Thielemann comienza con un brillante Oro del Rhin en Dresde

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Thielemann comienza con un brillante Oro del Rhin en Dresde
Thielemann comienza con un brillante Oro del Rhin en Dresde

Como decía hace unos días, el gran atractivo de este viaje no es otro que el de asistir a las representaciones del Anillo del Nibelungo en Dresde bajo la dirección de Christian Thielemann. Desde hace dos años comenzó ofrecer los distintos títulos de la Tetralogía a razón de dos por año. Tuve ocasión de asistir a todos ellos, salvo a Siegfried, que tuve que cancelar por motivos que no vienen al caso. Ahora en Dresde se han programado dos ciclos completos, siendo éste el segundo de ellos. El primero tuvo lugar hace unas semanas. Curiosamente, este Anillo viene a coincidir, aunque no totalmente, con el que está ofreciendo Kirill Petrenko en Munich y las comparaciones son inevitables.

Que la presencia de Christian Thielemann en la Tetralogia wagneriana es un acontecimiento en sí mismo es una obviedad, no en balde estamos hablando de uno de los mejores directores de la actualidad, que en mi opinión no admite comparación en este campo sino con Kirill Petrenko. Así pues, nada tiene de extraño que las entradas para este ciclo las tuviera que haber conseguido hace ya más de un año.

Christian Thielemann no ha decepcionado en absoluto con su dirección de esta primera entrega o prólogo de la Tetralogía, sino que ha ofrecido una versión brillante como pocas, con algunos momentos verdaderamente mágicos. Entre ellos yo destacaría dos: la bajada de Wotan y Loge al Nibelheim y la entrada de los dioses en el Walhala. Toda su dirección ha sido una ocasión de disfrute para el aficionado, contando, como es habitual, con una impresionante Staatskapelle Dresden, que no faltaría en ninguna selección de las mejores orquestas del mundo. En los últimos días se han conocido unas declaraciones de Thielemann protestando por haberle recortado ensayos y avisando de que posiblemente no vuelva a dirigir una nueva Tetralogía en Dresde. Esperemos que las cosas vuelvan a su cauce y no se cumplan estas amenazas.

El reparto vocal que ofrece Dresde queda por debajo del que hace unos días hemos visto y escuchado en Munich, con algunos fallos de importancia, que uno no espera de un teatro como el Semperoper y en una ocasión tan especial.

En El Oro del Rhin que dirigiera aquí Thielemann en Octubre de 2016 Wotan fue interpretado por un poco brillante Markus Marquardt, mientras que ahora lo ha sido por el bajo ucraniano Vitalij Kowaljow, cuya actuación ha quedado claramente por encima de la de su colega citado anteriormente. No es un Wotan excepcional, pero sí un sólido intérprete vocal y escénicamente. Incluso me ha resultado más convincente en términos vocales que Wolfgang Koch en Munich hace unos días.

La gran decepción del reparto ha sido la presencia de Albert Dohmen en la parte importantísima de Alberich. Este bajo-barítono alemán hace ya tiempo que está en una clara cuesta abajo y hoy no ha podido ofrecer sino lo que tiene, que resulta muy escaso para un personaje como Alberich. La voz se ha reducido considerablemente en los últimos años y sus apreturas por arriba son de sobra conocidas. No diré que su actuación ha sido decepcionante, porque no se podía esperar otra cosa. Simplemente, es un sorprendente error de reparto. Su comparación con John Lundgren hace unos días en Munich o con Tomasz Konieczny en 2016 en Dresde no tiene ningún sentido.

Kurt Streit volvió a ser Loge y volvió a resultar muy adecuado tanto en términos vocales como escénicos, dando perfectamente la imagen de este sibilino semidiós. El otrora estupendo tenor mozartiano se ha convertido en un notable tenor para este tipo de personajes. Siguiendo con las comparaciones, me resultó más brillante que Norbert Ernst en Munich.

Correcta, como siempre, la mezzo-soprano Christa Mayer en la parte de Fricka. Esta cantante, muy habitual en Dresde, es una auténtica garantía vocal y escénica en los personajes que interpreta.

Los Gigantes fueron correctamente cubiertos por Georg Zeppenfeld (Fasolt) y Karl- Heinz Lehner (Fafner). El primero es una auténtica institución en Dresde, aunque no fuera demasiado brillante en esta ocasión. El segundo cumplió con su cometido.

Thielemann comienza con un brillante Oro del Rhin en Dresde
Thielemann comienza con un brillante Oro del Rhin en Dresde

Buena la actuación de Janina Baechle como Erda, cantando con gusto y buenas dosis de misterio.

Regina Hangler fue una correcta Freia, mientras que Gerhard Siegel fue un Mime intachable. Derek Welton fue un sonoro Donner, cantando con gusto siempre. Algo reducido de volumen el tenor Tansel Akzeybek en la parte de Froh.

Lo hicieron bien las Hijas del Rhin que fueron nuevamente interpretadas por Christiane Kohl (Woglinde), Sabrina Kögel (Wellgunde) y Simone Schröder (Flosshilde).

Dresde nos ha vuelto a ofrecer la producción de Willy Decker, cuyo estreno tuvo lugar en el año 2001, siendo una coproducción con el Teatro Real, donde se pudo ver al año siguiente. La producción nos muestra en el escenario un patio de butacas, por donde andan los artistas (por cierto con algunas dificultades), convirtiendo el fondo en un escenario, que es donde se desarrolla la trama. Es decir, estamos una vez más ante la puesta en escena del teatro dentro del teatro, lo que no es muy original. Digo lo de original, porque es evidente que el regista lo ha querido ser, ofreciéndonos a los protagonistas como actores, unos más fáciles de identificar que otros. Las Hijas del Rhin eran calvas, además de poco atractivas y no vimos ni dragón ni sapo en la escena de las transformaciones de Alberich. El apilamiento del oro como pago a los gigantes resulta casi patético, teniendo que recurrir a que Freia se agache para que el oro la cubra. La citada escenografía se debe a Wolfgang Gussmann, mientras que el vestuario es un tanto atemporal y obra del propio Wolfgang Gussmann y Frauke Schernau. Al final uno se da cuenta – como tantas otras veces – que en las producciones escénicas no hay que distinguir entre tradicionales y modernas, sino entre buenas y malas, y ésta no pertenece a las primeras.

La Semperoper había agotado sus localidades desde hacía mucho tiempo. El público dedicó una entusiasta recepción a los artistas, particularmente a Christian Thielemann y la Staatskapelle Dresden. Hubo una muy buena acogida a los cantantes.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 24 minutos, muy parecida a la de 2016, y 11 minutos más lenta que la de Kirill Petrenko en Munich. Once minutos de ovaciones

El precio de la localidad más cara era de 140 euros, habiendo butacas de platea desde 87 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 34 euros.

José M. Irurzun