Yende, D´Arcangelo y Polenzani celebran San Valentín con el Elixir de Amor en MET

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Elixir de Amor en MET
Elixir de Amor en MET. Foto: Ken Howard/Metropolitan Opera

En una semana en la que la ciudad de Nueva York celebraba San Valentín, El MET ha superado las trescientas representaciones de la ópera de Gaetano Donizetti, L´Elixir d´amore. Es una cifra nada despreciable pero que no sorprende pues El Elixir es una de las óperas más frecuentadas últimamente por teatros americanos y cuenta siempre con un público amplio que disfruta los finales felices, la melodía amable y el entretenimiento sin enormes pretensiones vitales, tipo Broadway.

La factoría de ópera que es el MET sigue perfectamente engrasada y la representación de El Elixir del pasado sábado llenó el teatro y cosechó un éxito tan rotundo como esperable. La producción, dirigida por Barlett Sher con escenografía de Michael Yeargan sigue la propuesta tradicional del MET con paneles pintados y atrezos sencillos y efectivos, más bien manidos. Catherine Zuber firma un vestuario alegre y vistoso, en el que chirría el abuso de los sombreros de copa, especialmente molestos sobre los personajes de Adina y Dulcamara. La iluminación de Jennifer Tripton es discreta y suficiente.

En el foso, el joven director de orquesta venezolano Domingo Hindoyan se presenta con este título en el MET. Llega a Nueva York precedido por su solvencia en los teatros europeos. HIndoyan, quizá demasiado especulativo en el primer acto, propuso una visión general calurosa y directa, de tempi bucólicos por momentos pasados de ritardando. EL segundo acto, más en su sitio, conjugó la morbidez de los dúos de amor con el esperado efectismo festivalero en los números bufos. Domingo Hindoyan sacó partido de la Orquesta de la Metropolitan Ópera, si bien su batuta parece en ocasiones divagante, como en busca de una tensión que no tardará en llegar.

El peso del espectáculo recayó sobre todo en el tridente de cantantes protagonistas. La estupenda Pretty Yende, dotada de un timbre amable y de una sobresaliente intuición musical, convenció tanto en lo vocal como en lo actoral, dejando una Adina delicada y actual. De la soprano sudafricana destacamos su imaginativo empleo de las inflexiones vocales para ahormar su voz al estilo de Donizetti, así como su pasmosa seguridad en el fiato y la afinación. Yende es una artista que siempre cumple. En esta ocasión, sin embargo, su arte se vio en parte velado por el pequeño tamaño de su instrumento que, si bien Yende contrarrestaba con una proyección inteligente, acusó el tamaño del MET. Fue muy celebrada por la audiencia del sábado pasado.

Elixir de Amor en MET. Foto: Ken Howard/Metropolitan Opera

El tenor de Illinois Matthew Polenzani regaló un Nemorino irreprochable, más reposado que el que cantó en 2012 en esta misma producción junto a Anna Netrebko. No es fácil encontrar el punto dramático al personaje. Donde muchos otros hallan la tentación del deslizarse hacia la caricatura o el histrionismo, Polenzani mantuvo una elegante propuesta que dibujaba a un Nemorino entrañable y muy creíble. Todo el MET empatizó con este pueblerino enamorado hasta el tuétano, oportuno trasunto del perfecto amante en San Valentín. En lo vocal, Polenzani sale al paso de un timbre poco sugerente gracias a una estupenda dicción, una línea ancha, segura y musical y una proyección que reluce arriba. Su recreación de Una furtiva lagrima, muy esperada (y agradecida) por el público, emocionó pese a su uso tal vez excesivo de los filados.

Ildebrando D´Arcangelo, el celebérrimo bajo de Pescara, tiene al desternillante mercachifle donizettiano como uno de sus papeles fetiche. El pasado sábado no decepcionó con su repertorio de muecas, pasos de danza y acentos idiomáticos, siempre al servicio del texto. La voz sigue en sazón pese al paso tiempo, quizás incluso más aterciopelada hogaño. Su aparición de nuevo en el MET es un lujo que D´Arcangelo repite generoso en cada representación.

El barítono italiano de Benevento, Davide Luciano, fue un entregado Belcore. Musical y atento a las indicaciones de Hindoyan, cuenta con una envidiable voz de barítono, ancha y redonda, de timbre homogéneo y línea flexible. Como artista, da la sensación de estar aún en desarrollo, por lo que no habremos de perderle la pista. Por su parte, Dísella Lárusdóttir fue una incisiva Giannetta, de agradable presencia escénica.

Mientras Nemorino jugaba a embrujar a las mujeres del pueblo con su Elixir, Dulcamara hacia negocio con las pasiones humanas y Adina conseguía como siempre cuanto se proponía, fuera del MET la ciudad se cubría rápidamente de nieve. Las parejas salían de teatro satisfechas y sonriendo, y al resbalar sobre el hielo de las aceras, parecían como ebrias tras disfrutar del mismísimo Elixir d´amore.

Carlos Javier López