A wintery spring de Haddad e Il Serpente di bronzo de Zelenka en Frankfurt

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A wintery spring de Haddad
A wintery spring de Haddad. Foto: M. Rittershaus

Hace ya años que la Ópera de Frankfurt habilitó el Bockenheimer Depot, las antiguas cocheras de los tranvías, para ofrecer óperas poco conocidas, generalmente perteneciente al género barroco. En esta ocasión ofrece un programa doble, cuyas obras están separadas por casi 300 años, siendo la primera estrenada el mes pasado y la otra nada menos que en 1730.

Esta primera de las óperas es un encargo de la Ópera de Frankfurt al palestino Saed Haddad y el título responde a aquella Primavera Árabe de la que tanto se habló en su día. La obra está basada en poemas de Khalil Gibran y especialmente en el Lamento de Palestina. La obra se compone de 3 breves partes, terminando con una visión muy pesimista sobre el desarrollo de la mencionada Primavera Árabe. La música es atonal y exige una orquesta muy reducida.

De la producción se ha encargado Corinna Tetzel, que ofrece un escenario figurando arena, con notable uso de videos alusivos a la trama de la ópera. En su simplicidad funciona bien.

La dirección musical estuvo en manos de Frank Ollu, que llevó bien la obra, contando a sus órdenes al Ensemble Modern.

El reparto vocal no es muy exigentw para los cantantes y fue bien cubierto. Sus intérpretes eran la soprano Alison King, la mezzo-soprano Deanna Pauletto y el bajo Brandon Cedel.

El teatro ofrecía una ocupación de alrededor del 80 % de su aforo.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 40 minutos, sin intermedios. Tres minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 65 euros, costando la más barata 20 euros.

El segundo título del programa era esta auténtica rareza del compositor alemán Jan Dismas Zelenka (1670-1745). Obviamente, se trata de una ópera barroca, que se estrenó en Dresde en 1730. Está escrita en italiano. La obra resulta agradable, aunque hay una cierta monotonía y uno se da cuenta de la gran diferencia que hay entre Haendel y otros contemporáneos suyos.

Il Serpento di bronzo. Foto: M. Rittershaus
Il Serpento di bronzo. Foto: M. Rittershaus

El título tiene que ver con las plagas de las serpientes en Egipto y el encargo de Dios a Moisés de hacer una serpiente de bronce, lo que le trae problemas con sus acompañantes por el desierto, terminando la ópera justamente con presentación de la serpiente de bronce. La obra ofrece un aria a cada de uno de los artistas, arias que son muy largas y siempre con sus obligados da capo. El contratenor tiene dos arias, mientras que la mujeres tienen además un dueto, aparte de sus correspondientes arias. En el caso de Egla tiene también un arioso.

La producción se debe también a Corinna Tetzel, que hace uso del mismo escenario que en la ópera anterior, añadiendo una pasarela por donde deambulan los cantantes. El vestuario es simple y moderno y cuenta con una buena dirección de escena.

Nuevamente, la dirección musical estuvo encomendada a Frank Ollu, que en esta ocasión contó con una orquesta más numerosas que en la primera de las óperas, aunque siempre dentro de los cánones barrocos. Me llamó la atención que pasó muy bien de un género a otro y su dirección me pareció adecuada, así como la prestación del Ensemble Modern.

Los 5 cantantes lo hicieron bien en todos los casos. Destacaría en primer lugar a la mezzo-soprano Cecelia Hall en la parte de Egla, con una voz atractiva y buena coloratura. Positiva también la prueba de Judita Nagyova como Namuel. Buena la actuación del contratenor Dmitry Egorov, que brilló en sus dos arias. Resultó adecuado el tenor Michael Porter como Moisés. Finalmente, lo hizo bien también Brandon Cedel en la parte de Dios, que fue por cierto el único al que se le entendía lo que cantaba en italiano.

La ópera tuvo una duración de 1 hora y 8 minutos, sin intermedios. Cinco minutos de aplausos

José M. Irurzun