y brillante en las notas más altas. Sus mayores problemas radican en su escasa musicalidad, su engolamiento en el centro, su falta total de expresividad y la monotonía en su canto. Comprenderán que con un Cavaradossi así no hay Tosca apasionada que valga. La Bayerische Staatsoper le estará agradecida, pero no comparto su agradecimiento. Lo dicho, un jotero.

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Zeljko Lucic es uno de los pocos barítonos verdianos de la actualidad, pero el Barón Scarpia requiere otro tipo de voz. Hace falta un bajo-barítono, como lo era Ruggero Raimondi en su día o lo es hoy Bryn Terfel. En el primer acto su voz tenía dificultades para proyectarse por encima de la orquesta, resultando particularmente débil en graves. La cosa mejoró notablemente en el segundo acto, pero tampoco su composición del personaje fue demasiado convincente. En Scarpia hace falta un intérprete que aúne elegancia con bajas pasiones y Lucic se limitó a esto último. Creo que haría muy bien en seguir cantando roles verdianos, donde resulta mucho mas interesante.

Los personajes secundarios estuvieron bien cubiertos. Repetía Goran Juric su adecuado Angelotti, como también lo hacía Renato Girolami en el Sacristán. Correctos tanto Fracesco Petrozzi (Spoletta) como Christian Rieger (Sciarrone). Buena impresión la dejada por Tim Kuypers como el Carcelero.

Esta Toscas en Munich nunca han tenido demasiada fortuna con la dirección musical. En anteriores ocasiones ocupó el podio Marco Armiliato, que no pasó de una prestación más allá de los correcto, y algo parecido se puede decir en esta ocasión de Carlo Montanaro. En Puccini siempre se agradece algo más que eso. Buena como siempre la Bayerische Staatsoorchester, así como el Coro de la Bayerische Staatsoper en su breve intervención.

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Se reponía la producción de Luc Bondy, cuyo estreno en el Metropolitan en Septiembre de 2009 trajo consigo el escándalo, al sustituir a la antigua producción de Franco Zeffirelli, tan amada en la ciudad de los rascacielos. La verdad es que esta producción puede gustar más o menos, pero difícilmente puede provocar un escándalo. Se trata de una producción tradicional La escenografía de Richard Peduzzi no tiene la espectacularidad de otras, pero sigue fielmente al libreto. Una Iglesia un tanto pobretona en el primer acto, el Palacio Farnese en el segundo, aunque podría ser una habitación de un hotel, ya que los lujos eran más bien escasos, y, finalmente una terraza elevada en una fortaleza, aunque falta el famoso Ángel. El vestuario de Milena Canonero responde a la época del libreto y resulta adecuado, particularmente en lo que se refiere a la diva. Hay algunas novedades en la producción, particularmente en el segundo acto, en el que Scarpia no muere a manos de Tosca acuchillado repetidas veces, como ocurría anteriormente, sino de una única y certera puñalada. También en esta ocasión se prescinde al final del acto del absurdo momento en que Tosca descansa en el sofá, mientras se da aire con el abanico de la Atavanti. En resumen, una producción clásica y tradicional, menos espectacular que otras y corta de brillantez en muchos momentos.

El Nationaltheater ofrecía una ocupación prácticamente total. El público demostró su cariño y admiración a Anja Harteros, muy ovacionada en el Vissi d’arte. En los saludos finales hubo bravos para todos – no es un error, los hubo para todos -, pero las mayores aclamaciones fueron para la gran Harteros.

La representación comenzó con 5 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 33 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 1 hora y 51 minutos, lo que es nada menos que 8 minutos menos que la de Marco Armiliato hace dos años y exactamente igual que la que dirigió Zubin Mehta en Valencia. Once minutos de aplausos, los dos últimos con el teatro casi vacío.

El precio de la localidad más cara era de 194 euros, habiendo butacas de platea desde 118 euros. La entrada más barata con visibilidad plena costaba 65 euros, Las había con escasa visibilidad por 17 euros.

Nota: No hay fotos de la producción con este reparto.

José M. Irurzun