Wagner en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM. “EL ORO DEL RIN”, Ópera- Concierto, deleitó a oyentes iniciados y profanos.

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Wagner en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM. “EL ORO DEL RIN”, Ópera- Concierto, deleitó a oyentes iniciados y profanos.
Wagner en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM. “EL ORO DEL RIN”, Ópera- Concierto, deleitó a oyentes iniciados y profanos.

El día domingo 22 de septiembre de 2019 la OSEM, Orquesta Sinfónica del Estado de México, en su Temporada 141, dirigida por el Maestro Rodrigo Macías González, en su programa 1, presento en forma de concierto los días 20 y 22 de septiembre de 2019, la ópera “EL ORO DEL RIN”, Prologo de “EL ANILLO DEL NIBELUNGO” de Ricardo Wagner. La función convocó a “Todo el mundo” como comentó un infaltable, antes de que iniciara esta experiencia, que quedará como un soberbio acontecimiento, pues solamente se ha escuchado dos veces en México, la primera en Bellas Artes en 2003, y ésta que coincidió exactamente con el 150 aniversario de su estreno en Munich el 22 de septiembre de 1869, a instancias del Rey Luis II de Baviera, con el disgusto del compositor que pretendía estrenar el ciclo completo. El resultado obtenido fue soberbio y trascendente. Una gran orquesta en nuestra mejor sala, combinación perfecta. Elenco de primera, mezcla internacional, con músicos y cantantes entregados a una experiencia diferente. Es importante señalar lo acontecido pues es una clara muestra que el cambio que se requiere en este terreno de la música y ópera en nuestro país ya no puede seguir esperando. Esta hazaña es una muestra de que si se puede.

Durante toda la ópera, que se representó sin interrupciones de principio a fin, el trabajo realizado con rigor y disciplina, con un director en estado de gracia, conjuntando todos los recursos humanos y técnicos con gran capacidad organizativa, músico dotado y talentoso, amante del género operático, con un instrumento de primer nivel, una de nuestras más importantes orquestas, con un sistema de trabajo liberado desde siempre de trabas burocráticas enajenantes que todo lo impiden y nada permiten, logró brindar un espectáculo de gran nivel que queda como ejemplo de que si se lo proponen las cosas pueden hacerse muy bien. La música imponente de Wagner llenó la sala embelesando y subyugando a quienes gozamos del privilegio de estar presentes ahí.

El elenco que se seleccionó para dar vida a este drama musical fue selecto. Catorce personajes, dioses, gigantes, ondinas y nibelungos, seres surgidos del mito antiguo, de las sagas que simbolizan y personifican el principio y el fin del universo, en esta obra que cuenta entre los logros más importantes en la historia del arte, contó con actores -cantantes de excelencia: Wotan, dios supremo, el bajo barítono Kristián Cser, Loge, dios del fuego, el tenor Michael Muller Kastelan, Fricka, esposa de Wotan, el fuego, Grace Echauri, mezzosoprano, Freia, diosa de la juventud, la soprano Alejandra Sandoval, Donner, dios hermano de Fricka y Freia, el bajo-barítono David Robinson, Froh, dios del día, hermano de las anteriores, Oscar Santana, tenor, Erda, diosa madre de la naturaleza, Belem Rodríguez Mora, contralto, Alberich, enano nibelungo, Levent Barkici, barítono, Mime, hermano de Alberich, César Delgado, tenor, Fasolt, gigante, Hernan Iturralde, bajo-barítono, Fafner, hermano de Fasolt, Mikhail Svetlov, bajo, las Ondina, hijas del Rin, Woglinde, Marcela Chacón, soprano, Wellgunde, Zaira Soria, soprano, Flosshilde, Julietta Beas, mezzosoprano, quienes actuaron y cantaron sus partes de manera creíble y solvente.

Los dioses tutelares Wotan y Erda saben que el fin se aproxima.

No es este el lugar para contar la compleja y complicada historia del robo del oro del Rin del lecho del río donde permanecía dormido, que trastocará el orden cósmico irremisiblemente, pero si podemos narrar que el espectáculo de poder mirar a la gigantesca orquesta, con seis arpas, cuatro tubas wagnerianas, yunques y martillos, metales reforzados, cuerdas, maderas, percusiones, que sonaron esplendorosamente desde los primeros 136 compases íntegramente compuestos sobre el acorde de “mi bemol mayor” hasta el final donde, desde lo más alto y lejano de la sala monumental las ondinas lloran la pérdida del oro mientras los dioses petulantes y orgullosos suben por el arco iris al Walhalla, irónica y caricaturesca ascensión a su fin inminente, en una explosión de robustos timbres de trompetas y trombones en una inmensa curva de apoteosis final, la música genial del “Cagliosto musical”, “Heliogábalo de la música”, “Vándalo del arte”, como calificaban sus enemigos al compositor de esta obra conocida como la Tetralogía. ¿Alguien se acuerda de ellos?

Manuel Yrízar