Un luto festivo en La Traviata del Liceu de Barcelona, con Pretty Yende.

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                 La Traviata del Liceu de Barcelona, con Pretty Yende. Por Félix de la Fuente

Violetta (Pretty Yende) y Alfredo (Dmitry Korchak). La Traviata del Liceu de Barcelona. Foto: © A. Bofill
Pretty Yende y Dmitry KorchakLa Traviata del Liceu de Barcelona con Pretty Yende                              Foto: © A. Bofill

La atmósfera se agrava en los pulmones del Liceu de Barcelona y a pocos minutos de que se levante el telón de La Traviata, el volumen de la sala aparece apenas salpicado aquí y allá con cabezas de algunos espectadores. El aliento que le falta al respetable es agónico… la limitación por parte de las autoridades catalanas a 500 personas queda lejos del medio aforo que permitiría un funcionamiento rentable, y el Gran Teatre ha suspendido preventivamente esta semana las primeras de las 16 funciones restantes de diciembre a la espera de que la Generalitat reconsidere la limitación. Lo factible de la ampliación de aforo que se demanda lo demuestra el funcionamiento al 50% del Teatro Real de Madrid en su programación de Don Giovanni de este diciembre y enero. Al abrirse el telón, sin embargo, ese aire agravado penetra en la boca del escenario para dar aliento a esta Traviata y ser transformado por la protagonista, enferma de tisis, en un ejercicio de belleza en la voz de Pretty Yende, aplaudida sin par a lo largo de la noche.

Salón del primer acto.  Foto: ©A Bofill
Salón del primer acto. La Traviata del Liceu de Barcelona, con Pretty Yende                                      Foto: © A. Bofill 

Con esta Traviata, el Liceu repone la severa producción de David McVicar ambientada en los salones de un París decimonónico, de paredes negras con ribeteados dorados en una suerte de luto festivo. La escenógrafa Tanya McCallin presenta variaciones de un salón de perspectiva acusada y sus cortinajes para ambientar los tres actos por los que transita la protagonista. Desde los fastos sociales a la titilante soledad final, pasando por el pasional retiro con Alfredo Germond. Frente a la destelleante Violetta de Pretty Yende, su amante Alfredo, interpretado por Dmitry Korchak, fue tomando presencia paulatinamente hasta un meritorio acto final. Sin embargo fue el padre de éste, Giorgio Germont, quien encontró el beneplácito del público de principio a fin en la solemne interpretación vocal y dramática de Giovanni Meoni. La divertida pieza coreográfica del segundo acto y el atinado desempeño del resto del cast y el coro completó una puesta en escena a la que la directora Speranza Scappucci supo sacar brillo desde el foso y hacer calar la efusión y el desmoronamiento de la protagonista a a lo largo de la partitura.

En este diciembre de Covid-19, esta Traviata que su protagonista Pretty Yende hace florecer, nos remite al pasaje del libreto del primer acto donde se invoca la flor que titula la novela de Alejandro Dumas (hijo) sobre la que se basa, La dama de las camelias. Alfredo y Violeta en un aparte de la fiesta que inaugura la ópera:

Alfredo: Me marcho

Violetta: ¿Así os lo tomáis? Tomad esta flor.

A: ¿Para qué?

V: Para devolvérmela.

A: ¿Cuándo?

V: Cuando se marchite.

A: ¡Oh, cielos! ¡Mañana!

V: …muy bien, mañana.

Se mezcla a la impaciencia de Alfredo la vocación simbólica de una flor a marchitarse antes de tiempo…

…esperemos de este modo que la Generalitat autorice en breve el medio aforo que permita al Liceu reabrir sus puertas, y evitar así que el resto de funciones se marchiten, igualmente, antes de tiempo.


Ficha artísitca: La Traviata, de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave sobre la novela La dame aux camélias de Alejandro Dumas (hijo). Violetta Valéry (Pretty Yende), Flora Bervoix (Laura Vila), Annina (Gemma Coma-Alabert), Alfredo Germont (Dmitry Korchak), Giorgio Germont (Giovanni Meoni), Gastone (Antonio Lozano), Barón Douphol (Gerardo Bullón), Marqués d’Obigny (Tomeu Bibiloni), Doctor Grenvil (Felipe Bou). Coro del Gran Teatre del Liceu. Dirección del coro (Conxita García) Orquesta sinfónica del Gran Teatre del Liceu. Dirección musical: Speranza Scappucci. Dirección escénica: David McVicar. Crítica de la función del 5 de diciembre de 2020.