Lucia di Lammermoor en Barcelona: Juan Diego Flórez, un discutible Edgardo

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Lucia di Lammermoor en Barcelona: Juan Diego Flórez, un discutible Edgardo
Lucia di Lammermoor en Barcelona: Juan Diego Flórez, un discutible Edgardo. Foto: A. Bofill

Lucia di Lammermoor es una de las óperas más representadas en la historia del Liceu de Barcelona, donde no se ofrecía desde hace 9 años. En esta ocasión la vuelta del título al teatro de Las Ramblas ofrece un interés especial, ya que se trata nada menos que del debut en el rol de Edgardo del tenor peruano Juan Diego Flórez. La expectación, por tanto, estaba más que servida y el resultado no ha sido convincente, al menos para quien esto escribe.

Me van a permitir que cambie el orden tradicional de mis relatos operísticos y que empiece justamente por el centro de interés de esta Lucia di Lammermoor, que no es otro que el debut de Juan Diego Florez en el personaje de Edgardo. Bueno será empezar por decir que considero al tenor peruano como el mejor en la actualidad en el repertorio ligero, especialmente en Rossini, y que es uno de los dos tenores excepcionales de la actualidad, cada uno en su repertorio, siendo el otro el alemán Jonas Kaufmann.

Digo más arriba que Juan Diego Flórez en un tenor excepcional en su repertorio. La pregunta inmediata es: ¿Edgardo debería formar parte de su repertorio? Creo que es la primera pregunta que hay que abordar. En este sentido tengo que decir que Juan Diego Flórez lleva algunos años intentando, con mayor o menor éxito, ampliar su repertorio y enfrentarse a personajes más heroicos que los que han hecho de él un tenor histórico. Si en Rossini y en algunos tenores de Donizetti Juan Diego Flórez no tiene rival, personajes como el Duque de Mantua en Rigoletto, Fernando en La Favorita o Edgardo en Lucia di Lammermoor exigen una voz de características distintas a las suyas. No es un problema de tesitura ni de línea de canto, sino simplemente de adecuación vocal a las exigencias del personaje.

Edgardo necesita en mi opinión de un tenor lírico, mientras que Juan Diego Flórez sigue siendo un tenor ligero, aunque su centro haya podido ensanchar un poquito en los últimos años. Si la parte de Edgardo consistiera únicamente en la escena final, estaríamos ante el mejor intérprete hoy en día, ya que su fraseo y su elegancia cantando son un dechado de perfección y brillantez. Sin embargo, Edgardo tiene que hacer frente a otras exigencias más heroicas, especialmente el final del segundo acto y la tradicionalmente cortada escena de la torre, donde su voz resulta insuficiente. Bueno será recordar que Alfredo Kraus rechazaba cantar la escena de la torre por considerarla poco adecuada a sus características vocales y todos sabemos que Juan Diego Flórez es un tenor mas ligero que el gran tenor canario.

Aparte de los fundamentales aspectos de adecuación vocal, creo que el tenor peruano se ha equivocado debutando Edgardo en este teatro y con esta producción escénica. Lo del teatro tiene que ver con su tamaño, que no es precisamente reducido. Por otro lado, la producción es anormalmente abierta, sin otro cierre del escenario que telas, y las voces sufren, salvo que canten prácticamente encima de la orquesta.

Siguiendo con la parte vocal, la protagonista de la ópera fue interpretada por la soprano rumana Elena Mosuc, que nos ofreció una buena actuación. Se puede decir que prácticamente intachable vocalmente, aunque hubo poca emoción en su interpretación, que no fue muy ayudada por la producción escénica. La siempre esperada escena de la locura la resolvió bien, incluso brillantemente, pero con una cierta monotonía y con el agudo final bordeando el grito.

El barítono italiano Marco Caria fue un Enrico correcto, aunque sin ningún brillo especial. La voz resulta adecuada al personaje, pero resulta monótono en su canto.

Simón Orfila fue una agradable sorpresa en la parte de Raimondo. Creo que ha sido una de las actuaciones más completas que le recuerdo, tanto vocal como escénicamente. No pasó desapercibido en ningún momento, como suele ocurrir con tantos otros intérpretes del personaje.

Lucia di Lammermoor en Barcelona: Juan Diego Flórez, un discutible Edgardo
Lucia di Lammermoor en Barcelona: Juan Diego Flórez, un discutible Edgardo. Foto: A. Bofill

Los personajes secundarios estuvieron correctamente cubiertos por Albert Casals (Arturo), Sandra Ferrández (Alisa) y Jorge Rodríguez-Norton (Normanno).

La dirección musical estuvo encomendada a Marco Armiliato, que no me resultó demasiado convincente. Hubo exceso de volumen en la primera parte de la ópera, que perjudicó a los cantantes, teniendo en cuenta las características de la producción escénica. Su dirección me pareció bastante plana, por debajo de lo que puede esperarse de él. La versión ofrecida de la ópera fue muy completa, eliminándose únicamente la escena de Enrico y Normanno tras la muerte de Lucía, que no es sino un anticlímax sin interés. La Orquesta del Liceu estuvo por debajo de su actuación en Nabucco y en Benvenuto Cellini. El Coro del Liceu tampoco fue particularmente brillante.

La producción escénica procedía de Zurich, donde se estrenó hace 7 años y lleva la firma de Damiano Michieletto. Yo acostumbro a distinguir dos tipos de producciones: las buenas y las malas. Ésta pertenece a las segundas. El escenario no ofrece sino una torre de vidrio y metal en ruinas a la izquierda del escenario, quedando todo lo demás vacío, siendo la mencionada escenografía obra de Paolo Fantin. El vestuario de Carla Teti es moderno, huyendo de la Escocia tradicional. El ambiente general de la producción es muy oscuro, del que no saca un gran partido la iluminación de Martin Gebhardt.

La dirección escénica la ha llevado adelante en esta reposición Roberto Pizzuto, aunque supongo que ha seguido fielmente las ideas de Michieletto. En mi opinión la dirección de actores resulta casi inexistente y lo mismo se puede decir de la dirección de masas, con un coro siempre estático en escena, salvo en la escena inicial. La producción nos ofrece un ambiente bélico y la presencia casi permanente de un fantasma en escena, al que en diversas ocasiones se refiere Lucia, interpretado por una actriz vestida de blanco. Me resultó absurda la escena final. Como saben los aficionados, dicha escena se desarrolla en el cementerio de Ravenswood y no tiene mejor idea Michieletto que llevar el ataúd con los restos de Lucia para ser enterrados en dicho cementerio. Por lo visto se le olvidó que Lucia lleva por apellido Ashton y no Ravenswood. Aparte de mi juicio sobre la producción, quiero repetir lo poco apropiado de la misma para la proyección de las voces, especialmente en un teatro grande como es el Liceu.

Aunque resulte difícil de entender, el Liceu no estaba lleno, a pesar de tratarse de una ocasión tan especial. Seis horas antes de la representación quedaban unas 200 entradas disponibles. El publico resultó un tanto frío en a primera mitad de la ópera, mostrando su entusiasmo tras la escena de la locura, y tras el aria de Edgardo en el último acto. En los saludos finales hubo aclamaciones para Juan Diego Flórez, Elena Mosuc y Simón Orfila. A pesar de ser la primera representacióan, el supuesto equipo creativo no salió a saludar.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 2 horas y 56 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 16 minutos. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 325 euros (localidades centrales de primer piso), costando las butacas de platea entre 173 y 213 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 41 euros.

José M. Irurzun

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