Una Elektra bien servida en Berlín

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Una Elektra bien servida en Berlín
Una Elektra bien servida en Berlín. Foto: B. Stoss

Esta estancia en Berlín es una especie de parada técnica, al haber unas fechas entre Wexford y Dresde, donde se ofrece El Ocaso de los Dioses, con el que Thielemann culmina la Tetralogia que ha venido dirigiendo en los 3 últimos años, antes de ofrecer el Anillo completo en el mes de Enero.

La estancia en Berlín permite volver a ver la Elektra de Richard Strauss en la producción que pude ya ver el año pasado y el estreno de la ópera L’Invisible, de Aribert Reimann.

Como digo, esta Elektra se ofrece en la misma producción de hace un año, contando también con la misma dirección musical, habiendo un par de cambios en el reparto vocal, cuyo resultado ha quedado por debajo del excepcional de entonces, aunque hay que reconocer que no era tarea nada fácil superar las prestaciones de Elektra y Chrysothemis de la vez anterior.

Así pues, se repone la producción escénica de Kirsten Harms, quien fuera intendente de la Deutsche Oper de Berlín hasta hace 6 años y cuyo paso por esta compañía es digno de alabanza, tanto por su programación como por el hecho de haber conseguido los servicios de Donald Runnicles como Director Musical y de William Spaulding como Director del Coro de la Deutsche Oper, aunque este último ahora se encuentra en la Royal Opera House de Londres.

Esta producción se estrenó en Noviembre de 2007, siendo Kirsten Harms todavía intendente del teatro. La escenografía es única, ofreciendo un espacio cerrado, donde vive Elektra, con paredes lisas y unas puertas que no pueden abrirse sino desde fuera, quedando un hueco en el fondo a buena altura, desde donde aparece Klytämnestra y donde tendrá lugar el asesinato de Egisto. El suelo del escenario representa grandes cantidades de barro, donde los intérpretes se hunden hasta media pierna. Todo ello figura perfectamente las condiciones en que sobrevive la hija de Agamenón, esperando su venganza. La citada escenografía y el vestuario intemporal son obra de Bernd Damovsky. La acción está centrada en los personajes, siendo una producción que huye de originalismos personales y se pone al servicio de la obra, resultando muy eficaz.

Como en la ocasión anterior, al frente de la dirección musical estaba el escocés Donald Runnicles, el actual director musical de la compañía, y su lectura fue brillante, como suelen ser todas las suyas, especialmente en este tipo de repertorio, ofreciendo una más que notable versión musical de Elektra. Muy buena la prestación de La Orquesta de la Deutsche Oper Berlín, que se encuentra en un gran momento.

Una Elektra bien servida en Berlín. Foto: B. Stoss
Una Elektra bien servida en Berlín. Foto: B. Stoss

Elektra fue interpretada por la soprano británica Catherine Foster, la actual Brünnhilde en la Tetralogía de Bayreuth. Su actuación fue buena, aunque por debajo de las actuaciones en el personaje de las excepcionales Nina Stemme y Evelyn Herlitizius. La primera por su poderío y belleza vocal y la segunda por su enorme intensidad como intérprete del personaje. Catherine Foster no alcanza esa altura, resultado convincente en el registro alto e incluso en el centro, aunque queda corta de graves.

En esta producción ha habido durante años una intérprete fija en la parte de Chrysothemis, que ha sido la soprano alemana Manuela Uhl, que fue a quien yo vi hace un año. En esta ocasión su intérprete ha sido la soprano británica Alison Oakes, que resulta adecuada en el registro central, siendo una buena intérprete. Sus problemas radican en un extremo agudo un tanto descontrolado y unos graves insuficientes.

Repetía su actuación como Klytämnestra la veterana mezzo-soprano alemana Doris Soffel. No es la contralto que pide el personaje y tampoco es muy poderosa, pero resulta convincente en su enfrentamiento con Elektra.

El bajo Tobias Kehrer fue nuevamente Orest y lo hizo de manera convincente. La voz es pastosa e importante y es un destacado intérprete. Es uno de mejores Orestes que se pueden ofrecer en la actualidad.

El tenor Clemens Bieber fue un adecuado intérprete de Aegisth.

Los personajes secundarios estuvieron magníficamente servidos, como es habitual en este teatro. Sonoro y adecuado Seth Carico como Preceptor de Orestes, cumpliendo bien Paul Kaufmann y Stephen Bronk como Sirvientes. Bien también Sandra Hamaoui (Confidente) y Nicole Haslett (Portadora del Manto). Todavía sonora Nadine Secunde como Jefa de Criadas. Un lujo las 5 Criadas, interpretadas por Annika Schlicht, Rebecca Jo Loeb, Jana Kurucova, Fionnuala McCarthy y Alexandra Hutton.

El teatro ofrecía una entrada muy por debajo de lo habitual. La ocupación se situaría alrededor del 60 % del aforo. El público dedicó una cálida acogida a los artitas con bravos para todos ellos, especialmente para Catherine Foster.

La representación comenzó con 4 minutos de retraso y tuvo una duración de 1 hora y 41 minutos, sin intermedios. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 95 euros, habiendo butacas de platea desde 53 euros. La entrada más barata costaba 29 euros.

José M. Irurzun