Una Susanna de Haendel en Madrid con protagonismo de los contratenores

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Una Susanna de Haendel en Madrid con protagonismo de los contratenores
Carlos Mena

Tras el éxito de Serse el mes pasado, le llega ahora el turno en la programación del CNDM a otro título poco conocido de Haendel. Me refiero a Susanna, cuyo resultado ha sido bueno, aunque por debajo del referido de Serse el mes pasado.

Susanna es uno de los oratorios que compuso Haendel en su etapa de músico y empresario teatral londinense, estrenada en 1749. La consideración de ópera u oratorio es bastante accidental, ya que muchos de los oratorios de esa época son auténticas óperas, que por razones económicas y hasta religiosas no se estrenaron en versión escénica. La ópera trata de la famosa leyenda de la Casta Susana y no es de lo mejor que escribiera Haendel, aunque tiene páginas bellísimas, especialmente las que dedica a los solistas en el tercer acto, y las distintas páginas corales, donde la mano de Haendel es única.

Había tenido ocasión de ver esta ópera-oratorio hace 6 años en Bilbao, donde asistí a una representación inolvidable por dos motivos especiales. En primer lugar, por la presencia de William Christie y sus Arts Florissants, que nos ofrecieron una versión magnífica de la obra. También la recuerdo por el hecho de que el Teatro Arriaga ofrecía una de las entradas más flojas de las que he sido testigo, ya que la ocupación apenas llegaba al 40 % del aforo.

Valga el párrafo anterior para decir ahora que la ejecución por parte de Martin Haselböck me ha resultado muy inferior a la de William Christie. El director austriaco es de esos maestros que tiene todo controlado, nada está fuera de su sitio y, sin embargo, le falta esa chispa de inspiración que hace que una ópera barroca sea especial o normal. Por supuesto, pocos directores pueden salir bien librados de su comparación con William Christie, pero tendría que decir prácticamente lo mismo si comparara la ejecución de Haselböck en esta Susanna con la de Spinosi en Serse el mes pasado, o con la de Fabio Biondi en el Silla de Haendel anteayer mismo en Valencia. El concierto se desarrolló por caminos más bien monótonos durante los dos primeros actos y solamente en el tercero la obra tomó vida. Es verdad que dicho acto contiene la mejor música de la obra, y Haselböck consiguió al final elevar la temperatura de la sala. Impecable y de sonido bellísimo la Orquesta Wiener Akademie, una de las mejores de hoy en día en este repertorio. Estupendo también el Coro Consort Wiener Akademie, cuyos doce miembros hicieron una auténtica demostración de afinación y musicalidad.

Marie-Sophie Pollak
Marie-Sophie Pollak

El rol de Susana fue interpretado por la soprano belga Sophie Karthäuser, que también fue la protagonista bajo la batuta de William Christie en el año 2009. La voz es agradable, no excesiva de volumen, resultándome bastante monótona en su interpretación a lo largo del concierto. En su última aria Guilt trembling spoke my doom hizo exhibición de buenas agilidades y de una expresividad que no había mostrado hasta entonces.

El contratenor vitoriano Carlos Mena fue un buen intérprete de Joacim, el marido de Susanna. Su voz tiene una calidad aceptable, lo que no es poco en la cuerda de contratenores, y canta con gusto, resultando muy adecuado en agilidades. Lo mejor fue el aria On fair Euphrates verdant side en el segundo acto.

Los Ancianos corruptos fueron bien servidos por el tenor austriaco Paul Schweinester y por el bajo húngaro Levente Pall. Afortunadamente, era una versión de concierto, ya que en representación escénica habría habido problemas para hacerlos creíbles, ya que los dos rebosan juventud, especialmente el primero.

El contratenor austriaco Alois Mühlbacher fue quien se echó la obra a sus espaldas y quien sacó al público de la especia de letargo en la que estaba sumido. Este jovencito, un adolescente, se mostró en el rol de Daniel como un consumado cantante, dominado las agilidades y dando sentido a cada una de las palabra del texto. Lo menos convincente es su voz, escasa de atractivo, especialmente por arriba, pero su madurez artística es sorprendente para su edad.

Marie-Sophie Pollak lo hizo bien en el personaje de la Ayudante de Susanna, así como el barítono Günter Haumer en la parte de Chelsias, el padre de la protagonista.

El Auditorio ofrecía una entrada de alrededor del 75 % de su aforo. Les puedo decir que las localidades situadas detrás del escenario (las más baratas) estaban agotadas desde hacía días. En la segunda parte del concierto estaban casi vacías, habiendo encontrado perfecto acomodo sus ocupantes en las localidades vacías de enfrente. Esto no sé si es picaresca, habilidad o simple sentido común. El público dedicó ovaciones a los artistas, siendo los triunfadores los dos contratenores.

El concierto comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 41 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 18 minutos. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 40 euros, costando las más baratas (las que se quedan libres tras el descanso) entre 15 y 18 euros.

José M. Irurzun

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