Una magnífica Die Frau Ohne Schatten en Berlín

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Una magnífica Die Frau Ohne Schatten en Berlín. Foto: H. J. Michel
Una magnífica Die Frau Ohne Schatten en Berlín. Foto: H. J. Michel

Desde hace unos años la Staatsoper de Berlín viene organizando alrededor de las fiestas de Semana Santa y Pascua un Festival de Música que comprende varios conciertos y algunas óperas. El mencionado festival responde al nombre de Festtage y este año ha ofrecido como óperas Parsifal y Die Frau Ohne Schatten. Ya para el año próximo se anuncia una nueva producción del Falstaff de Verdi.

Esta representación de Die Frau Ohne Schatten se ha saldado con un éxito importante, ya que todo ha funcionado de manera digna de ser destacada. Hay que empezar por una magnífica producción escénica, seguir con una brillante dirección musical y terminar con un excelente reparto, en el que se puede decir que no hubo puntos débiles. O casi.

La produccion ofrecida se debe a Claus Guth y es una coproducción de la Scala y el Covent Garden, habiendo tenido su estreno hace 5 años en Milán, siendo representada dos años más tarde en Londres. La producción venía precedida de justa fama, ya que había triunfado de manera inequívoca en el paso por las dos ciudades mencionadas. Efectivamente, se trata de un trabajo escénico magnífico por parte de Claus Guth y su equipo. A una producción atractiva a la vista se une una dirección de actores verdaderamente excepcional. Estamos ante uno de los más grandes directores de escena de la actualidad. Si excepcional se puede considerar su Rodelinda de hace unos días en el Teatro Real, esta Frau Ohne Schatten no le va a la zaga, sino que hasta se puede poner por delante.

Claus Guth ofrece esta extraña ópera como un sueño (más bien una pesadilla) de la Emperatriz, que no es sino la protagonista de la ópera. La escenografía de Christian Schmidt consiste en unas paredes laterales curvas de madera, mientras que el centro lo ocupa un escenario giratorio, al que tan aficionado es siempre Claus Guth, que permite rápidos cambios de escena, que además son numerosas en esta ópera. La mencionada escenografía es muy adecuada y atractiva, como lo es también el vestuario del propio Christian Schmidt. Todo va acompañado de una notable labor de iluminación por parte de Olaf Winter y unas adecuadas proyecciones de videos, obra de Andi A. Múller.

No hay relecturas, sino una exposición de la trama con todos sus elementos fantásticos en la visión onírica de la protagonista. Si algo hay que destacar es la espectacular dirección escénica por parte de Claus Guth, que hace una labor verdaderamente excepcional. De modo particular hay que señalar la actuación de la Emperatriz, que está siempre en escena, y hay momentos que se deben a un auténtico genio del teatro, como son las escenas iniciales en la casa de Barak. En suma, una producción magnífica de principio a fin.

En la dirección musical estaba Zubin Mehta y su labor ha sido tan brillante como siempre. Mucho se habló en su día de la dirección de Semyon Bychkov en el Covent Garden. No puedo hacer comparaciones, porque no estuve en aquellas representaciones. Lo cierto es que Zubin Mehta se ha recreado en la partitura y ha hecho brillar a la excelente Staatskapelle Berlin.

 

Una magnífica Die Frau Ohne Schatten en Berlín. Foto: H. J. Michel
Una magnífica Die Frau Ohne Schatten en Berlín. Foto: H. J. Michel

La protagonista de la ópera es la Emperatriz. Ella es precisamente la Mujer sin Sombra, es decir la mujer que no puede tener hijos. Su intérprete fue la soprano finlandesa Camylla Nylund en la mejor interpretación vocal y escénica que le recuerdo. Nunca me ha parecido una cantante excepcional en las distintas ocasiones en que la he visto en escena, pero ninguna de ellas puede compararse a su interpretación de la Emperatriz. Tanto vocal como escénicamente rayó a gran altura, convirtiéndose para mí en la gran sorpresa de la representación.

La otra soprano, la mujer de Barak, era Irene Theorin y casi tengo que decir sobre ella lo mismo que acabo de escribir sobre Camylla Nylund. Sin duda que Irene Theorin es una soprano dramática poderosa como pocas, pero siempre la he encontrado estridente y gritona en la parte superior de la tesitura. No ha sido así en esta ocasión. Debo decir que la soprano sueca ofreció una actuación magnífica en todos los sentidos y no hubo en este caso estridencias. La verdad es que Richard Strauss fue un ejemplo de compositor para voces femeninas, no así para los tenores, a los que maltrató de manera inmisericorde.

La tercera mujer en liza en la ópera es Die Amme, es decir la Nodriza. Fue interpretada por Michaela Schuster, que hizo una destacada interpretación escénica, pero vocalmente se convirtió en el punto débil del reparto. La he encontrado con la voz prematuramente envejecida, poco controlada y estridente en más de una ocasión. Me ha sorprendido.

Intachable fue también la actuación de Wolfgang Koch como Barak. La voz tiene amplitud y buenas dosis de nobleza y él la maneja francamente bien. A eso hay que unir sus buenas dotes de actor para acabar redondeando una estupenda actuación.

El Emperador fue interpretado por el tenor Burkhard Fritz. Es el menos importante de los 5 personajes principales de la ópera, pero tiene una tesitura endiablada, ya que siempre anda del paso para arriba. No hay muchos tenores que puedan con esta parte y Burkhard Fritz lo resolvió de manera adecuada y casi brillante. No pude sino recordar con añoranza al desparecido Johan Botha, que tantas veces interpretara este personaje en escena.

Los personajes secundarios fueron bien cubiertos en todos los casos. Roman Trekel fue el Mensajero de los Espíritus, todavía en buen estado vocal. La soprano Evelin Novak fue una adecuada Guardíán del Templo. Narine Yeghiyan lo hizo bien en la Voz del Halcón. Adecuado, algo apretado, el tenor Jun-Sang Han como la Aparición del Joven. Finalmente, los hermanos de Barak fueron adecuadamente cubiertos por Karl-Michael Ebner (Jorobado), Alfredo Daza (Tuerto) y Gregory Shkarupa (Manco).

El Teatro Schiller estaba prácticamente lleno y el público dedicó una muy cálida acogida a los artistas, siendo las mayores ovaciones para Camylla Nylund, Irene Theorin y Zubin Mehta, aunque hubo bravos para todos. .

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 4 horas y 20 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 3 horas y 22 minutos. Nueve minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 262 euros, habiendo butacas de platea desde 112 euros. La localidad más barata costaba 67 euros.

José M. Irurzun