Xerxes en Frankfurt con un buen reparto vocal

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Xerxes en Frankfurt
Xerxes en Frankfurt. Foto: B. Aumüller 

Aunque esta ópera de Haendel lleva el título de un rey guerrero de la antigüedad, su trama poco tiene que ver con acontecimientos históricos o heroicos, sino que se trata más bien de una comedia de enredo, cuya trama resulta bastante farragosa y tampoco es tan fácil de seguir para quien no la conoce de antemano. 

El resultado de la representación que ha ofrecido la Opera de Frankfurt se puede considerar como bueno, con un reparto vocal muy equilibrado, sin voces de relumbrón, pero adecuadas al estilo musical y a las exigencias de los personajes, mientras que la producción y la dirección musical me han resultado poco imaginativas y esto resulta un problema en una ópera barroca. 

Acabo de hacer referencia a la trama y me van a permitir que entre en algo más de detalle. El general del rey Xerxes, Ariodate, tiene dos hijas, Romilda y Atalanta, estando las dos enamoradas de Arsamene, que es el hermano del rey, quien a su vez desea a Romilda. Al propio tiempo, Xerxes tiene una prometida, Amastre, a la que abandona para hacerse con Romilda. A partir de ahí comienzan los enredos entre los 5 personajes y la trama está llena de malos entendidos, unos así queridos y otros debidos al azar, hasta que se llega a un final feliz, siendo Atalanta la única que no consigue sus deseos. 

Si explico someramente la trama en el párrafo anterior es para que se entienda que estamos en una ópera de trama confusa y que más vale tomarla en broma, como si fuera una auténtica comedia de enredos (es lo que realmente es) y no en serio. Como tal comedia y en plan hilarante la ofrecía y con éxito la producción de Martin Duncan en Munich, cuando la pude ver en el festival de 2006. Aquí, en cambio, la producción se limita a narrar la trama con bastante seriedad, lo que no me parece una buena idea, ya que estas óperas necesitan grandes dosis de imaginación por parte de los directores de escena. 

La producción ofrecida en Frankfurt lleva la firma de Tilmann Köhler y se caracteriza por su falta de imaginación, que casi la convierte en una pura versión de concierto con alguna escenografía y vestuario moderno. La producción se estrenó hace ahora dos años. La escenografía ofrece simplemente en los dos largos primeros actos una gran mesa de banquetes, en la que suelen estar los personajes, aunque el tal banquete nada aporta a la trama. En el ultimo acto la mesa desaparece y se sustituye por unas sillas. La escenografía se debe Karoly Risz y poco aporta. Al tratarse de una ópera, que no es sino una sucesión de arias, uno tiene la impresión de que se podía haber evitado la escenografía y ofrecerla en concierto con vestuario, ya que el resultado no habría sido muy distinto. La acción se trae a tiempos modernos y el vestuario se debe a Susanne Uhl, sin mayor brillo. Correcta la iluminación de Joachim Klein. 

La dirección de escena por parte de Tilmann Köhler no ofrece atractivos, ya que en el escenario no están sino los solistas que van a cantar las distintas arias, sin presencia de figurantes ni tampoco del coro, que se sitúa en el foso (esta vez muy elevado). Todo esto trae consigo una producción muy poco imaginativa, que no hace sino ofrecer una profusión de arias, pareciendo una versión de concierto, ya que escenografía, vestuario y dirección escénica nada especial aportan a la producción. 

Xerxes en Frankfurt. Foto: B. Aumüller

La dirección musical del griego Constantino Carydis fue correcta, aunque eché también en falta más dosis de imaginación por su parte. Si algo ha caracterizado a los 30 últimos años en el mundo de la ópera ha sido la aparición de estupendos directores en barroco, que han conseguido sacar a estas óperas del ostracismo. La dirección de Carydis resulta un tanto anticuada en este sentido y la corrección en su caso no sirve para poder ponerle a la altura de otros grandes directores en este género. Buena la prestación de la Frankfurter Opern und Museumorchester. El poco numeroso coro lo hizo de manera correcta en sus escasas intervenciones. 

El personaje del rey Xerxes fue interpretado por la mezzo soprano letona Zanda Svede, nueva en la Ópera de Frankfurt y que ha producido una positiva impresión. La voz tiene calidad y está bien manejada, moviéndose bien también en escena. 

Más conocido fue el intérprete de Arsamene, el hermano de Xerxes y su rival en amoríos, interpretado por el contratenor americano Lawrence Zazzo. Siempre ha sido un notable cantante y sigue siéndole, aunque la voz tiene menos frescura que antes. Lo hizo bien. 

La parte Romilda fue interpretada por la soprano Louise Alder, a quien veremos pronto en el Teatro Real en La Calisto. Resulta una cantante adecuada, aunque no especialmente brillante. 

La mezzo soprano Katharina Magiera lo hizo de manera destacable en la parte de Amastre, con una voz atractiva y de volumen suficiente. Canta y se mueve bien. Es uno de los puntales de la Ópera de Frankfurt desde hace años. 

La soprano Elizabeth Sutphen lo hizo francamente bien en la parte de Atalanta. Es una soprano ligera, que canta de manera muy expresiva y anda bien en agilidades. Únicamente sus notas más altas resultan demasiado metálicas. 

Thomas Faulkner fue un Elviro correcto y un tanto basto, mientras que Bozidar Smiljanic cumplió adecuadamente como Ariodante. 

El teatro ofrecía una ocupación de alrededor del 95 % de su aforo. El público se mostró muy cálido en los saludos finales, no faltando bravos para ninguno de los solistas. 

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 3 horas y 14 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 46 minutos. Se dieron seguidos los dos primeros actos, que resultan tan largos como el primer acto del Ocaso de los Dioses, es decir prácticamente dos horas. Siete minutos de aplausos. 

El precio de la localidad más cara era de 105 euros, habiendo butacas de platea desde 59 euros. La localidad más cara con visibilidad plena costaba 33 euros. 

José M. Irurzun