Tradicional y bien servida vocalmente Andrea Chenier en la Deutsche Oper

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Andrea Chenier en la Deutsche Oper
Andrea Chenier en la Deutsche Oper. Foto: B. Stöss 

Esta representación de Andrea Chenier ha tenido un buen resultado en su segunda parte, mientras que la primera ha quedado por debajo. Hemos tenido una tradicional producción escénica con alguna originalidad, una dirección musical un tanto ruidosa y un reparto vocal que ha destacado más en sus arias que en su interpretación global. 

La producción escénica se debe al británico (aunque nacido en Cuba) John Dew y fue estrenada aquí en 1994, siendo ésta la representación número 40 que alcanza esta producción, lo que no es mucho teniendo en cuenta su antigüedad. Andrea Chenier no admite muchas aportaciones personales por parte de los registas de turno, ya que el libreto marca con todo detalle dónde y cuando se desarrolla la acción. Efectivamente, estamos en una producción tradicional, en la que la única originalidad es el hecho de que el duelo en el segundo acto entre Andrea Chenier y Carlo Gerard no termina con éste herido por aquél, sino que se hace el herido, cuando llega la multitud, para facilitar la huida de Chenier.

La escenografía de Peter Sykora ofrece una amplia plataforma en el primer acto, donde se desarrolla la fiesta en la mansión de la Condesa di Coigny, pasando a inclinarse la plataforma en el segundo acto, añadiendo un gran busto de Marat. Esta misma escenografía sirve para el tercer acto, eliminándose el mencionado busto. Finalmente, para el cuarto acto se eleva la plataforma, para figurar una especie de mazmorras subterráneas para el acto de la prisión. El vestuario es tradicional y debido a José Manuel Vázquez y únicamente diré que resulta demasiado colorista y hasta cómico en la fiesta de la Condesa di Coigny. 

La dirección musical estuvo encomendada al italiano Giampaolo Bisanti, uno de los directores de la nueva generación que está teniendo una carrera importante en los teatros de ópera. Su dirección ha sido enérgica, sin excesivos matices y para mi gusto ha abusado de volumen en más de una ocasión, especialmente teniendo en cuenta que la escenografía no facilitaba mucho la proyección de las voces. Buena la prestación de la Orquesta de la Deutsche Oper Berlín, así como la del Coro de la Deutsche Oper. 

El poeta Andrea Chenier tenía que haber sido interpretado por Roberto Alagna, pero ha cancelado sin que yo haya podido saber las razones. Ha sido sustituido por el tenor Martin Muehle, alemán, aunque nacido en Brasil, quien tiene una voz muy adecuada para el personaje. La parte más brillante es sin duda la más alta, ya que sus agudos son siempre poderosos, incluso más que su centro. El centro responde a la de una voz de lírico spinto, aunque no tiene la brillantez de su tercio superior y su afinación no es siempre digna de ser destacada. Su mejor momento fue su arioso ante el tribunal en el tercer acto. Hubo un aviso de indisposición al inicio de la representación, lo que justifica que en el dúo final con Maddalena no se fuera hacia arriba y que finalmente su voz cascara en la nota final de fino alla morte insieme. 

Andrea Chenier en la Deutsche Oper. Foto: B. Stöss 
Andrea Chenier en la Deutsche Oper. Foto: B. Stöss

Maddalena di Coigny fue interpretada por la soprano uruguaya María José Siri, que lo hizo bien, aunque sin mayor brillo durante la primera parte de la ópera, teniendo su mejor momento en el aria la Mamma morta, en la que arrancó la mayor ovación de la noche. 

Carlo Gerard era el barítono ruso Roman Burdenko, voz notable en calidad y volumen, aunque no corría con mucha facilidad, cuando cantaba desde la plataforma, ya que la producción era muy abierta. Su aria nemico della patria la cantó en la parte delantera y entonces todo funcionó mucho mejor. 

En los personajes secundarios Vasilisa Berzhanskaya fue una adecuada Bersi. La veterana Elena Zilio cumplió en la parte de Madelón sin mayor brillo. Voz amplia la del ruso Ievgen Orlov como Roucher, aunque algo basto. Correcta la mezzo Nicole Piccolomini como Condesa de Coigny. El tenor Burkhard Ulrich fue un Increíble no más que correcto. Adecuado Samuel Dale Johnson como Mattieu. Sin pena ni gloria tanto Philipp Jekal en Fléville como Ya-Chung Huang en el Abate. Adecuado, Bryan Murray como Schmidt, el Carcelero. 

El teatro ofrecía una entrada de alrededor de 2/3 de su aforo, estando los mayores huecos en los pisos superiores. El público se mostró cálido con los artistas tanto a escena abierta como en los saludos finales, recibiendo calurosos bravos los tres protagonistas. 

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 33 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 1 hora y 57 minutos. Ocho minutos de aplausos. 

El precio de la localidad más cara era de 100 euros, habiendo butacas de platea desde 34 euros. La localidad más barata costaba 24 euros. 

José M. Irurzun