Un magnífico Barba Azul en Munich

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El Castillo de Barba Azul. Foto: W. Hösl
El Castillo de Barba Azul. Foto: W. Hösl

Tengo costumbre de escribir siempre los títulos de las óperas en su lengua original y quizá resulte en este caso confuso. Me estoy refiriendo a El Castillo de Barba Azul.

Hemos asistido a una muy buena representación de esta ópera, en la que han brillado todos los aspectos de la misma, desde una producción atractiva y muy adecuada a una pareja protagonista digna de ser destacada, pasando por una estupenda dirección musical.

Esta ópera de Béla Bartok se suele representar en programa doble y aquí no ha sido así, sino que se anunciaba como Judith y acompañando a la ópera el Concierto para Orquesta del compositor húngaro, que fue una de sus últimas obras, ya que se estrenó en 1944, muriendo su autor apenas un año más tarde.

Anunciado como Judith y con concierto por delante, la verdad es que todo me resultaba extraño, pero debo decir que la cosa tiene su sentido, independientemente de que la ópera propiamente dicha no es sino El Castillo de Barba Azul.

Se abre, pues, la velada con el mencionado concierto, con la orquesta en el foso y las luces del teatro apagadas, ya que durante el mismo se proyecta un video, que uno no acaba de entender a qué viene hasta que finalmente todo queda perfectamente claro. El mencionado video nos ofrece un personaje (luego será precisamente Barba Azul en la ópera) que parece un asesino en serie de prostitutas, a las que cita en su coche de lujo y ellas desaparecen de la circulación. Hay una policía (que será en la ópera Judith) que investiga la desaparición de las prostitutas, decidiendo hacerse pasar por una de ellas y citándose con Barba Azul para poder descubrir el misterio.

Justo al terminar la sinfonía desaparece la pantalla y se abre el escenario, donde estamos con el coche de lujo de Barba Azul en el garaje de su casa y comienza sin solución de continuidad la ópera propiamente dicha.

La producción de Katie Mitchell, responsable también de los videos de la sinfonía, resulta muy adecuada y resulta un trabajo estupendo, basado en una escenografía de Alex Eales, que va moviéndose lentamente de derecha a izquierda y nos va ofreciendo las distintas puertas del castillo o casa de Barba Azul, que resultan muy bien conseguidas, especialmente la quinta puerta, en la que se figura un paseo aéreo por los dominios de Barba Azul. Vestuario adecuado y moderno de Sussie Juhlin-Wallén y buena la iluminación de James Farncombe.

El Castillo de Barba Azul. Foto: W. Hösl

La dirección escénica de Katie Mitchell resulta perfectamente adecuada para narrar la trama, convirtiendo la ópera en un thriller que capta inmediatamente la atención de los espectadores. Finalmente, el agente Judith en la séptima puerta dará muerte a Barba Azul y liberará a las otras tres prostitutas. Me ha parecido un enfoque muy original e interesante y no creo que nadie haya podido aburrirse en el espectáculo.

Si escénicamente las cosas han funcionado perfectamente, otro tanto cabe decir de la dirección musical de Oksana Lyniv, que ha sido asistente en los últimos años de Kirill Petrenko aquí. Su dirección me ha parecido digna de ser destacada, transmitiendo emoción y dramatismo de principio a fin, incluyendo, por cierto, la estupenda versión que ha ofrecido del Concierto para Orquesta que abría el programa. Es la mejor dirección que recuerdo de ella. Muy buena la prestación de la Bayerisches Staatsorchester.

Aunque el título de la ópera se refiere a Barba Azul, la auténtica protagonista de la ópera no es otra que Judith, que aquí ha sido interpretada por la soprano sueca Nina Stemme, que nos ha ofrecido una excelente actuación tanto vocal como escénicamente.

Barba Azul fue interpretado por el barítono John Lundgren, también sueco, que ofreció una buena actuación en todos los sentidos.

El teatro estaba prácticamente lleno, excepto las localidades sin visibilidad. El público dedicó una recepción triunfal a la pareja protagonista, así como a Oksana Lyniv.

La función comenzó con 5 minutos de retraso (estamos en Munich) y tuvo una duración de 1 hora y 37 minutos, sin intermedios, siendo la duración de la ópera de 1 hora exacta. Seis minutos de aplausos, que son más de lo que parecen, ya que no había sino 3 artistas para recibirlos.

El precio de la localidad más cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea desde 91 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 39 euros.

José M. Irurzun