El luto acompaña el final del Sigfried en el Liceu

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El luto acompaña el final del Sigfried en el Liceu
Escena de Siegfried en el Liceu

Al acabar de escribir la crítica que sigue nos ha llegado el comunicado de prensa del Gran Teatro del Liceu en que se nos comunica la triste noticia de que entre los pasajeros del vuelo de Germanwings estrellado en los Alpes franceses se encontraban dos de los cantantes que han participado en la producción de Sigfried, el barítono Oleg Bryjak que cantaba el papel de Alberich y la contralto Maria Radner que cantaba el rol de Erda, ambos en el segundo reparto. Junto a los cantantes han fallecido el marido y el bebé de la contralto, junto con otros 143 pasajeros. Una muy triste noticia para el mundo del canto y de toda la sociedad. Nuestro más sentido pésame a familiares.

Un irregular resultado ha sido la tónica de esta tercera entrega de la nueva tetralogía wagneriana que presenta el Liceu procedente de una nada novedosa producción de la ópera de Colonia. 

Tras los éxitos relativos de las dos primeras jornadas de la segunda tetralogía wagneriana que se ha ofrecido en escena en el nuevo Liceo, nos ha llegado en este mes de marzo la tercera entrega con un Sigfried bastante más pobre en ideas que sus jornadas predecesoras.

Y tal vez porque teatralmente es la más difícil de mantener y entender desde la idea propuesta inicialmente por Carsen, la destrucción de la naturaleza, se ha volcado en una presentación más realista y a veces un tanto tradicional con pequeños guiños de humor como hacer del dragón una gran pala excavadora o que el pobre Mime muera encima del merengue de la tarta con la que pretende comprar la valentía del protagonista. Sin embargo tampoco convenció en su discurso dramatúrgico que cae en tópicos o en contradicciones como presentar de nuevo un Walhalla decadente antes de tiempo como disculpa de unidad espacial de la propuesta del encuentro de las tres fuerzas de la ópera: Sigfried-Wotan-Erda.

Musicalmente la batuta de Pons supo mantener el pulso y acompañó bien a los solistas, si bien a veces con excesivo volumen pero creando verdaderos momentos de tensión en los inicios de acto y al final de la larga sesión wagneriana.

La orquesta estuvo entregada en una obra agotadora sin desfallecer en ningún momento y con unos resultados positivos, si bien algunos fallos de afinación y alguna entrada no acabaron de redondear unas buenas representaciones.

Para esta obra el Liceu presentó dos repartos enteros exceptuando algún pequeño papel como el del pájaro del bosque que corrió a cargo en todas las funciones de una muy solvente Cristina Toledo. 

En las primeras funciones hubo un gran problema con el Sigfried del primer reparto, Lance Ryan, que problemas de salud le impidieron cantar en el general y las primeras funciones, lo cual llevó a que el tenor Stefan Vinke pasase al primer cast como aparece en la ficha artística después del esfuerzo de cantar las tres primeras funciones seguidas lo que es una doble proeza para un cantante en este rol.

El luto acompaña el final del Sigfried en el Liceu
Escena de Siegfied en el Liceu

Ambos tenores resistieron bien los embites de uno de los papeles más duros de la literatura wagneriana si bien ninguno de los dos se pueden considerar heldertenores en la extensión más clásica de la concepción musical. La diferencia más clara entre ambos fue un color más oscuro y tímbricamente más rico en el segundo. Sin embargo la aportación vocal de Vinke con un timbre más blanco hizo más creible su papel de joven héroe que no conoce el miedo. Igualmente fue muy interesante los dos Wotan/Wanderer presentados por el Liceu. En el primer cast cantó uno de los estables wagnerianos de la casa, el bajo barítono alemán, Albert Dohmen, que aunque su voz ya no tiene el brillo y el volumen de temporadas pasadas, si que conserva una completa y correcta visión del personaje, con un aplomo en su gran intervención de la segunda escena del acto primero en su prístico dúo con Mime, en su otro dúo con Alberic del acto segundo. En cambio la voz de barítono más agudo de Greer Grimsley destacó más en la invocación y dúo del tercer acto con Erda.

El papel de la madre primigenia, Erda, fue sin duda alguna uno de los más aplaudidos por el público para otra de las cantantes que más visitan el coliseo de las Ramblas, la contralto polaca Ewa Podles. Nadie puede cuestionar el magnífico instrumento de esta gran cantante si bien, su paleta excesiva de colores en los diferentes registros provoca a veces un cansancio auditivo que no ayuda al personaje místico wagneriano. Su homónima del segundo reparto, Maria Radner, que debutaba en el Liceu y tristemende fallecida, fue un poco decepcionante ya que apenas se la escuchaba y no es porque Pons la tapara sino que su instrumento no era el adecuado para este rol.

Las dos intérpretes de Brünnhilde fueron a cada cual mejor en prestaciones vocales y entrega en su corto pero intenso papel. Iréne Theorin no defraudó en su esperada re-aparición con este mismo papel en la jornada anterior. La soprano sueca supo acariciar la parte más humana y lírica de la Brünnhilde que se despierta cual bella durmiente pero dramáticamente humana. Todos estos matices los supo encarar de una manera perfecta en su interpretación. Catherine Foster que debutaba en el Liceu fue una Brünnhilde más infantil en su interpretación escénica pero sin que le restara un ápice de calidad canora con un instrumento menos peante que la sueca pero con una línea menos expresiva.

Los diversos comprimarios, por llamarlos de alguna manera, ya que sus papeles son largos y exigentes, cumplieron en general, redondeando una velada que acortó la duración en sensación aunque no en el minutero donde pasaron las cinco horas de inspiración wagneriana con aplausos del público tanto para orquesta como para los solistas.

Esperemos que la última jornada que se celebrará en la temporada que viene y cuyo reparto ya se puede consultar culmine una tetralogía irregular y de opiniones dispares en lo escénico y en lo musical.

Robert Benito