Una loable recuperación de La Cena delle Beffe en La Scala

117
 La Cena delle Beffe en La Scala
La Cena delle Beffe en La Scala. Foto: Brescia Amisano

Umberto Giordano es conocido como compositor de una sola ópera (Andrea Chenier), aunque también su Fedora tuvo años de popularidad, si bien últimamente ha caído en el olvido. Me parece una política interesante la de recuperar obras suyas, como es el caso de esta penúltima ópera, La Cena delle beffe, que se estrenara en la Scala en Diciembre de 1924, bajo la dirección de Arturo Toscanini y con la presencia en el rol protagonista del español Hipólito Lázaro. Volvió a programarse dos años más tarde y nunca más lo había hecho hasta ahora. En los años 80 hubo algunas representaciones de esta ópera en Wexford y en algunos teatros italianos, contando en sus repartos con Fabio Armiliato y Daniela Dessì. A esta ópera le falta la inspiración de la que su autor hizo gala en Andrea Chenier e incluso en Fedora, ofreciendo sus momentos más conseguidos en la segunda parte de la obra, contando con el inconveniente de que no escribió ninguna aria para los protagonistas, aunque todos tienen oportunidades de lucimiento en ariosos y dúos. Me temo que el intento loable de la Scala no tendrá continuidad.

El título podría traducirse como La Cena de la Burlas, a la que son invitados por orden de Lorenzo el Magnífico los dos rivales enfrentados, Giannetto Malespini y Neri Chiramantesi, para que hagan las paces. Lejos de ello, la cena se convierte en el inicio de la venganza del primero sobre el segundo, que terminará con el involuntario asesinato por parte de Neri de su hermano Gabriello, a quien toma por su rival en el lecho de la cortesana Ginevra, deseada por todos y amante de Neri.

La producción escénica se debe a Mario Martone, que lleva la acción a Little Italy en la época del estreno de la ópera y la transposición funciona bien, como si fueran dos banda mafiosas enfrentadas. La acción está bien narrada, aunque sobra la matanza final, en la que nadie queda con vida. La escenografía de Margherita Palli consta de tres partes, que se mueven de arriba abajo, ofreciendo en el primer acto un restaurante, donde se desarrolla la cena. En el segundo acto vamos a la parte de arriba, donde se sitúan las habitaciones de Ginevra. En el tercer acto nos situamos en un subterráneo, donde tiene lugar el enfrentamiento de Neri con sus agraviados históricos, en una de las escenas más endebles dramáticamente de la ópera. Finalmente, el desenlace se sitúa nuevamente en las habitaciones de Ginevra. Estéticamente, resulta atractiva la producción. El vestuario de Ursula Patzak es adecuado, contando con una eficaz iluminación de Pasquele Mari.

La dirección de escena funciona bien, aunque se echa en falta una mayor expresividad por parte de los protagonistas, que quedan cortos en este sentido con la excepción de Nicola Alaimo en la parte de Neri.

En la dirección musical estuvo Carlo Rizzi y su lectura me pareció que no fue más allá de la eficacia. Tengo la impresión de que se podía haber sacado más partido de la partitura, especialmente en la segunda parte de la ópera. La Orquesta del Teatro alla Scala no me pareció que estuvo a la altura que le he escuchado en otras ocasiones.

La Cena delle Beffe en La Scala. Foto: Brescia Amisano
La Cena delle Beffe en La Scala. Foto: Brescia Amisano

No es fácil formar un reparto de altura para una ópera que seguramente sus intérpretes no volverán a cantar. Es obvio que no pueden estar presentes las grandes figuras, aunque el reparto ofrecido me ha parecido digno de elogio en las circunstancias.

El principal personaje de la ópera es Giannetto Malespini, el objeto gamberradas dolorosas por parte de Neri antes de iniciar la ópera, y el autor de la venganza sobre su rival. Hace falta un tenor spinto y Marco Berti responde bien a esas características. La voz mantiene el brillo y lo hizo bien, aunque volvió a tropezar en la piedra, habitual en su caso, de su falta de expresividad.

La soprano americana Kristin Lewis fue una no más que correcta Ginevra. A su voz le falta brillo y amplitud y tampoco es un dechado de expresividad.

Lo más conseguido del reparto estuvo en la interpretación de Nicola Alaimo en el personaje de Neri Chiaramantesi, siempre convincente en escena y con una voz adecuada, auque tiene el inconveniente de que su emisión deja que desear, al quedarse un tanto atrás.

El resto de personajes no pasan de ser secundarios. La mejor parte entre ellos se la llevó la soprano Jessica Nuccio en el personaje de Lisabetta. El tenor Leonardo Caimi pasó prácticamente desapercibido como Gabriello. Bruno De Simone cumplió con su cometido como Dottore. Eficaz, Luciano Di Pasquale como Il Tornaquinci. Adecuada Chiara Isotton como Cintia, la criada de Ginevra. Bien también, Frano Lufi como Fazio.

El teatro ofrecía una entrada de alrededor del 90 % de su foro. El público se mostró un tanto frío, siendo los aplausos más intensos para Nicola Alaimo.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 1 hora y 52 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de solo 1 hora y 27 minutos. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 252 euros, costando la más barata 24 euros.

José M. Irurzun

Los mejores alojamientos en Milán