Un gran Falstaff en el Covent Garden

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Falstaff en el Covent Garden
Falstaff en el Covent Garden. Foto: C. Ashmore

En algunas ocasiones – ésta es una de ellas – el Covent Garden ofrece dos óperas en el mismo día, una de ellas al mediodía. En esta ocasión el programa del día tenía alicientes claros, ya que por un lado estaba la última representación del Falstaff de Verdi y por otro – por la tarde-noche – se ofrecía en versión de concierto una rareza de Donizetti nunca estrenada. Me refiero a L’Ange de Nisida, el antecedente inmediato de La Favorita.

La representación de Falstaff se puede considerar como un claro éxito, ya que a la excelente producción escénica se une una dirección musical digna de ser destacada y un reparto vocal de altura, en el que brilla el protagonista que da título a la ópera.

El espectáculo escénico era inicialmente una coproducción del Covent Garden, la Scala y la Canadian Opera de Toronto, si bien ahora desaparece el teatro milanés y se añaden a los coproductores los nombres de la Ópera de Ámsterdam y el Metropolitan de Nueva York. Lleva la firma de Robert Carsen y se estrenó en la Scala en Enero de 2013. Es una de esas raras producciones donde se aúnan la belleza estética con una extraordinaria dirección escénica, en la que la fidelidad a libreto y música es digna de elogio.

Robert Carsen trae la acción a los años 50 y, por supuesto, en Inglaterra. La escenografía de Paul Steinberg es bellísima, situando la primera escena en la habitación de Sir John en el hotel de la Giarrettiera, rodeada de paredes en madera, que están presentes en otras escenas, dando un aire británico notable. La visita de Mrs. Quickly y Ford al Pancione tiene lugar en el salón del hotel y funciona a las mil maravillas. La presentación de las comadres se desarrolla en un restaurante, a donde acuden a comer y charlar las tres amigas y Nannetta. Bellísima la escena de la visita de Falstaff a la casa de Ford, que se desarrolla en una amplia cocina, en la que no falta ningún detalle. Estupenda es la primera escena del tercer acto, que se desarrolla en la cuadra del hotel, en la que Falstaff dedica sus comentarios a su compañero, que no es otro que un caballo, que asoma la cabeza por una ventana. Quizá lo menos conseguido es la escena del Paque de Windsor, que se transforma finalmente en una celebración por todos los personajes. El vestuario de Brigitte Reiffenstuel es elegante, colorista y divertido. La iluminación se debe al mismo Robert Carsen y a Peter van Praet y adquiere un gran protagonismo en muchos momentos de la ópera.

La dirección escénica de Robert Carsen es un prodigio de imaginación y de conocimiento profundo de la partitura y el libreto. El trabajo con los cantantes es magnífico y los golpes de ingenio se suceden continuamente. Se trata, sin duda, de uno de los mejore trabajos escénicos del canadiense, lo que es tanto como decir que es una de las mejores producciones escénica en muchos años.

Falstaff en el Covent Garden. Foto: C. Ashmore

La dirección musical ha estado encomendad al italiano Nicola Luisotti, cuyo trabajo ha sido plenamente convincente. Su dirección ha estado cargada de sentido del humor y ha sido una lectura con la que hemos podido disfrutar. Sin duda, Nicola Luisotti es uno de los directores de ópera italianos más convincentes de la actualidad y lo ha vuelto a demostrar. A destacar la prestación de la Orquesta de la Royal Opera House. Lo hizo bien el Coro de la Royal Opera en su breve intervención del último acto.

Sir John Falstaff fue una vez más Bryn Terfel, que hizo una interpretación magnífica. Desde el arranque de la ópera Terfel no interpretó, sino que fue Falstaff en todo momento. La identificación entre el personaje y el cantante es insuperable. La sonrisa de los espectadores surgía ante cada gesto del artista. Vocalmente, el personaje le va muy bien y no se sabe si alabar más su interpretación vocal o escénica.

Alice Ford era la soprano puertorriqueña Ana María Martínez, que lo hizo de manera adecuada tanto vocal como escénicamente, si bien una vez más he encontrada a la cantante un tanto impersonal.

La canadiense Marie-Nicole Lemieux fue una estupenda Mrs. Quickly, en una actuación muy divertida, en la que saca un gran partido de su orondo físico. Era evidente que se divertía y eso siempre se nota por el espectador. Vocalmente, es muy adecuada para el personaje.

Simon Keenlyside dio vida a Ford y lo hizo de manera adecuada, cantando con mucha intención la conocida como el aria de los cuernos, es decir e’ sogno o realtá. Hace tiempo que no encuentro al barítono británico en su mejor momento vocal, pero aquí cumplió perfectamente.

A destacar la actuación de la soprano alemana Anna Prohaska como Nannetta, que cantó con mucho gusto y afinación e hizo una auténtica exhibición de fiato en algunos momentos.

Lo hizo bien el tenor Frédéric Antoun en la parte de Fenton. Adecuada, Marie McLaughlin como Meg Page. También cumplieron perfectamente los personajes secundarios, cubiertos por Peter Hoare como Doctor Cajus, Michael Colvin como Bardolfo y Craig Colclough como Pistola, divertidísimos estos dos últimos.

El Covent Garden ofrecía una ocupación de alrededor del 95% de su aforo. El público mostró su entusiasmo durante la representación y en los saludos finales, siendo las mayores ovaciones para Bryn Terfel, aunque todos recibieron su ración de bravos.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 46 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 2 minutos. Cinco minutos de aplausos, como es habitual en este teatro.

El precio de la localidad más cara era de 175 libras, costando la más barata con visibilidad plena 35 libras.

José M. Irurzun