Una despareja versión de La Bohème en el Teatro Argentino de La Plata

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La Bohème en el Teatro Argentino de La Plata
La Bohème en el Teatro Argentino de La Plata

«Los hombres mueren, los gobiernos cambian, pero la música de La Bohème vivirá para siempre» escribió Thomas Alva Edison a Puccini tras una representación de esta historia de la bohemia parisina… y, verdaderamente, sus palabras vienen cumpliéndose al pie de la letra.

A 120 años de su estreno turinés, La Bohème sigue tan viva como en su primera función, encantando a los públicos de los rincones más diversos del globo gracias a la sincera e inspirada combinación de una historia rica en los mínimos detalles de la vida misma con una música que pinta paisajes, sentimientos y sensaciones con mano maestra.

Tras los agobiantes problemas presupuestarios que llevaron a suspender la temporada 2015, el Teatro Argentino de La Plata cumplió con la presentación de esta ópera que, originalmente estaba programada para el año pasado.

Siguiendo la tendencia a remozar las obras del repertorio de manera de no ofrecer la enésima versión tradicional de un título archi conocido, Mario Pontiggia – a cargo de la dirección escénica- optó por ambientar esta Bohème en el París de los años 30 y, en este sentido, no faltaron detalles que muestran sus serias intenciones: desde pintura cubista a afiches de Marlene Dietrich; desde un vestuario cuidado a melenas a la garcon y ondas marcel; desde la tipografía de los carteles a la luz eléctrica y las linternas… El problema radicó en que más allá de los cuidados detalles de ambientación surgieron aquí y allí desconexiones entre el libreto y la acción quitándole verosimilitud a la puesta.

Por ejemplo: no es verosímil pagar en 1930 el alquiler de un trimestre con monedas y resulta aún más extraño cuando se mostraron también billetes en la entrada de Schaunard; el corte de luz eléctrica – que reemplazó a la vela apagada de Mimí- perdió todo su encanto cuando la escena continuaba iluminada poco menos que a giorno – otro tanto sucedió en la escena final. Poco feliz diseño de iluminación de Gabriel Lorenti-; Las ventanas de la buhardilla estaban en el fondo de la escena y por ellas se colaba el «alba lunar» aunque los protagonistas señalaban hacia la platea como si allí vieran a la luna; en el 2° Acto la disposición escenográfica y los movimientos de las masas crearon gran confusión entre la idea del adentro y el afuera del Café Momus, sin poder determinar aún dónde se desarrollaba la acción; La presencia en el Café de un grupo de señoritas ataviadas a la usanza del folies bergère es poco lógica en un restaurante al que asisten familias y menos aún que los parroquianos se desesperen por ver el tobillo de Musetta teniendo a su alrededor a muchachas muy escasas de ropas con sugerentes maillots y medias de red; En el tercer acto la aparición de las vendedoras pareció sacado de otra ópera por un vestuario totalmente discordante con la época, sin contar que para1930 París ya no tenía aduana ni Port d´enfer; Mimí espía cómo duerme Rodolfo en la planta baja mientras que un instante después este aparece por el primer piso muy campante… Por último ubicar el último acto en verano resultó poco feliz… Los amantes se «dejarían en la estación del sol» por lo que el reencuentro debe darse unos meses después, en otoño o en invierno, cuando es más lógico el frío de Mimí y su necesidad de un manguito, acentuando el desolador final…

Estos detalles despojaron a la versión de riquezas y la plagaron de contradicciones innecesarias, opacando la rica producción, el despliegue de figurantes y la belleza de los momentos más íntimos.

En cuanto a la dirección escénica propiamente dicha, Mimí pareció gozar de muy buena salud en todo momento y sus cambios -toses y desmayos- fueron poco creíbles frente a su constante vivacidad de movimientos. Las masas corales y los figurantes aparecieron sin demasiada claridad del sentido de su presencia en escena… algunos movimientos «coreografiados» no alcanzaron a superar el estatismo general.

La Bohème en el Teatro Argentino de La Plata
La Bohème en el Teatro Argentino de La Plata

En resumen, la puesta prometió mucho más de lo que dio y la suma de detalles opacó su brillo e intención. Un cuidado más atento al libreto de Illica y Giacosa hubieran dado por resultado un espectáculo muy digno de ver.

Gustavo López Manzitti compuso un buen Rodolfo, cantado con una voz que no le teme a los desafíos de la partitura, y bien resuelto en lo escénico.

Daniela Tabernig, además de los reparos señalados más arriba, no posee una voz acorde con la fragilidad del rol. Su versión conmovió poco y lo lamentamos porque su talento nos ha hecho aplaudirla sin ambages en otras interpretaciones. Faltaron detalles, medias voces, sutilezas, aunque lució bello timbre y un caudal franco y sonoro.

El Marcello de Ricardo Crampton fue muy lucido tanto desde lo vocal como desde lo escénico. Buena línea, grato color, buen volumen… todas características que le auguran una promisoria carrera.

La debutante entre nosotros Yaritza Véliz, estuvo más atenta a las notas que a la acción, con lo que Musetta perdió mucho de su gracia y seducción. Conquistó, eso sí, desde lo vocal donde brindó prueba de valor.

Emiliano Bulacios compuso un buen Colline y su aria del último acto fue servida con buen gusto.

Muy grato Mario De Salvo como Schaunard y poco divertido Alberto Jáuregui Lorda como Benoit.

El Coro, bajo la dirección de Hernán Sánchez Arteaga, y el Coro de Niños, conducido por Mónica Dagorret, cumplieron un buen papel lo mismo que la orquesta bajo la batuta del Mtro. Carlos Vieu, aunque una persistente tendencia al forte le quitó la oportunidad de resaltar detalles y matices tan ricos en esta partitura.

El Argentino volvió a montar ópera en su nueva temporada y eso es siempre una buena noticia… y La Bohème, más allá de cualquier reparo, ¡vivirá para siempre!

Prof. Christian Lauria