Vesselina Kasarova Una artista de otro tiempo

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Veselina-Kasarova

 

La prestigiosa mezzosoprano búlgara actuará por primera vez en Buenos Aires, en la apertura de la temporada del Mozarteum Argentino

 

Por   | LA NACION

Tan intensa, auténtica y cautivante como en el escenario, así resulta Vesselina Kasarova (acentuada la segunda A) en el contacto personal, la gran mezzo búlgara que gracias a una voz suntuosa y una personalidad fascinante se impuso como una figura irrepetible, una estrella que supo conservar a lo largo de una carrera impecable, tanto en su voz como en su elegante estilo, el misterio de los artistas de otros tiempos.

Rigurosa en la técnica y el conocimiento como pocos (además de su formación de cantante, es pianista con diploma), delicada y bellísima por naturaleza, se resistió a plantear su carrera bajo los impiadosos cánones del marketing clásico -contra el que se pronuncia con franqueza- priorizando su valiosa singularidad artística. Una fórmula más exigente que ventajosa, pero más interesante y perdurable; una conducta que le ha valido no sólo el cariño del público, sino también la admiración y prestigio de que goza en el mundo entero. Por primera vez en la Argentina, se presenta para inaugurar la temporada del Mozarteum en el Colón, junto con la Camerata Bern que dirige Florian Donderer.

-Usted se formó en Bulgaria bajo el régimen comunista, en una época en la que los países del Este gozaban de una alta reputación en la formación musical. ¿Cómo vivió ese tiempo y cómo lo ve en perspectiva?

-Recibí una formación impagable. Aprendíamos con niños dotados desde los cuatro años hasta la universidad, se invertía en el arte y el deporte. Todo era parte de una historia y unas condiciones que ya no existen. La democracia trajo superficialidad y la gente que hoy enseña y ocupa ciertas posiciones en la música ya no son esos profundos conocedores de antaño.

-¿Cómo vivió la transición política?

-Sufrimos porque mi abuelo estuvo preso. Los intelectuales sufrían en la dictadura porque para el comunismo todos valen lo mismo, ganan el mismo salario, igual si es médico o taxista. No había diferencias, excepto para los políticos: no se podía salir del país, todos llevábamos una vida similar. Muy cómodo para la mayoría porque le quitaba a la gente la posibilidad de comparar. La democracia quiso lograr de un día para el otro lo que al capitalismo le llevó años, y la sociedad sacó lo peor de sí. Es algo perverso, pero es la verdad.

-¿Qué dificultades atravesó en ese nuevo mundo?

-Jamás hubiese sobrevivido en el business de la música si no me hubiese mantenido fiel a mí misma. Sé que soy una excepción a ciertas reglas. No soy «un producto» porque para mí la prioridad ha sido siempre la calidad, aunque ese objetivo me costó un enorme desgaste. Por ejemplo, nunca canté por dinero. Suena patético, pero es una diferencia. En el pasado, los grandes cantantes eran también grandes personalidades y si bien respeto a todos, lamentablemente ya no existen esas individualidades.

-Con algunos jóvenes directores se está produciendo un fenómeno similar, los encumbrados «nuevos talentos»?

-¡Ay Dios si lo sabré! Ya tuve la experiencia de cantar con un teen . Fue desagradable. ¡El muchacho sabía tan poco! Pero lo peor es advertir cuánta gente ni siquiera se da cuenta y cree que esos artistas fabricados son buenos de verdad. Es triste ver cómo los más preparados empiezan a molestarle al resto porque es incómodo poner a los demás en evidencia.

-¿Por qué lo dice? ¿Ve mucho amateur disfrazado de experto en el mundo de la música?

-Al comienzo de la carrera uno recibe un shock. Hoy se ve en todas partes: directores de teatro u otras disciplinas sin ninguna formación en régie de ópera, sólo manejan gente en escena y no les importa cómo se canta ¡sencillamente porque no entienden nada! El nivel es cada vez más bajo. Las discográficas tienen gente que ha aprendido un poquito de violín, un poquito de canto, pero sin formación en serio. Días atrás escuchaba a una cantante elogiada por la prensa ¡alguien que ni siquiera pasaría un examen de 1° año de conservatorio!, y por otro lado hay voces ocultas, maravillosas, desconocidas. El problema es ¿quién decide? Si hasta hay directores artísticos en varios teatros que saben poco y nada? Es una cadena y no existe justicia en esto.

-¿Cómo convive con el sistema?

-Protegiéndome porque comprendí que en el arte sólo tiene posibilidades de una gran carrera aquel que es realmente singular. Es un arma de doble de filo porque en esa fortaleza reside también el riesgo, pero eso es el arte: ser algo único e irrepetible.

-¿Cuál es su singularidad?

-Mi interpretación. Admiro a todos, pero nunca copio a nadie. Elijo ser distinta, buscar lo propio, descubrirme a mí misma en lo que me dicen las notas, en el significado que le doy a cada pausa. Un cantante no es solamente la voz, es la personalidad y el carácter. Se necesita fuerza para sostenerse en la individualidad, pero es lo único que vale la pena.

-¿Qué aconseja a los jóvenes?

-La autocrítica. Que muestren sus fuerzas arriba del escenario, no abajo porque el que se considera superior no llega lejos. Siento que pertenezco a otra época, otro mundo. No comprendo por qué funciona un sistema en el que todo está al revés.

-Usted dice que no hubiera sobrevivido al business ¿por qué?

-Porque decidí no aceptar ciertas reglas: la dinámica de estar todos los días en otro país, en un escenario diferente. La voz necesita reposo y muchos, para seguir adelante, terminan operándose las cuerdas con asombrosa facilidad, cantan sin técnica por el afán de avanzar, se inyectan cortisona para no enfermarse. Así funciona. Siguen por dinero, sin pensar ni sentir en lo que hacen, sin un amigo que los aconseje. A Dios gracias supe defenderme. ¡Pavarotti y Caballé hoy no hubiesen tenido chances!, porque no todos los cantantes pueden ser lindos y delgados. ¡Tremendo! Así de brutal. Cuando se quiere satisfacer a todos, se está perdido porque quien acepta el perverso juego de las apariencias, debe saber cómo terminará. El problema es que cuando se asume es demasiado tarde; y el precio que pagó, excesivamente alto.

-¿Dónde marcaría la diferencia entre un buen artista y una verdadera estrella?

-En una voz que jamás se olvide. En una emoción, un color que permanezca en la memoria, unos segundos que sigan flotando en el recuerdo. En algo para siempre inolvidable..

Mozarteum Argentino
Camerata Bern, con la dirección de Florian Doderer y la mezzo Vesselina Kasarova
Teatro Colón, Libertad 621.
Funciones, hoy y mañana, a las 20.30.