Triunfo de Doña Francisquita en Lima

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Triunfo de Doña Francisquita en Lima
Triunfo de Doña Francisquita en Lima

Con gran placer para el público limeño, volvió a ponerse en el escenario una de las zarzuelas más valoradas por los aficionados y los conocedores. La Asociación Cultural Romanza tiene un especial cariño a la zarzuela y sabe combinarla con la ópera y opereta en su programación. Presenta este montaje de Doña Francisquita en Lima, y ojalá pueda hacerlo rodar en otras ciudades de Perú y de América del Sur. A este colectivo se debe que el género lírico español continúe vivo y goce de buena salud en este país. No cabe duda de que el maestro Amadeo Vives (1871-1932) dio con las claves secretas con esta obra, basada en un castizo libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw que partía de La discreta enamorada de Lope de Vega. Su espléndida factura orquestal y el concienzuda tratamiento vocal la hacen un sólido instrumento de lucimiento para la orquesta y los solistas. Sobre todo si cuentan con una dirección musical tan detallista como la de Oliver Díaz, capaz de domar al rudo conjunto orquestal (Orquesta Sinfónica Ciudad de Lima) hasta lograr que los tercetos, quintetos y escenas concertantes funcionaran sin asperezas.

Triunfo de Doña Francisquita en Lima
Triunfo de Doña Francisquita en Lima

Los dúos y las romanzas de solistas fueron tratados con mucha más delicadeza y las virtudes tímbricas exhibidas con mayor soltura. La soprano peruana Ximena Agurto fue una segura y brillante Francisquita en lo vocal y un tanto más discreta en lo escénico. El tenor, también peruano, Andrés Veramendi (Fernando) tiene, como se dice vulgarmente, más tablas que su compañera y se nota en el desparpajo con el que se movió en el escenario. Su canto fue elegante, con más mordiente del que podría esperarse en su personaje, pero esto no le resta sino todo lo contrario. Sus medias voces encandilan y le permite empastar con sus dos antagonistas vocales a las mil maravillas. Milagros Martín cinceló con maestría, en ambas facetas, a una Beltrana bullanguera y madrileña hasta la médula. El tenor argentino Santiago Burgi fue un simpático y contrastado Cardona, que suplió algún desliz vocal con un derroche de actuación. Un lujo el tenor Ricardo Muñiz como Don Matías y resultona la Doña Francisca de Pilar Ciruelos. La nueva producción fue encomendada a al buen hacer de Francisco Matilla. un gran conocedor y defensor del género, es atractiva, práctica y muy bella plásticamente. La escenografía (Emilio Montero) y la iluminación (Luis Baglieto) incidieron positivamente en el aspecto visual del espectáculo. El vestuario (DANAO Producciones), recargado en las formas y en el color, desafortunadamente no conseguía el mismo objetivo. El público limeño se rindió ante una zarzuela que probablemente es la más cercana a la esencia de Madrid, con su identificación con el espíritu juvenil, socarrón y festivo. Los largos aplausos fueron entusiastas, como si del regreso feliz de una hija se tratara. Los hubo para todos y cada uno de los artistas que subieron al escenario a saludar.

Federico Figueroa