Werther en Buenos Aires: una versión de corto vuelo para la obra de Massenet

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Werther en Buenos Aires: una versión de corto vuelo para la obra de Massenet
Escena del Werther en Buenos Aires

Jules Massenet logra con Werther su obra maestra y en esta partitura logra que cada ingrediente de su arte llegue a su precisa sazón. La grandilocuencia el melodismo efectista de sus obras anteriores se pule dejándonos el equilibrio necesario entre la fluidez dramática y la melodía que responde al clima de la acción.

La orquestación se enriqueció y trasunta la influencia wagneriana dando como resultado un tejido rico en detalles y sutilezas, fiel a la tradición gala y sin embargo abierta a la modernidad.

Paradigma de la ópera-lyrique, Werther desarrolla un lenguaje musical que se funde con el devenir dramático plasmado en el libreto inspirado en Goethe brindándonos personajes de una riqueza y una profundidad digna de la inspiración del gran poeta alemán. En este sentido, pocas veces una ópera logra, a pesar de la necesaria reducción con respecto de la obra original, mantener tan vívidas las cualidades fundamentales de la pieza que le dio origen.

Buenos Aires Lírica nos presentó la segunda producción de Werther en Buenos Aires en la historia de la compañía y el público recibió un espectáculo que no terminó de convencer, particularmente el lo dramático y en el rendimiento orquestal.

El planteo que nos entregó Crystal Manich resultó lineal, carente de sutilezas y profundidad, volviendo a personajes de los más complejos del repertorio, una galería de estereotipos sin evolución y con escasa carnadura lo que redundó en la ausencia de emoción e impacto.

La puesta de este Werther en Buenos Aires evitó adentrarse en los conflictos de estas personalidades y se limitó a una acción entre naif e insustancial.

Escena del Werther en Buenos Aires
Escena del Werther en Buenos Aires

La escenografía y el vestuario (firmados por Noelia González Svoboda y Lucía Marmorek) acompañaron esta literalidad y perdieron la oportunidad de destacar los cambios emocionales de los personajes ya sea en las gamas cromáticas o en los diseños escogidos para cada acto.

El recurso de la tela roja como sinónimo de la sangre sobre la que se sienta el protagonista tras dispararse, se está volviendo tan trillado que pierde el efecto buscado.

Gustavo López Manzitti compuso un Werther interesante desde lo vocal, que fue creciendo a lo largo de la velada y que alcanzó sus cotas más altas en la célebre aria “Pourquoi me reveiller?” y en la escena final.

Florencia Machado es una artista prometedora. Su Charlotte aún tiene mucho por crecer, sobre todo en la comprensión íntima del rol y su internalización, pero lo que nos mostró nos llena de esperanzas.

La Sophie de Laura Sangiorgio resultó grata, bien cantada, fresca. Norberto Marcos logró un interesantísimo Albert. Cantó con estilo y actuó con convicción. Cristian De Marco compuso un entrañable Bailly.

En general los intérpretes del Werther en Buenos Aires no lograron mostrar la evolución de los personajes y su compleja psicología, lo que atribuímos más a una marcación defectuosa que a la falta de talento. Esta superficialidad resultó un sello de toda la puesta y lo lamentamos sinceramente, porque limitó también las posibilidades expresivas del canto.

La orquesta bajo la dirección de Pedro-Pablo Prudencio tuvo un pobre desempeño teniendo en cuenta la riqueza de la partitura. Faltó detalle, matiz, sutileza… casi todo el secreto de la ópera francesa.

La velada nos dejó con gusto a poco, sobre todo teniendo en cuenta todo lo que nos gusta esta obra…

Nuestros artistas son capaces de brillar… todo es cuestión de no opacar su talento e inspirarlos convenientemente.

Prof. Christian Lauria