Una producción de Le Nozze di Figaro en Munich que incide en los errores de la anterior

Le Nozze di Figaro en Munich
Le Nozze di Figaro en Munich. Foto: W. Hösl

Esta nueva producción de Christof Loy se ofrece por primera vez en el Festival de Julio, ya que se estrenó en el pasado mes de Octubre, sustituyendo a la bien conocida producción de Dieter Dorn, que se representó durante los últimos 20 años. El resultado de la representación no ha alcanzado las cotas de brillantez que pueden esperarse de este teatro, con una producción poco convincente, una dirección musical discutible y un reparto vocal en el que las mujeres han estado mejor que los hombres.

Como digo, la nueva producción de Christof Loy sustituye a la bien conocida de Dieter Dorn y presenta virtudes y defectos de esta última. La escenografía es prácticamente única para toda la ópera, de corte minimalista, consistente en un par de paredes con puertas, todo en tonos claros y un gran cuadro representando un jardín al fondo. Se añaden elemento de atrezzo para figurar las escenas, que no pasan de una exhibición de zapatos en el segundo acto y unas sillas en el tercero. La cosa en general funciona sin mucho brillo, pero donde la producción hace agua es en la escena del jardín, como le ocurriera a la producción de Dieter Dorn, ya que tal jardín no existe, sino unas paredes blancas y una gran puerta al fondo. Añádase a ello una luz poderosa y lo equívocos de la mencionada escena hay que adivinarlos, porque simplemente resultan increíbles.

Christof Loy trae la acción a tiempos más bien modernos y la dirección de escena resulta muy exagerada en lo que respecta a Fígaro y al Conde Almaviva y casi otro tanto se puede decir de Cherubino. La ya mencionada escenografía es obra de Johannes Leiacker, mientras el vestuario es obra de Klaus Bruns. Poco interesante y hasta inexistente la iluminación de Franck Evin.

La dirección musical corrió a cargo del director griego Constantinos Carydis, que ofrece una actuación llena de gestos enérgicos, aunque sus tiempos me resultan extraños por irregulares, ya que se mueven siempre en los extremos. Es decir, en momentos los tiempos son muy acelerados y en otos, muy lentos. La versión que ofrece es por demás discutible, ya que añade el aria de Basilio en el cuarto acto y deja que Marcellina no cante Il capro y la capretta, sino un lied de Mozart con acompañamiento de piano, lo que no es sino una morcilla que no tiene sentido. Desde mi punto de vista, rechazable. Buena la prestación de la Bayerisches Staatsorchester y correcto el Coro de la Bayerische Staatsoper en sus breves intervenciones.

Fígaro fue interpretado por el bajo-barítono italiano Alex Esposito, cuya actuación quedó por debajo de lo que yo esperaba. Sea por su personal interpretación o por la dirección de escena, lo cierto es que su actuación fue muy exagerada, lo que hizo también que su canto fuera poco matizado, abundando sonidos abiertos.

Buena la impresión dejada por la soprano ucraniana Olga Kulchynska en la parte de Susanna. Tuvo una buena actuación vocal y escénica, aunque no sea excepcional. La vamos a volver a ver en unos días cantando Pamina en Peralada.

Para mi gusto lo mejor del reparto vino por la parte de la Condesa, interpretada por la soprano italiana Federica Lombardi, que cantó con gusto y con voz muy adecuada sus dos arias, especialmente Dove sono. Hace 3 años la escuché por primera vez en el personaje y ha confirmado nuevamente su calidad.

Le Nozze di Figaro en Munich. Foto: W. Hösl
Le Nozze di Figaro en Munich. Foto: W. Hösl

El Conde Almaviva fue interpretado por Christian Gerhaher, cuya actuación escénica me ha resultado muy exagerada, lo que le ha llevado también a forzar la actuación en términos vocales, oscilando sus prestaciones entre el casi parlando y los sonidos demasiado abiertos. Lo mejor de su actuación fue su aria del tercer acto.

La mezzo-soprano Solenn’Lavanant-Linke lo hizo bien como Cherubino, sin brillo especial, cumpliendo sin excederse en sus dos arias.

Anne Sofie Von Otter fue Marcellina y lo hizo bien. No me gustó que metiera la morcilla del lied en el último acto, que nada tiene que ver con esta ópera.

Paolo Bordogna fue Don Bartolo y debo decir que prefiero una voz más grave en el personaje, resultando demasiado barítono para mi gusto.

Manuel Günther dio vida a Basilio y lo hizo de manera correcta, cantando sin mucho brillo el aria del último acto.

Lo hizo bien la soprano Anna El-Khashem como Barbarina. No más que correcto el Antonio de Milan Siljanov. Correcta la actuación de Dean Power como Don Curzio.

El teatro había agotado sus localidades. El público se mostró cálido con los artistas en los saludos finales, siendo los mayores aplausos para Federica Lombardi y Christian Gerhaher.

La representación comenzó con 4 minutos de retraso y tuvo una duración de 3 horas y 29 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 48 minutos. Nueve minutos de aplausos.

El precio de la localidad mas cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea desde 91 euros. La localidad más barata con visibilidad plena costaba 39 euros.

José M. Irurzun