Una hermosa Traviata en Bogotá

Una hermosa Traviata en Bogotá
Una hermosa Traviata en Bogotá

La temporada 2015 de la Fundación Arte Lírico (FAL) de la capital colombiana cerró su programación con la ópera más popular de Giuseppe Verdi. Desde su creación en 1987, la FAL se ha centrado en la programación de zarzuelas (españolas en su mayoría, algunas cubanas y una colombiana), incursionando de vez en cuando en la opereta y la ópera.

En el foso, la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá exhibió una sonoridad expresiva, bien redondeada y de impecable calidad musical, cabe resaltar la presencia del maestro Carlos Villa, quien estuvo a la cabeza de la misma. La dirección musical estuvo a cargo de Luis Fernando Pérez, con una lectura musical muy pulcra, aunque con tempi lentos que en momentos discrepaban con la tensión dramática de la obra. Pérez es un maestro con oficio, nos ofreció un maravilloso preludio lleno de delicadeza, yendo más allá de lo que indica la partitura, hasta llevarnos a un sombrío y contundente final en los últimos compases de la ópera.

Los tres protagonistas de La Traviata en Bogotá estuvieron a un nivel sobresaliente. La soprano colombiana Beatriz Mora construyó una Violetta Valéry creíble. Con su voz de lírica ligera la hizo una criatura más sensible y menos dramática, sin renunciar a indagar en las posibilidades expresivas del personaje tan complejo que encarnó. El tenor peruano Andrés Veramendi maravilló al público con su potente y esmaltado instrumento sonoro. Un Alfredo que fue desarrollado vocal y actoralmente frente a nuestros ojos a lo largo de los tres actos. Si en el primero era un tímido muchacho y en el segundo un irreflexivo joven, nos ofreció la madurez psicológica de su personaje en el tercer acto. Por su parte el barítono español Santos Ariño sedujo al auditorio como Giorgio Germont por la nobleza de su canto y el conocimiento del personaje. Cada frase estaba acompañada del movimiento adecuado, subrayando lo autoritario, compasivo o contradictorio de las palabras que cantaba con un leve gesto.

Una hermosa Traviata en Bogotá
Una hermosa Traviata en Bogotá

Pero las alegrías en el apartado musical no terminaban con este trío de magníficos cantantes. En personajes secundarios se contó con voces locales de prometedor futuro. Así, la presencia y rotunda voz de la mezzosoprano Paola Leguizamón como Flora, el competente tenor Leandro Carvajal (Gastone de Letorières) y el sonoro bajo Sergio Enciso (Doctor Grenvil) añadieron relevancia al conjunto, sin menospreciar la meritoria labor de los demás personajes. El coro, aunque escaso en número de miembros, creció ante el empuje de los solistas y se pusieron a la altura con una buena presencia escénica y vocal. El cuerpo de baile, dirigido por César Guerrero, aportó vigor y colorido a la segunda parte del segundo acto.

La puesta en escena a cargo de Federico Figueroa, fue bella e interesante en todo momento. Desde la subida del telón al inicio del preludio, nos enseña un alma joven que deambula perdida y desorientada por el gran salón de lo que alguna vez fue su casa. Captada la atención del público, nos trasladó a una propuesta tradicional, muy bien plasmada a pesar del modesto presupuesto de la organización. Haciendo un ejercicio de reduccionismo, pasó por la “casa de las afueras de París” y el “salón de la fiesta de Flora” con elementos mínimos posibles en utilería y en ornato, llegó a la intimidad de la alcoba de una agonizante Violetta. Toda esta sobriedad nos permitió hacer de lado los elementos distractores y facilitó concentrarnos en el drama real de la obra y su íntima relación con la música.

En los últimos compases de la ópera, cuando el doctor Grenvil ya ha dicho que Violetta está muerta, el escenario se oscurece y vemos a Violetta ponerse en pie mientras Alfredo, Germont y Annina dirigen sus miradas al ropón (vacío) que lleva puesto y del cual se ha liberado el alma joven que deambulaba durante el preludio, cerrando así, un círculo dramático con una precisión matemática.

El público expresó su buena acogida y aplaudió larga y cálidamente a todos sin excepción. Con funciones como éstas de La traviata en Bogotá es como se puede hacer que el público vuelva a llenar las localidades del teatro para la próxima temporada.

Ronald Perilla