Una futurista L’Africaine de Meyerbeer en Frankfurt

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Una futurista L'Africaine de Meyerbeer en Frankfurt
Una futurista L’Africaine de Meyerbeer en Frankfurt. Foto: M.Rittershaus

Hacía más de 2 años que no venía a Frankfurt, que cuenta con una de las compañías de ópera con programación más interesante en Alemania. En este fin de semana se ofrecen novedades de interés, de las que iré dando cuenta en los días próximos.

El caso de Giacomo Meyerbeer es casi único en la historia de la ópera. De ser el compositor más popular en la primera mitad del siglo XIX, ha pasado a ser despreciado por los teatros en la actualidad (de hecho, llevamos bastantes décadas así). No es que el aficionado haya vuelto la espalda a Meyerbeer, ya que las pocas representaciones que se hacen de sus óperas son bien recibidas por el público.

La ópera que ahora nos ocupa se representa en Alemania con el título de Vasco da Gama, Ocurre que la opera se estrenó al año siguiente de la muerte del compositor, quien había trabajado en la partitura precisamente con el título de Vasco da Gama. Sin embargo, el estreno en París en 1865 tuvo lugar bajo el título de L’Africaine y desde entonces siempre se la ha conocido por ese título.

Para la ocasión Frankfurt nos ofrece una nueva producción que lleva la firma del alemán Tobias Kratzer, quien ya había dirigido Hugonotes en Nuremberg y Niza. Se trata de uno de esos registas modernos que parecen obligados a ofrecer originalidades a cualquier precio. En este caso no tiene mejor idea que llevarnos del siglo XV a la época espacial, como si los descubrimientos geográficos tuvieran lugar en otras galaxias. Estas originalidades pasan mejor en unas óperas que en otras y ésta es precisamente una de las que peor las llevan, ya que el libreto marca perfectamente dónde y cuándo se desarrolla la acción, lo que hace que esta producción chirríe por todas partes. Evidentemente, Vasco de Gama es ahora un astronauta que va de viaje con su nave espacial, mientras que Selika y Nelusko no pueden ser africanos, aunque lo diga el libreto, sino seres de otras galaxias, a los que nos los pinta de azul y con cresta, como a sus seguidores, como si fueran unos pitufos espaciales. Uno no sabe si tomárselo a broma. Desde luego, no puede tomarse en serio.

Dicho esto, hay que reconocer que el trabajo escénica de Tobias Kratzer es notable, con una buena dirección de escena y momentos brillantes, como en el acto tercero, cuando los astronautas ven en pantalla a sus mujeres, o el paseo espacial que resulta entretenido. La escenografía y el vestuario (o lo que sea) se deben a Rainer Sellmaier y ofrece unos decorados interesantes en los dos últimos actos, llenos de plantas y flores. Es buena también la iluminación de Jan Hartmann.

La dirección musical estuvo encomendada al italiano Antonello Manacorda, cuya lectura no me ha resultado particularmente convincente. Desde luego, se queda notablemente por debajo de la que ofreció Enrique Mazzola hace algo más de dos años en la Deutsche Oper de Berlín. Faltó más inspiración y sobró rutina y monotonía. La versión ofrecida fue bastante completa, .a diferencia de lo que ocurriera hace unos años en La Fenice de Venecia. Buena la prestación de la Frankfurter Opern und Museumorchester. Correcto el Coro de la Opern Frankfurt.

Una futurista L’Africaine de Meyerbeer en Frankfurt. Foto: M.Rittershaus

Selika, la supuesta africana que da título a la ópera, fue interpretada por la mezzo- soprano Claudia Mahnke, que ofreció para mi gusto lo mejor de la representación. Escénicamente, está claramente maltratada por la producción, que la presenta como una pitufa vestida por su enemigo. Cantó sierre con gusto y con voz atractiva y con amplitud suficiente.

Vasco de Gama era el tenor americano Michael Spyres, que ofreció una buena actuación, superando las dificultades de la partitura. Para mi gusto resulta un tanto ligero para el personaje, que prefiero con una voz más heroica. Aunque lo hizo bien, me quedo con las prestaciones que ofrecieron anteriormente en el personaje Gregory Kunde y Roberto Alagna,

Nelusko era el otro pitufo espacial y fue interpretado por el barítono Brian Mulligan, que lo hizo bien, con una voz adecuada en el centro, aunque tiende a atenorarse un tanto en la parte de arriba.

La parte de Inés fue cubierta por la joven soprano americana Kirsten McKinnon, que ofreció una voz atractiva en el centro, yendo con facilidad a las notas altas, aunque aquí la voz cambia algo de color.

En los personajes secundarios Andreas Bauer fue Don Pedro y resultó no más que sonoro. Correcto el Don Diego de Thomas Faulkner. El bajo Magnus Baldvinsson dobló como supuesto Inquisidor y Sacerdote de Brahma. Correcto el Don Alvar de Michael McCown, así como Bianca Andrew en la parte de Anna.

El teatro estaba prácticamente lleno. El público dedicó una cálida acogida a los artistas, siendo los mayores aplausos par Claudia Mahnke y Michael Spyres, en este orden. No hubo aplausos a escena abierta, ya que el maestro no paró la orquesta.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 4 horas y 38 minutos, incluyendo dos largos intermedios. Duración musical de 3 horas y 18 minutos. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 135 euros, habiendo butacas de platea desde 75 euros. La entrada más barata con visibilidad plena costaba 36 euros.

José M. Irurzun