Un Fidelio por debajo de lo esperado

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Un Fidelio por debajo de lo esperado
Un Fidelio por debajo de lo esperado. Foto: B. Uhlig

Esta representación de Fidelio ha sido en buena parte decepcionante, comenzando por una producción un tanto ramplona, siguiendo por una dirección musical por debajo de lo que puede esperarse en este teatro, y, finalmente, un reparto vocal con luces y sombras.

La producción del alemán Harry Kupfer se estrenó en Octubre de 2016 y sustituyó a la conocida de Stéphane Braunschweig, que llevaba representándose desde el año 1995. Digo lo de conocida porque es la producción que pudimos ver en Madrid en el año 2001 en aquellas visitas que hacía Daniel Barenboim con la compañía de la Staatsoper de Berlín.

La producción de Harry Kupfer ofrece un escenario prácticamente único para toda la ópera y que dramáticamente no tiene demasiado sentido. En el primer acto, que se desarrolla como conocen los aficionados en la vivienda del carcelero Rocco, se nos ofrece un amplio espacio vacío, en el que hay un gran piano de cola con un busto de Beethoven, siendo lo demás simplemente paredes. La mencionada escenografía es obra de Hans Savernoch. La verdad es que un piano de cola en la casa de un carcelero llama la atención. La salida de los prisioneros al final del primer acto se hace como si fuera un puro coro, ya que se sitúan como tal en el escenario. La escena de la mazmorra en el arranque del segundo acto ofrece el mismo escenario, aunque se han colocado el piano y el busto a un lado, oscureciendo la escena. Para la escena final Harry Kupfer pretende que estamos en una sala de conciertos y hasta hace que los protagonistas se sienten con partituras en sillas situadas en el frente del escenario. El vestuario de Yan Tax es moderno y no ofrece apenas interés. Correcta la iluminación de Olaf Freese.

La dirección de escena de Harry Kupfer tampoco tiene nada de particular, pasándose de la escena de las mazmorras a la final sin ninguna obertura Leonore de por medio. En suma, una producción de muy escaso interés.

La dirección musical corrió a cargo de Karl-Heinz Steffens, director alemán a quien veía por primera vez y su lectura no me ha entusiasmado precisamente. Empezaré por decir que no interpretó la obertura Fidelio, sino la Leonore nº 2. A partir de ahí su dirección me pareció segura y controlada, pero corta de aliento y de inspiración, lo que en esta ópera es especialmente importante. No pasó de ser una lectura más de la obra de Beethoven y esto me hace esperar con más ganas todavía la que me aguarda en Munich el mes próximo con Kirill Petrenko al frente. Buena la prestación de la Staatskapelle Berlín. Bien también el Staatsopernchor.

Leonore o Fidelio fue interpretada por la soprano Simone Schneider, que volvió a confirmar la positiva impresión que me dejó cuando le vi hace un par de años como Sieglinde en Viena. La voz tiene calidad y corre bien, siendo una buena intérprete.

Nuevamente fue Florestán el tenor Klaus Florian Vogt, que como siempre me ha resultado un notable cantante, cuya voz no me parece la más adecuada para el personaje de Florestán. Vogt es uno de los mejores posibles intérpretes en la actualidad en personajes como Lohengrin o Walther von Stolzing, pero su voz no va también a personajes más dramáticos, como es el caso de Florestán. En su haber hay que decir que pudo perfectamente con la difícil tesitura que le dedicó Beethoven.

A destacar también la actuación del bajo alemán René Pape en la parte de Rocco, con voz poderosa y atractiva y cantando con gusto y autoridad. Fue una pena que la escena no le hubiera envejecido más su aspecto, pero eso no era problema suyo.

Falk Struckmann fue una vez más Pizarro y volvió demostrar que está en un claro declive vocal. Su voz no es en timbre ni en volumen ni sombra de lo que fue hace unos años.

Positiva la prueba de la soprano Mandy Fredrich en el personaje de Marzelline, con una voz atractiva y bien manejada.

La parte del ministro Don Fernando fue interpretada por el bajo barítono Arttu Kataja, poco convincente vocalmente, ya que la voz se queda atrás.

Completaba correctamente el reparto el tenor Florian Hoffmann en la parte de Jaquino.

La Staatsoper había agotado nuevamente sus localidades. El público no se mostró entusiasmado con la representación. Los mayores aplausos fueron para los tres principales protagonistas. No hubo bravos para el director.

La representación comenzó con puntualidad y tuvo una duración de 2 horas y 33 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical, incluyendo diálogos, de 2 horas y 1 minuto. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 95 euros, habiendo butacas de platea desde 65 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 35 euros.

José M. Irurzun