Una Salomé en Bilbao que paga el alto peaje del Euskalduna

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Salomé en Bilbao. Foto: Moreno Esquivel
Salomé en Bilbao. Foto: Moreno Esquibel

Doce años después de su estreno en Bilbao, ha vuelto Salomé a subir al escenario del Palacio Euskalduna y su resultado ha sido una tanto irregular. Ha contado con una producción escénica de escaso interés y bien conocida, una dirección musical correcta y un reparto vocal poco adecuado para las especiales características del Euskalduna, aunque este aspecto puede ser todo menos una sorpresa.

La producción escénica ofrecida se debe a Francisco Negrin y fue estrenada en el Palau de Les Arts de Valencia en Junio de 2010. Reconozco que los trabajos del hispano – mejicano no son de los que yo me llevaría a una isla desierta. Bastará recordar el Macbeth que nos ofreciera en Bilbao hace ahora 7 años.

Francisco Negrín nos ofrece una sociedad moderna y depravada, con una escenografía en forma de un escenario giratorio, en el que se ve por un lado la sala de banquetes de Herodes, con muchos figurantes y un ambiente decadente, quedando en el otro lado la cisterna o más bien pura celda (con espejos) de Jochanaam. El vestuario responde a tiempos modernos y es obra de Louis Désiré, autor también de la escenografía. En este ambiente moderno llama la atención la figura del profeta con una larga túnica. La iluminación de Bruno Poet está bien conseguida.

La dirección escénica de Francisco Negrín no tiene demasiado interés. En general hay un exceso de figurantes en escena, resolviendo bien la escena de Narraboth, menos las discusiones de los judíos, mientras que la Danza de los Siete Velos no existe sino en forma musical. En dicha escena Herodes muestra confusas imágenes a Salomé, en las que se la ve de jovencita filmada secretamente por su padrastro, terminando la “danza” con Salomé forzada por Herodes en la habitación de al lado. En la escena final Salomé no canta con la cabeza del Bautista, sino con el cadáver completo, que es traído a escena, lo que le hace perder una parte importante de impacto. Tantas peticiones de Salomé (nada menos que 8) por “la cabeza del Bautista en una bandeja de plata” no parecen ser muy bien servidas de esta manera.

Como hace 12 años ABAO no ha querido correr riesgos en la parte musical y ha encargado la dirección al titular de la Orquesta Sinfónica de Bibao, el americano Erik Nielsen. Es lo que se hizo también entonces con Juanjo Mena, a la sazón también director de la misma orquesta. La decisión me parece acertada en ambas ocasiones, ya que es una ópera que tiene mucho que ofrecer en términos musicales. La dirección de Erik Nielsen ha sido correcta y más bien camerística, huyendo de grandes alardes sonoros, como los que muchas veces se ofrecen en esta ópera. La elección no me parece mala, teniendo en cuenta las características del Euskalduna y las voces que tenía el director delante de sus ojos. Desde luego, una lectura más brillante y dramática podía poner en riesgo el resultado de la representación en las circunstancias. Buena la prestación de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, bien atenta a la batuta de su director.

Salomé en Bilbao. Foto: Moreno Esquibel
Salomé en Bilbao. Foto: Moreno Esquibel

Es bien sabido que el Euskaduna es uno de los espacios teatrales menos amigables para las voces. Muchas veces he dicho que las voces que no están perfectamente emitidas funcionan mal en este espacio. Así ha ocurrido una vez más. No me parece que se haya acertado, en general, en la elección de los cantantes.

La protagonista Salomé fue encarnada por la americana Jennifer Holloway, que sustituía a la inicialmente anunciada, Emily Magee.. Acababa de verle cantar la parte de Sieglinde en Hamburgo y la impresión había sido positiva, aunque albergaba muchas dudas sobre cómo se comportaría su instrumento en el Euskalduna. Su actuación ha sido en general convincente, si bien a su voz le falta más amplitud para un espacio como éste. Se queda un tanto corta en graves y en el centro, corriendo mejor la voz en la parte alta. Es una buena intérprete escénica, contando con una figura atractiva y adecuada.

Jochanaam fue interpretado por el barítono letón Egils Silins, que tiene una voz atractiva, pero la emisión resulta insuficiente, con clara tendencia a quedarse atrás, corriendo de manera deficiente por la sala. En los internos era casi inaudible. Le he visto bastante mejor en otros teatros más amigables para las voces.

Algo parecido se puede decir del Herodes del tenor americano Daniel Brenna, a quien el programa de mano nos presenta como unos de los mejores Heldentenor de la actualidad. Supongo que esto lo habrá escrito su agente. La voz es más bien reducida y se queda atrás, aparte de no tener un timbre muy atractivo. Tampoco como actor (faceta muy importante en el personaje) consiguió brillar.

La mezzo-soprano húngara Ildiko Komlosi fue una Herodías en claro declive vocal.

Nada que objetar a la actuación de Mikeldi Atxalandabaso en la parte de Narraboth, el Jefe de la Guardia. Este cantante podría dar clases de proyección vocal a todos los demás, ya que fue la voz que mejor corría por la sala, aunque no fuera la mayor de todas ellas. Estuvo intachable, como siempre.

En el Paje de Herodías nos encontramos con la sorpresa de la presencia de Monica Minarelli, en lugar de Itxaro Mentxaka, aunque no hubiera ninguna explicación. Su voz es muy escasa para este teatro.

Los dos Soldados fueron interpretados por un sonoro José Manuel Días y un escasamente audible Mikel Zabala.

Los Judíos no pasaron de cumplir. Eran Josep Fadó, Miguel Borrallo, Igor Peral, Jordi Casanova y Michael Borth. No más que correctos los Nazarenos, interpretados por Alberto Arrabal y Alberto Núñez. Finalmente, Manuel A. Mas pasó sin pena ni gloria por la parte del Capadocio.

El Euskalduna ofrecía una entrada apenas superior al 80 % de su aforo. El público se mostró cálido con los artistas en los saludos finales, siendo los mayores aplausos para Jennifer Holloway.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de de 1 hora y 42 minutos, sin intermedios. Seis minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 220 euros, costando la más barata 61 euros.

José M. Irurzun