Sergio Alapont apóstol musical de Centroeuropa

83
Sergio Alapont
Sergio Alapont

El director benicense ofreció un concierto en el Auditorio de Castelló con la Janacek Philarmonic

El maestro fue profeta en su tierra, en el concierto del Auditorio de Castelló, al frente de la Janacek Philarmonic, en un programa consecuente y bien elegido, con obras de Dvorak y Brahms. Hacía varios años que el director benicense no aparecía por estos pagos y, la verdad, es que se le echaba de menos y una vez más su comparecencia fue testimonio del buen nivel que tiene con la batuta.

Las Danzas eslavas de Dvorak de la op. 46, sonaron radiantes, sensitivas y sin perder acento patrio, tuvieron personalidad ambiental a raudales. La primera valseada con un ritmo ternario,  llevado a uno con soltura y con el espíritu de la tonalidad radiante de DoM. La segunda la característica Dumka, jovial y expansiva. El minueto, con vocación sinfónica casi más que de danza tuvo un espíritu de solemnidad no exento de graciosa sensación. Intenso el allegro de la Skocna, y bien medida, con inspirada efusión la polka. ¡Con qué esmero y refinamiento planteó el allegretto de la sousedka!, paladeando las frases sin perder ritmo y lo que es más importante, cadencia. El allegro assai con sus dos temas fue una referencia de contraste: sensorial el más pausado y animado sin falsas alharacas y el segundo, vivaz y vehemente, con un contratiempo de las maderas y los bronces graves. En el popularísimo furiant  que cierra la serie, combinó muy bien los cambios de pulso desde la algarabía inicial, expansiva y vivaz, al tema melódico apacible que entona el oboe y que supone una sensitiva y apacible pintura ambiental que declina en un ternario tan sensorial como regalado.

No hay que olvidar que si bien la inspiración de estas dos obras del op  46 y 72 de Dvorak están basadas en las Danzas húngaras de Brahms, a diferencia de lo que hizo el compositor de Hamburgo el de Nelahozeves no utilizó temas populares, sino ritmos siendo las melodías completamente originales, aunque destilan ambientalistas sonoridades de paisanaje. Ello aporta una personalidad muy propia que el director debe calibrar, dónde se trasluce muy bien el espíritu del compositor, tan dado a rememorar ambientes musicales de su tierra.

Alapont fue precisamente a laborar el sincronismo de las páginas sin los arrebatos de tiempo tan de cara a la galería. Antes bien, paladeando las frases y resolviendo con inspirada modulación los atractivos temas de todas y cada una de las partituras. La orquesta de calidad en todas sus cuerdas, manifestó no solo, es axiomático, el espíritu nacional de las piezas sino una dicción preciosista y calibrada en cada acento.

La segunda parte se dedicó a la excepcional cuarta sinfonía de Brahms que Alapont planteó desde un criterio muy propio, ya patentizado cuando tiró la batuta para marcar el motivo de apertura ágil de esencia y fresco de sensación, para unirse con el trascendente segundo motivo presente ya en el compás 19 que modulará a Sim en un quinto grado tan sugestivo como intencional. Predominaba el concepto y la compaginación sonora en la versión. Solemne la entrada de las trompas del segundo tiempo sobre los picos de las maderas y con posterioridad el pizzicatto de los arcos, casi procesional. No pudo tener más embriagadora trascendencia el inicio de este segundo tiempo que tanto subyuga a quien esto escribe y que enlaza con ese ensoñado y primaveral tema de los arcos de raíz bachiana que se funde con habilidad de embriagador cóctel con uncial tema anterior.

Si algunos comentaristas consideran un scherzo el tercer tiempo, Alapont pareció quitarles la razón continuando con el espíritu de Bach del anterior movimiento, en una suerte de significativo contratiempo, asumida y pasional vivencia interior. No es extraño siendo el cuarto tiempo (como lo fue) una singular passacaglia que desde el motivo de apertura de las maderas, tras terminantes acordes del tutti, motiva un conjunto de variaciones en las que hasta se percibió con claridad extrema el tema de apertura del primer tiempo. Pulcra lectura de efusiva intención, fundada en un claro, elocuente y preciso gesto.

El público aplaudió con efusividad y el maestro, emocionado, hizo uso de la palabra en su lengua nativa y regaló la primera danza húngara en Solm de Brahms. Era obvio.

Antonio Gascó