Excelentes voces para El Gato Montés de La Zarzuela

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El Gato Montés de La Zarzuela
El Gato Montés de La Zarzuela

Considero que ha sido un acierto volver a programar una obra tan interesante, tan densa y bien estructurada musicalmente como es El Gato Montés, del polifacético y peculiar compositor valenciano Manuel Penella. La programación que tiene preparada el Teatro de la Zarzuela para la presente temporada combina, de forma admirable, lo novedoso con lo tradicional, consiguiendo un equilibrio muy interesante que abarca desde el futuro estreno de una obra de Tomás Marco, el reencuentro con una obra, hoy olvidada, de Francisco Alonso, y otros títulos tan sugestivos y atrayentes como Maruxa, La Tempestad y La Tabernera del Puerto.

A todo esto se une la garantía de que voces, orquesta y puesta en escena van a estar acordes con la importancia de lo programado y así no puede extrañarnos que cada representación en el teatro de la calle Jovellanos tenga el éxito asegurado. Esta temporada que casi acabamos de iniciar tuvo un comienzo muy especial con una versión muy acertada de El cantor de México y ha continuado con la reposición de una obra tan importante como poco conocida del maestro Penella, El Gato Montés cuya referencia más socorrida es el popularísimo pasodoble que ha jalonado tantas faenas taurinas en los distintos cosos. Sin embargo es algo mucho más importante, porque estamos ante una apuesta musical de gran altura, donde voces y orquesta adquieren un notorio protagonismo y donde el talento del compositor asigna a la orquesta una tarea mucho más importante que la de mero envolvente de las voces. La maestría con la que los grandes veristas tratan a la orquesta puede que haya influído decisivamente en el planteamiento que, al respecto, se hace el maestro Penella, consiguiendo que, desde el foso, se cree un ambiente que hace más entendible el juego de pasiones y sentimientos que transmite el libreto.
Y es que la Orquesta de la Comunidad de Madrid sonó mejor que nunca. Bien de afinación, sonido robusto, ajustado, pletórica en muchos momentos, perfectamente conjuntada y fiel a los dictados del director. Y aquí tenemos que destacar, y mucho, la excelente labor que llevó a cabo Ramón Tébar durante toda la representación. Tuvo magia su labor, supo acompañar a los cantantes cuando era preciso, supo dotar de vida propia al conjunto orquestal a sus órdenes, consiguiendo unos resultados que no vacilo en considerar espléndidos. Supo obtener un excelente sonido y matizó al máximo consiguiendo momentos llenos de sentimiento, exquisito en los fragmentos líricos, seguro sin estridencias en otros momentos en los que se requería una mayor fuerza, y alcanzó ese difícil equilibrio de planos sonoros. En definitiva Ramón Tébar brilló con luz propia toda la noche y consiguió los mejores resultados del conjunto orquestal.

Y como toda la representación fué bastante redonda tenemos que pasar al capítulo de cantantes que, en esta ocasión, resultó en verdad espléndido. Tanto las principales figuras como los secundarios brillaron a gran nivel. Era la función inaugural y constituyó un verdadero acontecimiento artístico. El tenor Andeka Gorrotxategi, en el papel de Rafael el Macareno, estuvo a un altísimo nivel. Hermosísima voz, dulce, bien timbrada, con gran autoridad en los agudos que resultaron convincentes, seguros y, sobre todo, musicales. Voz media cálida, llena de belleza. Todo ello contribuyó a que su aportación fuera importante, muy importante. Cantó con buen gusto y supo llenar el escenario sin caer en la tentación de dar un aire pinturero a su personaje. Su sobriedad interpretativa ayudó a dar credibilidad a su Rafael. En todas sus intervenciones supo ofrecer un lirismo no exento de apasionamiento, siendo una de las voces de tenor más importantes que hemos podido escuchar en las últimas representaciones.

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Al mismo alto nivel interpretativo estuvo la encantadora soprano Nicola Beller Carbone que dió vida a la gitana Soleá consiguiendo un meritorio equilibrio entre el tòpico del texto y el dramatismo que, a pesar de ello, requiere el personaje. Pudo haberse decantado por incidir en lo melodramático, pero su calidad interpretativa la llevó a dar una imagen dramática, sin distorsiones, con una sobriedad que evitaba la sobreactuación y que la hubiera conducido a incidir aún más en el tópico. Voz cálidad, voz llena, de un timbre hermoso, con seguridad en los registros centrales y sin el menor problema en los agudos. Ya tuvimos ocasión de admirarla en la pasada temporada, en una excelente Casilda, de La Villana. Y la gratísima impresión que nos produjo se incrementa más con su acertada Soleá de El Gato Montés. Es el suyo un papel difícil que se debate entre dos amores, que no queda demasiado claro, pero que requiere de una buena dosis de capacidad interpretativa, cosa que Nicola Beller Carbone ofreció sobradamente.

Y escribía al principio que fue una noche de excelentes voces, como muy bien demostró el barítono Juan Jesús Rodríguez que fue un Juanillo “Gato Montés”, de lo más convincente. Tiene una hermosa voz baritonal, llena, profunda, con un timbre pleno de musicalidad. Su persona quizá sea el más tópico de todos, pero Rodríguez logró infundirle una gran humanidad, evitando caer en los excesos, a los que tan propicio es el libreto. Cantó con espléndida voz, con buena técnica, ofreciendo una robusta voz que sabe transmitir todos los matices que el atribulado bandolero presenta. Cantó bien, cantó con gusto, cantó con autoridad y brilló a gran altura.

Los personajes secundarios tuvieron también un altísimo nivel. Destaco a Gerardo Bullón que dió vida muy acertadamente a Hormigón. Asimismo estuvieron estupendos Miguel Sola como el Padre Antón, Milagros Martín hizo una creación muy interesante del personaje de la Gitana, teniendo también un buen nivel Itxaro Mentxaka en el papel de Frasquita. El coro, dirigido por Fauró muy bien como es habitual, lo mismo que el coro de voces blancas Sinan Kay, dirigido por Lara Diloy. No podemos ni queremos olvidar la coreografía, muy ajustada y bien llevada a cabo, que se debió a esa gran artista que es Cristina Hoyos.

La producción es la que se llevó a cabo en este mismo teatro en el año 2012. Ahora, al cumplirse el centenario del estreno, se ha repuesto y la dirección escénica a cargo de José Carlos Plaza, un solvente profesional que, a mi juicio, ha salvado tópicos, o lo ha intentado, con cierto aire tenebroso, como queriendo ahondar en el dramatismo de las situaciones. Me hubiera gustado un poco más de luz, de intensidad, aun abundando en los citados tópicos, de la intensidad cromática de Sevilla. El pasosoble, tan famoso, es a retazos como un leit motiv de toda la trama. Una trama debida al propio Penella que se deja arrastrar por todos los convencionalismos y lugares comunes, por la acción más tópica, con gitanas, toreros, bandoleros, etc. Pero la música que Penella ideó, es tan inspirada, está tan bien hecha que uno acaba por dar por buenos todos los defectos argumentales, porque la partitura es además de buena, deliciosa.

José Antonio Lacárcel