Una incandescente Tosca en Las Palmas

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Tosca en Las Palmas
Tosca en Las Palmas

De las diez producciones de Tosca presentadas en las 52 temporadas de Las Palmas, sin duda están en la actual los acentos más apasionados de la estética verista, su nivel de incandescencia. Además del elenco vocal, escuchamos el sinfonismo pucciniano en todo su esplendor, admirablemente proyectado por nuestra Orquesta Filarmónica a las órdenes de un gran conocedor del secreto y el morbo de la ópera: el maestro Francesco Iván Ciampa, sensacional en las tensiones dramáticas, refinado en el lirismo y certero inductor del canto y la acción.

Poderosa y brillante, carnosa y triunfal la voz del tenor Fabio Sartori, con densidades spínto, igualdad de timbre y color en todos los registros, verdadera garra y squillo en una entrega espectacular, arrolladora. Debutante en la ciudad, la soprano Martina Serafín, extraordinaria actriz y cantante, despliega las armas de una voz no menos potente, un poco cambiante de color según la altura pero siempre volcada en un rol que ama y conoce hasta las últimas esencias en lo visual y lo sonoro. Ambrogio Maestri construyó el Scarpia ideal, no solo en la gestualidad depredadora y villana; también en la integridad y limpieza de una voz dominadora y enorme de un cantábile sin trucos.

No es tan buena la parte escénica, rica en decoración corpórea pero anticuada. Es un diseño hecho en Catania para escenarios más pequeños que el del Pérez Galdós. Por tratarse de módulos sueltos y adaptables (fijos los laterales y cambiante el del foro), estarían mejor dispuestos con mayor amplitud y desahogo para no aplastar el movimiento en un espacio innecesariamente angosto. El Te Deum del primer acto, por ejemplo, evocaba más una una iglesia de pueblo que la romana de “Santandrea”. Y la vecindad de la cúpula de San Pedro con la escultura del ángel que corona “Santángelo”, un  cartel más turístico que teatral.

Entre los comprimarios es justo destacar el Angelotti del bajo Dongho Kim (al fin  una bella voz coreana en al Galdós), el consistente Sciarrone de Fernando Campero, el sagristano de Jeroboam Tejera y, como siempre, la entusiasta participación de los grancanrios Francisco Navarro y Elu Arroyo.  Buenas prestaciones del coro de la Opera y el Infantil de la OGFC, con aplausos cálidos a sus directoras Olga Santana y Marcela Garrón. Y conmovedor el homenaje a Martín Chirino en los programas de mano. Noblesse oblige…

Ovaciones y bravos en los tres actos. Estruendo al final.

G. García-Alcalde